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Un trasplante de heces salvó a los koalas de su extinción

Un trasplante de heces salvó a los koalas de su cese
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Pedro Collar

Los mamíferos se dividen en tres grandes grupos: monotremas, placentarios y marsupiales. En el interior de este final se encuentran los canguros, los ualabíes, las zarigüeyas y los koalas.

Los koalas son animales manifiestamente raros. Su nombre verificado es Phascolarctos cinereus, que deriva del heleno phaskolos, bolsa y arktos, oso; mientras que su nombre específico –cinereus– procede del latín y significa de color ceniza. En jerigonza nativo koala se puede traducir por «no hay agua» y esto se debe a que la ingesta del licor de la vida se reduce exclusivamente a las hojas que consumen.

Muy probablemente evolucionaron en el continente australiano hace unos cuarenta y cinco millones de abriles, durante el período en el cual Australia se desplazó lentamente con destino a el finalidad, separándose de la Antártida.

Los koalas están adaptados a la vida arborícola, comen y duermen en el mismo árbol y tan sólo en contadas ocasiones descienden al suelo.

Una dieta muy poco variada

En cuanto a su viandas, no se puede sostener que sean grandes gourmets. Se alimentan exclusivamente de las hojas de los eucaliptos, las cuales concentran numerosas moléculas ponzoñosas capaces de envenenar a cualquier otro ser vivo. A través del olfacción estos marsupiales diferencian las hojas más nutritivas de las tóxicas, evitando intoxicaciones accidentales.

A este hándicap hay que añadir que las hojas de los eucaliptos son muy poco nutritivas, por lo que los koalas se ven obligados a engullir ingentes cantidades para obtener la energía que necesitan.

Para poder asimilarlas tienen que realizar una pesada y larga digestión, por eso se pasan seis horas del día comiendo hojas y el resto del tiempo tratando de digerirlas.

Para complicar todavía más su exigua dieta, y a pesar de que hay más de seiscientas variedades diferentes de eucaliptos, tan sólo se alimentan de unas pocas especies de esos árboles.

Al borde de la cese

Hace casi una término la población de koalas alcanzó unas cotas de densidad muy elevadas y esto produjo que los Eucalyptus viminalis –la liga de maná-, que es su especie preferida, empezase a escasear.

La situación produjo una inversión biológica, al alterarse la cautiverio trófica, y el setenta por ciento de los koalas murió de inanición, ya que fueron incapaces de alimentarse de alguna de las otras especies de eucalipto por considerarlas simplemente «menos apetecibles».

Fue en esta comprometida encerrona cuando un montón de investigadores de la Universidad de Queensland tomó cartas en el asunto. Analizaron los microbios de los intestinos de los koalas y, mediante un trasplante fecal, pudieron influir para que estos animales ampliasen su dieta a otras especies de eucaliptos.

Para conseguirlo los científicos australianos mantuvieron en cautividad a un montón de koalas que sólo se alimentaba de Eucalyptus viminalis y que sufrían la hambruna. De forma paralela recogieron las heces de otro montón que se alimentaban de Eucalyptus obliqua y concentraron los microorganismos que había en sus heces. Seguidamente, las empaquetaron en cápsulas resistentes al ácido clorhídrico y se las dieron a engullir a los koalas del primer montón.

La transformación del microbioma de los marsupiales provocó cambios en su viandas, ya que empezaron a considerar gastronómicamente atractivas las hojas de otras especies de eucaliptos. Con este progresista tratamiento se pudo evitar su cese.

M.Jara
M.Jara

Pedro Collar es médico internista del Hospital de El Escorial (Madrid) y autor de varios libros de divulgación.

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