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Y Tom Brusse no lo pudo evitar

Y Tom Brusse no lo pudo evitar
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«Sabed que la fidelidad es de todas las virtudes la menos constante. Lo cierto es que no puedo evitarlo», decía el vizconde de Valmont (inolvidable John Malkovich) en aquella obra maestra titulada «Las amigos peligrosas».

Como el vizconde de Valmont, Tom Brusse «no pudo evitarlo». Lo venía anunciando: «Sandra me pone caliente», había dicho el marroquí. Ella asimismo lo presentía, poco palpitaba en su interior: «Yo creo que esa tensión sexual se va resolver, cuándo y dónde no lo sé», anunció la adolescente (19 primaveras) tras una romántica cita en la playa. Y, aparición la sombra, pensaron aquello de «no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy». Y se pusieron a ello. Se dejaron aceptar, que es lo que más repiten uno y otro. Al día ulterior, el aún novio de Melyssa activó la moviola: «Pasó lo que pasó. No me he contrito».

Mientras tanto, Melyssa se despertaba en Villa Playa planificando su boda. Con Tom, propietario de un hotel en Marruecos, no con uno de esos solteros que la rodean. Eso sí, matizaba que no la quería «en plan árabe». Se hacía castillos en el éter, ignorante de que el castillo se había derrumbado en Villa Montaña. El chasco que se va a aceptar va a ser del 10 en la escalera Christofer.

Luceros que no ven, corazón que no siente

El botellín capítulo acabó como empezó: con Melyssa en la inopia, donde vive estupendamente y, por su propia vigor mental, desearíamos que siguiese viviendo de aquí a la inmortalidad. Contábamos con que se derrumbase en la segunda hoguera viendo los progresos de Tom yuxtapuesto a Sandra, pero resulta que el castigo por acontecer asaltado Villa Montaña acabó siendo poco más duro de lo anunciado: «No hay imágenes para ti. Saltarse las normas de ‘La isla de las tentaciones’ tiene graves consecuencias», sentenció Sandra Barneda. El refrán «fanales que no ven, corazón que no siente» tendría que haberse subtitulado tras el rostro de Melyssa en ese mismo momento.

«Posteriormente de lo que pasó, me he legado cuenta de que no quiero una vida así», dijo Tom ya de entrada. «Tengo que pensar en mí», añadió, como si no lo hubiese hecho hasta el momento, como si estuviese pensando en Melyssa mientras que besaba a Sandra, su ya enamorado. Estas sesudas reflexiones las realizó en la segunda hoguera de chicos, plato esforzado del episodio cinco. «No tenía en mente hacer nadie con nadie. Pero luego de lo que pasó», se justificó. Posteriormente confesó que le hubiese gustado ver a su novia retozando con algún soltero, por aquello de aliviar el cargo de conciencia. Pero ella no le dio esa coartada.

Tunda que ha de arder

Otro refrán es ese sostiene que «no hay peor ciego que el que no quiere ver». Este se lo podemos aplicar a Lester. «El chaval es atento con ella», analizó, sin inmutarse, a ver a Dani a dos milímetros escasos de la boca de Marta. Atento, dice. Posteriormente –seguimos recurriendo al rico refranero castellano– puso la venda ayer de la herida: «Pienso en mí, no en lo que está haciendo ella». No es un «spoiler», sino una intuición, pero viendo ese acercamiento se veía que la herida iba a sisar. Y a borbotones. A Lester, que no anhelo para disgustos, le han metido en la isla a Alessandro, con el que se lleva mal. Al parecer, el asunto viene de cuando Marta estuvo en «Gran Hermano». Mientras la muchacha estaba encerrada, él vivía la vida loca en los reservados discotequeros de Madrid, donde saltaron chispas por asuntos femeninos. Cuando ella salió del confinamiento televisivo, tonteó con Alessandro, pero eso Lester no lo sabe. Por ahora. Tunda que ha de arder, que cantaba El Posterior de la Fila.

Melodie y el cero a la izquierda

El ulterior en dejarse las dioptrías oteando la «tableta» que le ponen a solteros y solteras fue Cristian. Hace algunas lunas, ella dio por zanjada la relación tras nueve primaveras de altibajos. Posteriormente reculó un poco, aunque ayer su todavía novio –en la isla todos son «todavía novios»– tuvo que escuchar a Melodie opinar que se está replanteando la relación, casarse y tener retoños, que es lo que habían planificado. Pero planificar y participar en «La isla de las tentaciones» son términos antónimos, como aceptablemente sabe Melyssa. Cristian aguanto paciente la luz verde que parece acontecer puesto a Beltrán: «Contigo puedo abrirme», le dijo. Está tranquilo porque no ve rival: «Para mí el chaval es un cero a la izquierda», sentenció. La autoestima la tiene reincorporación. El índice de cursilería, asimismo: «Yo la amo y quiero irme con ella». Eso ya se verá, que aún queda mucha brasa por arder.

Pablo, pasmado con las andanzas de Mayka con Óscar
Pablo, pasmado con las andanzas de Mayka con Óscar – Telecinco

Pablo: «Mama mía»

El final de la hoguera fue abrasador para Pablo. Vio los besos piscineros entre Mayka, su aún novia, y Óscar. «Mama mía», fue su reacción. «No me sale ni el acento ya». En impresión, Pablo se bloqueó y Sandra Barneda no supo dar con el número PIN. Hubo que acogerse al número PUK, que fueron las solteras de Villa Montaña. «¿Qué ha pasado?», preguntaron las chicas. «Que se han liado», espetó Pablo, que se dio así por corneado. Y por unos minutos la casa fue un velorio, con el muchacho recibiendo el consuelo de ellas y ellos. Amigos y amigas: los días de Rosito parecen estar contados. «Necesito cuchichear con ella y que me cuente que se le ha pasado por la capital», siguió reflexionando.

Óscar le hace un corazoncito a Mayka
Óscar le hace un corazoncito a Mayka – Telecinco

Lo que se le estaba pasando por la capital a Mayka nos lo hizo aprender el montador del software inmediatamente luego. Esto es: «Estoy esperando a dar el paso de amodorrarse con Óscar. Me da conveniente miedo. Necesito que Óscar me demuestre que no está fingiendo».

A la mañana ulterior, animados por todos y todas se besaron a plena luz del día en la piscina. «He cambiado de amigos y hasta de trabajo. No me lo merezco para nadie», lamentó Pablo, al que solo le faltó reprochar a su novia ha cambiado de melenudo a pelado. El de este muchacho es ­–nos tememos– el característico caso del novio que cambia tanto que acaba por no ser él mismo. Se fue a amodorrarse hundido, y sin Rosito, al que hizo volatilizarse por los aires en dirección a un córner de la habitación. Mediaset no hizo conocido el parte médico, pero todo indica que aún no ha sido descuartizado.

Cosas muy bonitas

Mientras tanto, en Villa Playa, Marta siguió deshojando la margarita (que si Kevin, que si Dani). Para la nueva cita eligió al segundo, que se sintió como si le hubiesen puesto los cuernos; a estas directiva, su novio («¿qué novio?», dirá ella) parece ya un pasado rememoración. Melodie volvió a nominar para su cita a Beltrán, y pronunció las palabras fatídicas, esas que todo novio no quiere escuchar porque son el preludio de la embestida, de una cogida en el corazón: «Me está ayudando mucho».

Mayka seleccionó a Óscar: «Estoy empezando a apreciar cosas con él muy bonitas», y todos pensamos por qué lo llaman aprecio cuando quieren opinar sexo. Melyssa, natural del planeta inopia, eligió a un «pagafantas» profesional, David.

La nueva incauta, Patry, echó unas lágrimas en rememoración de su Aless tras un día de separación: «Lo echo mucho de menos». Se vio tan forzado el lloro que sus compañeras ni siquiera la consolaron. Al menos su aparición ha servido para que el cubano de «La isla de las tentaciones» –muy buscado en Google durante el episodio 1– vuelva a tener un papel con frase. La nueva lo eligió por aledaños, pues asimismo es de la nación de Fidel. De esta muchacha hemos de opinar que Mediaset rompe con ella el prototipo sílfide, lo que aplaudimos en aras de la variedad.

Andrea, sentada sobre Christian
Andrea, sentada sobre Christian – Telecinco

En Villa Montaña, los chicos asimismo juegan ya con las cartas boca hacia lo alto. Cristian eligió, claro, a Andrea: «Estuve cómodo con ella», recordó (la que estará incómoda es Melodie, cuando vea esta reiteración). Tom repitió con Sandra. Lester tomó la mano de Patri.

El corneado Pablo se decantó por Lía, una muchacha que hasta entonces estaba adoptando en la isla la táctica clásica de los ganadores de «Gran Hermano» –y hace poco de «Master Chef»–: o sea, sobrevenir desapercibido/a. Pero Aless, el nuevo, alzó la voz para opinar que ella era asimismo su referéndum: decidió la muchacha. Si una chica tiene que escoger entre un castellano y un italiano, la experiencia dicta que va a optar por el italiano, y más si es de «Milano», y así fue. «Huele aceptablemente», dijo tras fisgar al muchacho. El escueto Pablo, despreciado a pares, eligió como «segundo plato» –son sus palabras, no las nuestras– a Dory.

Pablo podrá cuchichear de cosas de cornudos con Lester, que se ha sumado a este siempre indeseado equipo. Y es que Marta se ha sumado a Mayka en el club de las infieles. Tras tontear con Kevin y por Dani, se decantó por este postrero, morenazo cachas. Se besaron en la piscina, de sombra, acullá de miradas indiscretas. «Yo estoy siendo yo. Lo hago porque soy así», se quiso acreditar. «Nos queremos mucho, pero nos queremos mal», había dicho al entrar a la isla sobre su relación con Lester. Y no llevaban más que unas horas cuando le montó un numerito de celos por una chorrada. Parece que esto ya es aquello y sucedió hace décadas, pero fue hace solo cuatro programas. «A mí ya me expulsaron del Edén. Estoy expulsadísima», anunció.

La cubana Patry, con Sandra Barneda
La cubana Patry, con Sandra Barneda – Telecinco

La isla es para algunas paraíso y, para otras, báratro. Patry, la cubana, ya conoce las arenas movedizas de «La isla de las tentaciones». Alessandro hizo un poco lo que se dilación que haga un italiano en una piscina entre mujeres de bandera, y su pareja estalló. Pero no por los coqueteos, sino porque pronunció la palabra prohibida. Es, no se lo pierdan, «complicidad». Le sentó como un ganzúa de Tyson y pidió una hoguera de confrontación, que Sandra Barneda le negó porque acaba de entrar a la isla y no es plan. A su banda, Marta, la evolucionada Marta, exhibía una sonrisa. Y le dio un consejo: «Hay que tener un poco más de correa». Le falto añadir, «nena». Cómo ha cambiado la aún novia de Lester. Cómo cambia la parentela en «La isla de las tentaciones».

Marta ahora es Eva: ya ha mordido la manzana.

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