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un año después del trasplante capilar, adiós a las entradas

un año luego del trasplante capilar, adiós a las entradas
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E. de Rivas

Ha llegado el final del camino. Hace un año y pocos días estaba en Turquía metido en un quirófano, con cierto pánico por lo que pudiera acontecer, pero con la esperanza de despedirme de mis entradas. Quería recuperar aquella pelambrera rubia que tenía en los últimos primaveras de colegio y, aunque no hemos llegado a ese punto, por lo menos sí me vuelvo a ver como cuando empecé la universidad.

Posteriormente de mucho pensarlo, el verano pasado me atreví a alucinar a Turquía a la clínica del Dr. Serkan Aygin para someterme a un trasplante capilar. La operación fue larga (más de cinco horas), pero salió muy proporcionadamente y volví a Madrid rapado al cero y con unas pequeñas costras que desaparecieron a las pocas semanas. Desde entonces, el pelo ha ido creciendo, cogiendo forma y asimismo fuerza. Ya no se parece al de un bebé, como pasaba hace unos meses, sino que asimismo ha rebaño en densidad. Hasta he tenido que ir a la peluquería luego de más de un año…

En estos tres meses que llevo sin escribiros, el crecimiento del pelo prácticamente no se ha notado. Los huecos que tenía ya se habían tapado tiempo antes y solo faltaba que el trasplante capilar se asentara del todo. Y eso es lo que ha ocurrido. Posteriormente de un año, ahora sí que puedo opinar que el pelo es mío y no un poco de tapadillo como podía hacerlo hace 10 o 15 semanas. Ahora estoy a la demora del referencia final del Dr. Aygin, aunque me han aventajado que es asaz positivo. Incluso ahora me puedo peinar de otra guisa, olvidándome de la guión en medio para que no se vieran las entradas.

Lo que sí he notado, quizás más por poseer sido verano, es que el pelo se me ha oscurecido. Yo, rubio nivel ya quisieran los nórdicos entre julio y septiembre, ahora parezco casi más castaño, aunque todo tiene su explicación y su arreglo. La razón es sencilla: como el pelo que te ponen es de la parte trasera, donde suele dar menos el sol, suele ser un poco más ambiguo, por lo que al llevarlo adjunto con el resto da la sensación de que ya no es tan claro. ¿La opción? Además sencilla… un poco de sol, un poco de mar… y tiempo, que ya clareará.

Lo del color de pelo me lo comentó asaz concurrencia en verano. Además es ordinario, porque son personas a las que no veo demasiado, prácticamente solo en holganza, y algunas ni se habían enterado de mis peripecias por Turquía. De hecho algunas ni notaron lo que me había hecho, poco positivo porque indica que se nota el crecimiento del pelo pero no de forma sintético. Como si simplemente me hubiera cambiado el peinado y ahora tuviera el pelo más grande, vamos.

Quien sí que lo notó fue mi peluquera. Entre que me raparon en Estambul y que me volví a acontecer la maquinilla durante el confinamiento, llevaba más de un año sin acontecer por allí, así que cuando me acerqué a pedir cita casi me hicieron la ola. Ella, acostumbrada a que le dijera «córtame para que no se me vean las entradas», vio pronto que poco había cambiado y sus sensaciones fueron muy buenas. «Ya me dirás dónde te lo han hecho, porque es de los mejores que he gastado», me reconoció. A mí lo que me importaba verdaderamente era que pareciera natural y que cuajara… y así ha sido.

De todas formas, por muy proporcionadamente que quede al final, siempre tendrás algún amigo puñetero que te busque las cosquillas y que te diga que aún te quedan entradas o que te podías poseer puesto más pelo. Y lo tendrás que tener, poniendo la misma cara que ponías antiguamente del trasplante, similar a la del emoji que mira en dirección a un costado con los luceros entrecerrados. Pero ahora ese emoji tiene pelo.

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