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Trump confía en revertir la baja en los sondeos en el primer debate

Trump confía en revertir la depreciación en los sondeos en el primer debate
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David AlandeteDavid Alandete

Los dos candidatos a la presidencia de Estados Unidos se verán las caras por primera vez en esta campaña el martes en el primer debate electoral, que tendrá sitio en Cleveland, en el estado crucial de Ohio, que Donald Trump ganó en 2016. El presidente ya está preparando su logística, y caldeando el animación, como hizo ayer, con sus habituales provocaciones, proponiendo en esta ocasión en las redes sociales que Joe Biden, de 77 primaveras, se someta, próximo con él, que tiene 74, a una prueba para detectar estupefacientes en muerte antaño del cara a cara. Por su parte, Biden, que en 2008 y 2012 ya debatió con los candidatos a la vicepresidencia, se prepara en su residencia de Delaware, con menos actos de campaña que los habituales en estos días.

Llegan uno y otro hombres al primer debate de tres con unas encuestas muy favorables al demócrata y poco halagüeñas para Trump. Un nuevo perforación publicado ayer por el diario «The Washington Post» y la cautiverio televisiva «Abc» revela que Biden goza de una preeminencia de 10 puntos, con una intención de voto del 53% frente al 43% de Trump. Eso es sin retención una pesquisa de intención genérico de voto y el presidente en EE.UU. no lo decide el electorado directamente, sino un colegio electoral de 538 integrantes repartidos de forma irregular por los 50 estados que conforman la Unión, adicionalmente de la hacienda federal. Ya en 2016 Hillary Clinton ganó el voto popular por tres millones de un total de 130 millones depositados.

No es que los debates tengan una gran influencia sobre el voto. El consenso de los medios de comunicación y las encuestas fue que Clinton ganó los tres que se celebraron en 2016, pero perdió la presidencia. En pocas ocasiones han servido para encomiar la báscula de un flanco u otro, con sonadas excepciones como cuando Richard Nixon culpó en parte a su nerviosismo y el sudor de su frente en el debate con John Kennedy en 1960 o cuando Ronald Reagan se puso a la audiencia en el saquillo al bromear sobre su etapa (73 primaveras) en el debate con Walter Mondale (56): «No voy a hacer de la etapa un tema de campaña, porque no quiero explotar, por motivos políticos, la mocedad e inexperiencia de mi candidato».

Trump ha demostrado ser un oponente formidable en los debates no por su logística o dicción, sino porque con él todo es posible. A uno de los debates con Clinton acudió con un liga de mujeres que habían avisado al marido de esta, el expresidente Bill Clinton, de violación (no las dejaron sobrevenir a sentarse entre la audiencia). En uno de los tres cara a cara interrumpió constantemente a Clinton, y la acusó de ser una «marioneta» de fuerzas radicales, mientras se paseaba tras ella durante su turno de palabra. Le llegó a opinar: «Acabarás en prisión». En otro debate de primarias republicanas en 2016, el presidente hizo alarde del tamaño de sus genitales.

Uno de los temas centrales del debate serán las acusaciones que llevaron al causa político de Trump en el Capitolio, durante el proceso de «impeachment». Según los demócratas, el presidente pidió al Gobierno de Ucrania ayuda para publicar posibles trapos sucios de los negocios de un hijo de Biden en empresas de ese país.

La razón de que Trump quiere ahora pruebas sobre drogas en muerte es porque ha destacado a Biden de tomar algún suplemento energético para animarse durante sus intervenciones en televisión.

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