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¿son los anticuerpos monoclonales la reina en la partida contra el Covid-19

¿son los anticuerpos monoclonales la reina en la partida contra el Covid-19
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M. M. Jiménez Sarmiento/ M. Cañelles López/N. Eugenia Campillo

Actualmente, el atarazana de terapias eficaces contra la Covid-19 es insignificante, conveniente a que se han ido descartando fármacos que no han demostrado suficiente evidencia científica.

Tras estos primeros meses de prueba y error, parece que contamos con menos peones en el tablero. Acogerse al plasma de supervivientes no es siquiera la opción, al menos no tan rápida y eficaz como se pretendía, conveniente a dificultades y género secundarios.

Sin incautación, los anticuerpos, las moléculas diseñadas a medida por nuestro sistema inmune se pueden fraguar en serie. ¿Lograrán ser la reina del tablero y poner en alerta a la corona vírica?

Comienza la partida

Las primeras fichas se basaron en el reposicionamiento de fármacos, una de las estrategias más rápidas y seguras de identificar fármacos.

Se crearon diferentes plataformas, como Solidaridad o REMAP-CAP para probar la aptitud de estos medicamentos ya conocidos. Se utilizaron métodos innovadores, probando simultáneamente múltiples combinaciones de potenciales terapias, a diferencia de los ensayos tradicionales, en los que se estudia solo un fármaco en un proceso mucho más tranquilo.

Recientemente han sido confirmados los resultados negativos del experimentación Solidaridad. Los ensayos de los cuatro tratamientos evaluados ( remdesivir, hidroxicloroquina, lopinavir/ritonavir e interferón) han mostrado género escasos o nulos, tanto al nivel de mortalidad militar, como en el tiempo transcurrido hasta la iniciación de la respiración mecánica o la duración de la hospitalización en pacientes ingresados.

Por otra parte de antivirales y antiinflamatorios, se han estudiado otros compuestos, como la vitamina C y la colchicina. Desafortunadamente, como observamos en la tabla, los resultados de los ensayos no han sido muy alentadores.

Siquiera el tratamiento con plasma de supervivientes, que surgió como primera terapia rápida y asequible, es válido. Los riesgos que conlleva han desestimado su utilización.

Anticuerpos monoclonales, ¿la terapia definitiva?

Pero aún tenemos fichas en el tablero para contraatacar. De los 319 ensayos de compuestos actualmente contra la Covid-19, 80 estudios corresponden a anticuerpos como agentes terapéuticos. Cerca de una decena se encuentran ya en grado III, y otros tantos en grado II. Esto significa que están muy cerca de su aprobación definitiva.

Los anticuerpos (incluso conocidos como inmunoglobulinas), son proteínas en forma de Y que flotan en la mortandad y son capaces de pegarse (unirse con mucha afinidad) a una proteína de una germen o virus (señal antígeno). El patógeno queda así desactivado o afectado para que el resto del sistema inmune lo pueda detectar y destruir.

Los anticuerpos son segregados por las llamadas células B plasmáticas, que aparecen en la mortandad cuando comienza una infección. Cada anticuerpo es específico para un antígeno. Gran parte de su estructura es global para todos ellos, pero hay unas pequeñas zonas en los extremos superiores de la Y, llamadas regiones variables, que son distintas y reconocen específicamente a diversos patógenos.

Esta gran desemejanza de células productoras de anticuerpos aparece en el ser humano durante el incremento pueril, como consecuencia de combinaciones al azar y posteriores mutaciones en los genes que codifican esas regiones variables. De esta forma, cuando el ser humano alcanza la adolescencia, ya tiene en su organismo un bagaje de células B capaces de producir anticuerpos contra una infinidad de posibles infecciones.

¿Cómo se producen fuera de nuestro cuerpo?

El diseño de los anticuerpos para realizar contra dianas concretas en enfermedades e infecciones comenzó a partir de 1975 con el trabajo de Khöler y Milstein. Estos investigadores fusionaron células de ratón y células de crecimiento ilimitado (procedentes de tumores) poniendo a punto los hibridomas, resultado por el que recibieron el premio Nobel en 1984.

Los anticuerpos monoclonales, en gran medida específicos y producidos de forma ilimitada, son purificados y utilizados terapéuticamente.

El primer anticuerpo monoclonal terapéutico, el muromonab, se desarrolló para el rechazo en trasplantes y fue apto en 1986. Pero conveniente a su origen no humano, presentaba género adversos.

Gracias a las técnicas de ingeniería genética, los anticuerpos monoclonales han sido progresivamente modificados de forma que se parezcan cada vez más a los anticuerpos humanos, evitando problemas de tipo inmunológico.

Actualmente, comenzando a pequeña escalera a partir de la elaboración en cultivos de laboratorio se producen a gran escalera y se transforman para su posterior formulación y suministro.

El primer anticuerpo monoclonal apto para su uso contra la Covid-19 ha sido el bamlanivimab, facultado en EE.UU. de forma condicional puesto que los datos de seguridad y aptitud no han sido aún contrastados por la comunidad científica. Las autoridades reguladoras decidieron aprobarlo anticipadamente conveniente a la situación de emergencia, con el compromiso de que esos datos se tienen que hacer públicos en un breve tiempo.

Por final, hay que destacar que la capacidad de los anticuerpos no es solo terapéutica. Incluso pueden utilizarse como profilaxis mediante una profilaxis pasiva. Recientemente se ha demostrado que, aunque la inmunidad aportada no fuera duradera, conseguiría proteger del contagio. Esta doble argumento podría otorgar a los anticuerpos, por otra parte de una esperanza, el papel de dama en el tablero.

Todavía no conocemos el resultado de la partida, pero en las actuales circunstancias, un tratamiento, si es efectivo, significa mucho. El alerta mate definitivo está más cerca.

María Mercedes Jiménez Sarmiento. Científica del CSIC. Bioquímica de Sistemas de la división bacteriana. Comunicadora científica, Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB – CSIC).

Matilde Cañelles López. Investigadora Científica. Ciencia, Tecnología y Sociedad, Instituto de Filosofía (IFS-CSIC).

Nuria Eugenia Campillo. Sabio Titular. Medicinal Chemistry, Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB – CSIC).

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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