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sin mascarillas, silencio en Twitter y cancelada su agenda

sin mascarillas, silencio en Twitter y cancelada su dietario
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David AlandeteDavid Alandete

Por el trasiego en el Ala Oeste de la Casa Blanca en las primeras horas de la mañana del viernes, nadie diría que el presidente había hexaedro positivo en la prueba de coronavirus horas antiguamente y padecía síntomas leves. Los accesos seguían abiertos, los altos funcionarios en un constante ir y venir representativo de una mañana común; más en campaña electoral, cuando la dietario del presidente suele estar más repleta de lo habitual. La situación, sin secuestro, era insólita: todo un presidente que se juega la reelección en un mes, en cuarentena por acontecer caído víctima de la pandemia.

La cara de preocupación de su director de ministerio lo decía todo. Mark Meadows se acercó a los medios que montaban urbano frente a la entrada principal al Ala Oeste, que al estar Trump distante de ella no está custodiada por un Marine. «Presenta síntomas, leves, y el médico le atiende en su residencia, que es donde está», dijo a los periodistas Meadows, quien, como muchos otros funcionarios no llevaba máscara, a pesar de acontecer estado en puritano contacto con el presidente a diario. «Me he hecho la prueba y es negativa, no es necesaria máscara», dijo, frente a unos periodistas que hacían equilibrismo para escucharle desde acullá.

«Tenemos por fortuna a un presidente que sigue haciendo su trabajo, que lo va a seguir haciendo, y soy jovial, creo que va a tener una recuperación pronta», añadió Meadows al ser preguntado por la dietario de Trump. Sin secuestro, minutos luego un portavoz comunicó que toda la dietario del viernes quedaba cancelada, incluso una intervención telefónica a las 12.15 «en apoyo a las personas mayores mayores vulnerables por el Covid-19». Las tornas se invirtieron. El vicepresidente Mike Pence participó en esa convocatoria con personas mayores, y les dijo: «El presidente se encuentra adecuadamente, gracias por su apoyo».

La situación era ciertamente caótica, extraña. El nerviosismo, palpable. Trump no es un presidente hexaedro a delegar. Es muy activo, se presenta en reuniones, está muy presente en estos pasillos, mucho más que sus antecesores, improvisando ruedas de prensa cuando puede, casi a diario. Su dietario es a veces infernal, repleta de viajes de ida y reverso de miles de kilómetros en un solo día, con visitas al campo de golf los fines de semana. Y ayer, de improviso, él y su mujer eran cautivos del virus, recluidos en sus dependencias, sin poder ni siquiera asomarse a unos ventanales constantemente escrutados por los fotógrafos a pie de calle.

Adicionalmente, por fin, y tras meses de resistencias, este viernes sí se veían muchas más máscaras de la habituales entre los empleados de este difícil presidencial, a pesar de la negativa del director de ministerio a encalar una. El problema era: ¿Qué hacer, por primera vez, sin un presidente acostumbrado a dar casi todas las directrices, aunque fuera por Twitter? ¿Qué hacer el día que por primera vez, en más de 12 horas, el director guardaba silencio hasta en esa red social?

La prioridad de los empleados de la presidencia era claramente representar que todo sigue igual, que Trump, de 74 primaveras y en reunión de aventura, sigue en control de la situación, cumpliendo sus funciones de gobierno. El coordinador crematístico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, quien siquiera llevaba máscara, se acercó a los medios y comenzó a balbucir de cifras de ventas de coches, el rescate de las aerolíneas y otros temas que parecían propios de una época lejana. Lógicamente la prensa le pidió que evaluara los mercancía de la infección de Trump sobre la peculio. Respondió escuetamente —«no creo que tenga ningún»— y se alejó, con paso rápido, casi tropezando.

De todos modos —y ese es el motivo auténtico de este evidente nerviosismo en las primeras horas de cuarentena de Trump— los actos de campaña han quedado anulados. La dietario del presidente que fue enviada a la prensa el jueves por la perplejidad tenía 14 puntos, incluida una reunión con donantes en su hotel aquí en Washington y un alucinación relámpago a Florida para un multitudinario mitin. Todo eso se ha caído, como todo lo que está en el horizonte en los próximo días, si no semanas.

El positivo de Trump, por cierto, todavía causó nerviosismo entre los periodistas que le siguen. Tres de ellos dieron positivo ayer, y la Casa Blanca comenzó a hacer pruebas, uno a uno, a aquellos que hayan estado en contacto con los contagiados.

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