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Susana Ollero y María Ruiz, la mirada femenina de Trece

Susana Ollero y María Ruiz, la inspección femenina de Trece
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Federico Marín BellónFederico Marín Bellón

Susana Ollero y María Ruiz son el rostro amable y femíneo de Trece. La primera acompaña a José Luis Pérez y la segunda a Antonio Jiménez, dos de los pesos pesados de la sujeción. Ellas han ido ganando protagonismo y su concurso es esencial en el horario noctívago. Ruiz copresenta «Trece al día», a las nueve de la tenebrosidad, y Ollero toma el licencia a las diez, en «El cascabel».

De trayectorias profesionales muy diferentes, si en poco coinciden es en aplaudir el modismo social y alrededor de la moderación que ha hexaedro en los últimos tiempos la sujeción del comunidad Cope. Y en cuchichear admisiblemente de sus respectivos jefes, todo indica que con sinceridad.

«Trabajar con José Luis es muy casquivana», asegura María Ruiz. «Ha sido fundamental. Siempre que empiezas, necesitas que te den confianza. Él me la ha hexaedro toda. Me apoya muchísimo».

«Tengo al banda al preceptor de la improvisación», presume Susana Ollero. «Yo entro al plató con documentación de 50 folios y él con tres. Lo tiene todo en la persona, es una máquina de improvisar. Sabe preguntar, hilar un argumento con otro… Es como hacer un máster cada tenebrosidad», describe.

«El cascabel» ha ampliado horario. Ahora empieza a las 22.00 y termina a las 0.30. «Son dos horas y media en directo en las que hemos restado peso al debate político y aumentado el magacín de hogaño con información de todo tipo, sobre todo de servicio conocido», explica Ollero. «Aún estamos estrenando secciones cada semana, con algunas de mantenimiento, hacienda actos, información policial… y sobre todo vemos mucha cara de reportero, para que el espectador esté admisiblemente informado», añade la presentadora.

Menos política

Algunos cambios, como la reducción de clan en el plató, obedecen a las medidas de precaución, pero Ollero cree que sin el coronavirus «la dinámica sería la misma: dar valía al servicio conocido y restar poco a la política». «Queremos estar al banda del espectador, contarle todo lo que ha pasado en el día, sin centrarnos en la política».

María Ruiz asimismo cree que es necesario deducir la tensión: «No hay que olvidar que Trece pertenece a la Conferencia Obispal y la Iglesia tiene que hacer lo que hace, tratar de no marcarse políticamente y ser indeterminado. Todos somos iguales y se comercio de estar juntos. Sí percibo ese cambio en la sujeción, creo que va por ahí».

La presentadora de «Trece al día» sufre por el odio que palpa en la sociedad: «Cada vez más. No sé quién lo está alentando. Uno puede tener unas ideas, pero ahora hay demasiada polarización. Siquiera sé a quién beneficia esto, pero nos perjudica a todos».

Susana Ollero, por su parte, confiesa que su formato soñado sería retornar a hacer programas para niños. «Son la parte más blanca, honesta y divertida. Es improvisación pura, lo más fresco. Incluso es lo más cansado del mundo. Te exprimen la energía, pero vuelves oportuno». Con los políticos es diverso: «Tenemos un periodismo de confesión. Al final es poner la grabadora, pedir un titular y eso es lo que cuenta. Estoy proporcionado cansada de los políticos. Solo cuentan cosas para los periodistas, no para el ciudadano. Con 23 abriles empecé a cubrir Congreso y Senado y sigue igual. Desde que un político ve una cámara, lo que sale por su boca es para el medio, no para el ciudadano. Me da pena. Es un tirabuzón. Les votamos, pero me da la sensación de que gobiernan para ellos».

Preciso por eso, programas como el suyo son «necesarios ahora y siempre». «El problema es que las líneas editoriales de los medios los hacen menos objetivos y muy interpretativos», añade la presentadora de «El cascabel». «Esos programas me gustan proporcionado poco».

Si se le recuerda a Ollero que Trece asimismo es interpretativa, no altera el discurso. «Cada vez menos», replica. «Intentamos, es una de las novedades, que las mesas sean equitativas y estén compensadas para que al final el espectador decida y se forme una opinión más rescatado. Es un objetivo de la dirección para este año», insiste.

¿Lograrán advertir a otros públicos? «El software tiene ese objetivo, que lo pueda ver y le guste a cualquier conocido, de derecha e izquierda. Y que salgan todos contentos». María Ruiz corrobora que percibe un conocido más mancebo. «Muchos se quedan y admiten que no es como pensaban, que no es nadie radical. Les gusta».

Por otro banda, para no perder a los fieles de toda la vida «hay que ayudar un equilibro, pero cuanto más plural es el servicio que das, anciano calidad tiene», matiza Ollero. «El espectador que nos ve es inteligente y tiene criterio suficiente. Todas las noches intentamos que haya un debate inteligente, sosegado, educado, que se pueda escuchar. La crispación lleva al fanatismo y todos sabemos dónde acaba eso».

¿Presentaría un software en La Sexta? «Ay… no. Me parece que lo llevan todo al extremo y sobre todo que generan muchísima preocupación en la sociedad. Yo asimismo podría. Sé como hacerlo, pero elijo no hacerlo. La Sexta tiene muchísima calidad y medios para hacer una buena televisión, pero no me gusta el cómo, soportar la información al tope para difundir preocupación y hacerse indispensable».

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