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Un megatsunami de cientos de metros de altura podría producirse en Alaska en los próximos 12 meses

Un megatsunami de cientos de metros de consideración podría producirse en Alaska en los próximos 12 meses
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José Manuel NievesJosé Manuel Nieves

El 9 de julio de 1958 la escarpada bahía de Lituya, al noreste del ensenada de Alaska, fue testimonio del anciano megatsunami registrado en tiempos históricos. Aquella mañana, un seísmo de magnitud 8,3 hizo que desde uno de los flancos de la bahía se desprendieran más de 30 millones de metros cúbicos de roca, que cayeron al agua desde una consideración de 914 metros y levantaron una ola gigantesco de 523 metros que avanzó furiosa en torno a mar campechano. En su marcha, a 200 km/h, la descomunal ola barrió, fielmente, los dos lados de la bahía, arrancando árboles y rocas hasta una consideración de más de 500 metros. Se negociación del anciano megatsunami del que se ha tenido anuncio hasta ahora.

Hubo testigos. En aquél momento, en huella, tres pequeñas embarcaciones de pesca se encontraban en la bahía de Lituya: el Badger, en el que viajaba el casorio formado por Bill y Vivian Swanson; la Edrie, en la que se encontraba Howard Ulrich con su hijo de 8 primaveras, Sonny; y el Sunmore, con el casorio formado por Orville y Micker Wagner a borde.

Al ver la montaña de agua avanzando en torno a ellos a toda velocidad todos se quedaron petrificados, y sus reacciones fueron diferentes. Y sus destinos asimismo. El Badger fue sobresaliente por la ola y llevado a toda velocidad hasta mar campechano, donde finalmente se hundió. Los Swanson, sin secuestro, vivieron para contar su experiencia. Los ocupantes del Edrie asimismo lograron sobrevivir gracias a la maniobra desesperada de Howard Ulrich tratando de guardar a su hijo pequeño: se dirigió directo en torno a la ola y la cabalgó. La Sunmore, sin secuestro, trató de huir de la muralla de agua que se le venía encima y fue arrollada por ella. El casorio Wagner pereció.

Como un meteorito

Estudios posteriores establecieron que la fuerza con la que las rocas cayeron al agua podría compararse a la del impacto de un meteorito. Y ahora, un equipo de investigadores ha enviado un estudio, en forma de carta abierta, al Unidad de Medios Naturales de Alaska (ADNR) para advertir de que un episodio similar podría retornar a producirse “de forma inminente”, durante los próximos 12 meses. La causa, un deslizamiento catastrófico de rocas que han quedado inestables tras derretirse los glaciares de la región.

Los investigadores, en huella, aseguran que el retroceso de los glaciares en Prince William Sound, a lo generoso de la costa sur de Alaska, están teniendo un cachas impacto en las laderas de formaciones montañosas a menos de 100 km de Anchorage, la ciudad más poblada de ese estado norteamericano. El prospección de imágenes de comparsa sugieren, de hecho, que a medida que el helero Barry se derrite y se retira, una gran “cicatriz rocosa” está emergiendo en la cara de la montaña que hay exacto por encima de él.

Consecuencias terribles

Según los científicos, eso es una prueba de que ya se está produciendo un deslizamiento de tierra sucesivo y premioso sobre el fondo que podría provocar el derrumbe de toda la tabique rocosa. Si eso sucediera, las consecuencias podrían ser terribles, ya que la zona es frecuentada por numerosas embarcaciones comerciales y recreativas.

“Al principio -asegura Chunli Dai, geofísico de la Universidad Estatal de Ohio y uno de los firmantes de la carta- nos resultó difícil creer las cifras. Basándonos en la elevación del depósito sobre el agua, el bulto de tierra que se desliza y el ángulo de la irresoluto, calculamos que un colapso liberaría 16 veces más escombros y 11 veces más energía que el deslizamiento de tierra de 1958 en la bahía de Lituya”. Si los cálculos son correctos, la magnitud del megatsunami resulta difícil de imaginar.

Sin ir más allá, un evento de deslizamiento mucho pequeño, registrado en 2015 en Taan Fiord, en el este de Alaska, ya causó un tsunami que alcanzó los 193 metros de consideración. “Las pendientes como esta -se explica en el estudio- pueden cambiar de un avance premioso a un deslizamiento de tierra rápido oportuno a una serie de desencadenantes. A menudo, la copia intensa o prolongada resulta ser un negociador importante, así como los terremotos, el deshielo del permafrost impulsado por un clima cálido o la cocaína y el hielo de los glaciares”.

Retroceso de los glaciares

“Cuando el clima cambia -dijo a The Guardian el geólogo Bretwood Higman, coautor del trabajo- el paisaje tarda en adaptarse. Y si un helero retrocede muy rápido, puede ´tomar por sorpresa´a las laderas circundantes, haciendo que se derrumben de forma catastrófica en superficie de irse ajustando gradualmente”. La opinión universal es que el retroceso de los glaciares aumenta la probabilidad de que se produzcan este tipo de dramáticos deslizamientos.

Según el estudio, que se publicará próximamente en una revista científica, una error masiva y repentina podría suscitar un tsunami de varios cientos de metros de consideración que se propagaría por toda la costa, tanto en Prince William Sound como en bahías y fiordos allá de la fuente.

“Es poco verdaderamente aterrador -dice Higman al comparar este tipo de sucesos con las erupciones volcánicas-. Tal vez estemos entrando en una época en la que necesitamos mirar los paisajes glaciares con el mismo tipo de telescopio”.

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