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Un anillo mirando al cielo

Un anillo mirando al Gloria
#anillo #mirando #Gloria

Emilio V. EscuderoEmilio V. Paje

Los Lakers son los nuevos campeones. Un anillo en el nombre de Kobe, que corona a LeBron James y que permite a los angelinos entablar con los Celtics en lo más detención del olimpo de la NBA. Alegría inmensa para una franquicia deprimida desde hace una período, que fue golpeada como ninguna otra al principio de la temporada y que ha consumido alzándose por encima de todas. Por encima de todo. En el año más complicado, salpicado por la crimen de Bryant, la pandemia del coronavirus y las protestas raciales, los Lakers regresan al trono que tantas veces habían pisado anteriormente. Adiós a la período ominosa de los angelinos con un anillo en el que LeBron, imparable a lo dadivoso de todas las Finales, fue el acorde MVP. Galardón que adorna su cuarto título de campeón y que alarga una cartel que no vislumbra su final.

Hay éxitos esculpidos en la táctica o en el tiento. Títulos que esconden detrás un trabajo colectivo y mental único y que se cimentan en la confianza. El de los Lakers en esta temporada 2020 de la NBA tiene un poco de todo eso, pero asegura, sobre todo, a una motivación única. A un embajador que juraron continuar tras la crimen de Bryant, cuya memoria solo han tardado unos meses en honrar.

No pudo estar Kobe en la final, pero sí lo hizo su espíritu. Esa «Mamba mentality» que él tanto cuidó a lo dadivoso de su carrera y que ayer encarnaron todos los jugadores de los Lakers. La determinación demostrada por todos los angelinos dejó claro muy pronto que no iba a favor séptimo partido. Posteriormente del mazazo que supuso no cobrar el anillo el domingo, LeBron tenía claro que no había oportunidad para las dudas. Siquiera para las confianzas. Los Lakers tenían aún dos oportunidades para obtener el título, pero el cornisa no quería durar hasta el séptimo. Quedaba trabajo por hacer, como decía Kobe, y LeBron decidió que era hora de terminarlo.

Solo así se entiende su salida salvaje en el primer cuarto, con un mate extraordinario en contragolpe que fue toda una testimonio de intenciones. A su fiereza habitual se sumaron esta vez todos sus compañeros. Los que estaban en la pista y los que jaleaban cada argumento desde el banquillo. Hasta Rajon Rondo, al que normalmente le da reacción el aro, atacaba la canasta como nunca. Sus 13 puntos al refrigerio (19 al final del partido) eran la mejor muestra de esa determinación angelina.

Lo hacían todo acertadamente los Lakers, enchufados en ataque y concentradísimos en defensa. Sobre todo en la de Jimmy Butler, al que esta vez no le dieron ni medio medida (35-23, min. 14). Controlado el principal foco de peligro de los Heat, los de Vogel se aprovecharon de la mala perplejidad de sus compañeros. Porque fue horrible el partido de Adebayo y de Herro, superados por el tablas, y asimismo el de Dragic, visiblemente mermado por la deterioro en su planta del pie.

Imparable Anthony Davis

Con ese panorama era de esperar que la diferencia fuera creciendo y lo hizo hasta hacerse inabarcable para Miami, antaño incluso de marcharse a los vestuarios, a los que se llegó con un señalador de escándalo. El más amplio de todas las Finales (64-36). A él había contribuido de forma decisiva Anthony Davis, despojado de cualquier difícil durante estos playoffs en los que ha demostrado que no hay un pívot más dominante que él en toda la NBA. Un componente capaz de adaptarse a todos los registros del mecanismo y de entretenerse acertadamente tanto cerca como allí del aro. Todoterreno que disfruta, al fin, del anillo que tanto deseaba.

La segunda fracción fue un control de desesperación de los Heat y un paseo triunfal de los Lakers en el que LeBron se las apañó para atesorar un nuevo triple doble (28 puntos, 14 rebotes y 10 asistencias). El primero para él en estas finales. Registro simbólico que le reconoce como el mejor de los playoffs y que le sitúa a la consideración de los más grandes de la historia.

A pesar de la diferencia inmensa (87-58, min. 37), con el trofeo ya camino del vestuario amarillo, los Heat nunca bajaron los brazos. Un rival ejemplar y un equipo de futuro que hace unos meses ni soñaba con durar hasta aquí. Con poner contra las cuerdas a un campeón que contaba con ayuda divina y que ha terminado conquistando el anillo mirando al Gloria.

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