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Virus del Nilo Occidental: ¿desaparecerá con el fin del verano?

Virus del Nilo Occidental: ¿desaparecerá con el fin del verano?
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La enfermedad conocida como fiebre del Nilo Occidental está producida por un flavivirus (WNV) que se aisló por vez primera en 1937 en Uganda, en el distrito de West Nile, de donde proceden su nombre y su siglas internacional (WN). Durante muchos primaveras estuvo confinada a África, con tímidas incursiones al este del Mediterráneo (Israel y Egipto), India y Australia.

Habiendo sido un problema del Antiguo Mundo, saltó a Estados Unidos, donde tuvo una dispersión espectacular. De los primeros casos en 1999, que se dieron en los alrededores del zoo de Nueva York, en 2001 ya cubría toda la Costa del Atlántico, en 2002 toda la parte central del país y ¡en 2003 la Costa del Pacífico.

Lo ocurrido en Estados Unidos nos muestra dos cosas: lo rápido que puede desplazarse la enfermedad, y que no es liviana deshacerse de ella. Frente a estas dos reflexiones cerca de preguntarse: ¿habrá más episodios de fiebre del Nilo Occidental en España? La respuesta es que probablemente sí. Entenderemos mejor la situación si contemplamos la epidemiología de esta enfermedad como si fuera un iceberg.

Personas y caballos: la punta del iceberg
En el brote de este verano 2020 en Andalucía, las consecuencias de esta enfermedad vírica las están sufriendo las personas y los caballos.

Tan solo un 20% de las personas infectadas con el WNV presentan síntomas de enfermedad, que suelen ser de tipo leve (fiebre, dolores de persona y corporales, repugnancia, y, ocasionalmente erupción cutánea); aproximadamente 1 de cada 150 infectados desarrolla encefalitis o meningitis, con rigidez de cerviz, desorientación, convulsiones, pasión muscular y parálisis.

El cuadro reservado es más frecuente en los mayores de 50 primaveras y en las personas inmunocomprometidas (por ejemplo, las que han recibido un trasplante). De hecho, en el brote de este verano en Andalucía, los fallecidos eran pacientes de permanencia avanzadilla. En el caso de los caballos todavía la mayoría permanecen asintomáticos, y los que enferman muestran principalmente signos relacionados con la afectación nerviosa: anormalidades en el paso, ataxia, alteraciones del comportamiento, etc. La mortalidad en ellos puede alcanzar hasta un tercio de los animales enfermos.

Esperanza Gómez-Lucía.UCMMosquitos y aves: lo que no vemos
Pero en el ciclo epidemiológico de este virus intervienen otros actores fundamentales. Los primeros son las aves, que actúan como reservorio del virus. El WNV puede afectar a una gran variedad de aves, incluyendo córvidos, anátidas, paseriformes (los típicos pájaros), cigüeñas, gansos y rapaces.

En España, WNV parece preferir precisamente a estas últimas, y se han eventual virus a partir de águilas imperiales (Aquila adalberti) y águilas doradas (Aquila chrysaetos), tanto asintomáticas como con cuadro clínico. Los segundos actores indispensables son los mosquitos, principalmente Culex, que son los transmisores del virus.

En sinceridad, son las mosquitas, pues los machos sólo se alimentan de jugos vegetales azucarados, mientras que las hembras necesitan, encima, hacer una ingestión de linaje para la maduración de los ovocitos y la puesta de los huevos. Estos mosquitos son fundamentalmente vespertinos, alcanzando su máxima actividad cuando el sol está bajo en el horizonte para no sufrir los rigores de los rayos solares.

Aunque mosquitos hay todos los primaveras, en determinadas condiciones climatológicas (decano pluviosidad en primavera, como ha ocurrido este año) experimentan una arrebato demográfica.

Aves, personas y caballos son los principales hospedadores del Virus del Nilo Occidental

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El iceberg al completo
Las aves son esenciales en el ciclo biológico de WNV, pues en ellas el virus se replica hasta niveles muy elevados, de forma que circula por su linaje en grandes cantidades. Cuando un mosquito pica a un ave infectada, hay muchas posibilidades de que al chupar la linaje se lleve todavía virus y los inyecte al picar al próximo animal: ave, heroína o persona.

Los caballos y los humanos actuamos de hospedadores terminales o «en fondo de saco», es afirmar, el virus no se vehicula en grandes cantidades por la linaje y, por lo tanto, aunque suframos la picadura de los mosquitos, estos no ingieren una cantidad suficiente de virus como para infectar a otro animal en la próximo picadura. Cubo que los mosquitos son fundamentales en la transmisión de la enfermedad del Nilo Occidental, es muy difícil que los caballos y los humanos infectados transmitan el virus a otros congéneres.

En el caso de los caballos, en Europa hay autorizada una vacuna inactivada que reduce la viremia, así como la formalidad y la duración del proceso en los animales infectados, pero no existe una vacuna para los humanos. El único tratamiento frente a la enfermedad, tanto para las personas como para los caballos, consiste en terapia de apoyo, con la hospitalización de los casos más graves.

Así pues, frente a este difícil panorama la mejor táctica para la prevención de esta enfermedad es «matar al mensajero»: eliminar a los mosquitos transmisores de la enfermedad, o al menos, evitar exponerse a su picadura. Es fundamental evitar los lugares húmedos, especialmente en las horas de más actividad de los mosquitos.

Encima, es conveniente realizar una vigilancia activa de las aves, los reservorios del virus, para detectar posibles mortalidades entre las poblaciones silvestres que servirían como centinelas de la posible presencia del virus en una zona.

Entonces ¿cuál es la respuesta a la pregunta que nos hacíamos al inicio del artículo? Sabemos que los mosquitos desaparecen en el otoño para reaparecer en primavera. Pero se ha demostrado que WNV está presente de forma endémica en las aves ibéricas, es afirmar, en aves que no son migratorias sino residentes en la Península Ibérica. Luego, las futuras generaciones de mosquitos seguirán picando a las aves infectadas y transmitiendo el virus a otros animales.

María del Mar Blanco Gutiérrez. – UCM

Podemos tener la falsa sensación de que la enfermedad desaparece. Pero no nos engañemos, los brotes pueden repetirse anualmente si no ponemos las medidas adecuadas. Aunque las condiciones para esta enfermedad, por razones de humedad y temperatura adecuadas para los mosquitos, son óptimas en las cuencas del Guadiana y del Guadalquivir, así como en el costero murciano, el ejemplo de Estados Unidos nos muestra que la enfermedad puede ocurrir en cualquier sitio. Seamos, pues, precavidos y mantengamos los mosquitos a guión.

Una lectura de este artículo ha sido publicada por la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación (OTRI) de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y en THE CONVERSATION ESPAÑA.

Esperanza Gómez-Lucía
. Catedrática de Sanidad Animal y codirectora del Asociación de Virus Animales, Universidad Complutense de Madrid y
María del Mar Blanco Gutiérrez.
Catedrática de Sanidad Animal, Universidad Complutense de Madrid
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