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Una vacuna nasal contra COVID-19

Una vacuna nasal contra COVID-19
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Eran unas gotas que sabían a fresa… La vacuna de la polio no se inyectaba, ¡se comía! La nueva de su erradicación en África nos ha llenado de emoción, y la memoria nos ha traído de nuevo el sabor de la vacuna. Porque las vacunas igualmente se pueden recrearse. ¿Y se huelen?

Hace unos días se publicaron en Cell los primeros resultados en etapa preclínica de una vacuna contra COVID-19 (sí, ¡otra más!) con una importante novedad: se administra por vía nasal. Encima, elimina los virus de las vías respiratorias altas, evitando el contagio en ratones.

La ciencia ha sacado músculo contra la pandemia a una velocidad extraordinaria para lo que es habitual. Pero no sólo músculo, igualmente creatividad. Cualquier propuesta vale, si es segura y eficaz.

Estamos acostumbrados a usar medicamentos descongestionantes nasales de obra almacén y rápida. ¿Pero cómo es posible que este tipo de vacuna sea capaz de desencadenar una respuesta inmune en todo el organismo suficiente para defendernos de la enfermedad?

Cómo funciona una vacuna nasal

Normalmente, las células T (linfocitos) circulan por la cepa y la acuosidad. Sin incautación, cuando el organismo produce células T en respuesta a una infección, pueden convertirse en células T “de memoria”. Algunas de ellas abandonan la cepa y se localizan en los órganos que potencialmente pueden ser atacados por esa infección (por ejemplo, en los pulmones en el caso de virus respiratorios), en forma de células T “residentes”.

Estas células se suelen penetrar en las mucosas, los tejidos que recubren el tracto respiratorio y muchos de los órganos internos que están en contacto directo o indirecto con el extranjero, como la cavidad nasal, verbal y el pulmón. Allí aguardan para reaccionar contra la infección.

Esquema del desarrollo de la vacuna con administración intramuscular y nasal publicado en Cell.
Esquema del mejora de la vacuna con despacho intramuscular y nasal publicado en Cell. – Adaptado por N. Campillo y M. Jiménez.

La vacuna que están investigando en la aprobación de Medicina de la Universidad de Washington (EE UU) está basada en un adenovirus de chimpancé que expresa la proteína S del coronavirus (similar a la vacuna que se está desarrollando en Oxford). Esta proteína, recordemos, es responsable de la penetración del virus en las células de la mucosa de las vías respiratorias altas y pulmones. El virus de los chimpancés no puede replicarse en humanos.

¿Cómo es posible que este tipo de vacuna sea capaz de desencadenar una respuesta inmune en todo el organismo suficiente para defendernos de la enfermedad?

¿Qué sucedió cuando los investigadores inyectaron intramuscularmente una o dos dosis en ratones que expresan la proteína ACE2 humana (la proteína a través de la cual el virus se introduce en las células humanas)? Que los roedores produjeron anticuerpos IgG (anticuerpos típicos de la respuesta en fluidos) y células T en cepa. Al inocularles el virus, observaron solo una reducción de la infección pulmonar. Es aseverar, encontraron ARN del virus en los pulmones (contraían la enfermedad de forma más leve) y en las vías respiratorias altas (podían contagiar la enfermedad). Encima, no detectaron células T específicas en las mucosas pulmonares.

El impacto observado cambió radicalmente cuando aplicaron la vacuna de forma nasal. En ese caso detectaron anticuerpos de tipo IgG y de tipo IgA (anticuerpos típicos de la respuesta a nivel de mucosas), adicionalmente de células T “residentes” en los pulmones. Se produjo la denominada “inmunidad de mucosa”, que puede ser mucho más protectora para infecciones respiratorias.

Por si esto fuera poco, al inocularles el virus SARS-CoV-2, detectaron muy poco ARN del virus en las vías respiratorias altas y nadie en los pulmones. Eso implica que, administrándola por vía nasal, se reduciría significativamente la transmisión de la enfermedad, al evitar que los individuos propaguen el virus

Efectos de la vacuna en las mucosas por inoculación nasal
Pertenencias de la vacuna en las mucosas por inoculación nasal – Adaptado por M. Jiménez.

Agenciárselas distintos usos para los medicamentos es una organización para intentar aminorar los costes del mejora de un fármaco (de media, 1.300 millones de dólares y unos 15 primaveras).

Una de ellas es el reposicionamiento, que es el proceso de encontrar un nuevo uso terapéutico para un fármaco ya conocido. Otra es la reformulación, que consiste en el mejora de diferentes formulaciones para el mismo fármaco. Por ejemplo, la Finasterida inicialmente se prescribía para tratar los síntomas de la hiperplasia benigna de próstata y ahora igualmente se récipe a distinta dosis para la perdida de guedeja masculino. Y así se pueden encontrar muchos ejemplos en las farmacias.

Una de las tres vacunas que se están desarrollando en el CSIC, aún en etapa preclínica, igualmente contempla la inoculación nasal si resulta ser más efectiva

En el caso de la vacuna nasal, cambiar la vía de despacho puede añadir distintas características, como más efectividad y mejor tolerancia.

La despacho nasal no es totalmente novedosa. Ya existe una vacuna contra la enfriamiento que se administra por la napias, que utiliza una forma debilitada del virus de la enfriamiento. Poco parecido ocurre con las vacunas contra la polio, aunque la más utilizada actualmente es la traducción inyectable.

Una de las tres vacunas que se están desarrollando en el CSIC, aún en etapa preclínica, igualmente contempla la inoculación nasal si resulta ser más efectiva.

Lo que se ha comprobado de momento es que a los ratones esta opción les funciona. Sin incautación, hay que tener en cuenta que el funcionamiento del sistema inmune de los ratones es sobrado diferente al de monos y humanos. El próximo paso será probar la vacuna en primates no humanos, cuyo sistema inmunitario es más parecido al nuestro. Si es efectiva y segura avanzará a las fases I, II y III.

Esta vacuna es de las que van más retrasadas, pero quién sabe si no será la que nos ayude a eliminar el coronavirus más eficazmente y de forma más segura. De forma más cómoda, desde luego que sí.

Este artículo ha sido publicado con prioridad en THE CONVERSATION.ES. Los autores son María Mercedes Jiménez Sarmiento, Científica del CSIC. Bioquímica de Sistemas de la división bacteriana. Comunicadora científica, Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB – CSIC); Matilde Cañelles López, Investigadora Científica, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC), y Nuria Eugenia Campillo, Estudiado Titular. Medicinal Chemistry, Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB – CSIC).

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