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«Señor ministro, promueva y defienda la tauromaquia como es su obligación»

«Señor ministro, promueva y defienda la tauromaquia como es su obligación»
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Por Victorino Martín

Estimado ministro,

Tenemos que llorar las desafortunadas palabras que sobre la tauromaquia ha realizado en una entrevista que le hacen diferentes actores del sector cultural y que aparece hoy publicada en el diario El Mundo. En ella afirma que usted considera que no debe animar a la clan a ir a los toros, como ministro de Civilización, porque no es una cuestión pacífica.

Quizás es que estamos viviendo tiempos extraños, tiempos en los que se empieza a ver como habitual cosas que no lo son, o quizás es que nos hemos anestesiado en presencia de obviedades en esta ingenuidad paralela que parece estar provocando la pandemia. Si no, no nos explicamos como una persona indudablemente moderada e inteligente como usted, puede opinar tales cosas. Porque hay en sus afirmaciones un atropello lícito y civilizaciónl, que normalmente deberían poner en cuestión su idoneidad para la dignidad que ostenta.

Desde el punto de perspicacia lícito, me imagino que no le tengo que explicar que por supuesto que usted debe alentar la tauromaquia. Es la propia ley la que expresamente lo dice, haciendo mención al principio constitucional de conservación y promoción de nuestro patrimonio por parte de los poderes públicos.

La Constitución no distingue entre civilización que se considere pacífica y civilización que no se considere pacífica, esas son etiquetas valorativas que pueden servir en un plano personal, pero no en un plano legal, que es en el único en el que debe moverse un Servicio. Las valoraciones personales de un ministro son sin duda interesantes, pero en ningún caso pueden afectar a su desempeño profesional, restringido por unas normas que le obligan.

El Servicio de Civilización no puede excluir a la tauromaquia de una campaña institucional de fomento de cooperación a los espacios culturales solo porque a su titular no le parece que sea una cuestión pacífica. La tauromaquia en nuestro país no es un tema beocio, no es poco que se puede obviar por los gustos personales de alguno, es la expresión cultural más característica de nuestro país y como tal debería ser tratada.

Y si desde el punto de perspicacia lícito es insostenible defender que solo se puede promover una civilización pacífica, desde el punto de perspicacia estrictamente cultural es quizás más escandaloso el caso todavía.

¿Que los toros no son un tema pacífico? Pues por supuesto que no, faltaría más. La tauromaquia, como toda civilización que se precie, es conflicto, pasión, contradicción e irreverencia. Por eso reyes y papas ya intentaron sin éxito arruinar con ella, porque es una fuerza popular que nunca han podido controlar.

El Servicio de Civilización liderando en España la civilización de la derogación me parece poco peligrosísimo. Retirar el apoyo a toda expresión cultural que cualquier orden suficientemente organizado para hacer ruido ponga en su diana es una senda que nos lleva inevitablemente a la censura y que un ministro tolerante no debería transitar.

Porque lo que ahora se fogosidad “civilización de la derogación” es lo que siempre se ha conocido como censura. Antiguamente era liderada por celosos tribunales de inquisición, mientras que ahora lo hacen minorías correctamente organizadas en redes sociales, igualmente temerosas de la franqueza de los demás.

Siempre ha habido en el pueblo reductos fanáticos que han buscado restringir la franqueza, grupos que han decido hacer que poco no fuera pacífico para provocar su exterminio. Proponer que no puede fomentar los toros por no ser un tema pacífico equivale a dar la razón a todos aquellos que a lo derrochador de la historia han intentado coartar la franqueza de los demás. Porque antaño que los toros ya hubo otros asuntos en los que los censores de siempre pusieron sus puritanos luceros decidiendo por ejemplo que no se podía considerar pacífico que escribieran las mujeres, que se trataran ciertos temas en el cine (o la existencia del cine mismo) o que incluso que se tocaran determinadas notas musicales consideradas peligrosas.

Proponer que el teatro es pacífico es una ofensa al teatro, como lo sería al cine o a cualquier otra expresión cultural esforzado y vibrátil, que reta al poder, a lo establecido, a los dogmas y a las corrientes mayoritarias de pensamiento. Eso es la civilización. Y por eso nunca es cómoda para el poder cuando es auténtica.

Señor ministro, le pedimos que reconsidere sus palabras. Usted es el ministro de Civilización, y luego tiene la obligación de conservar y promover la tauromaquia como una de las expresiones culturales de este país. Promover significa alentar a la clan a ir a los toros, por supuesto, más allá de sus valoraciones personales sobre la tauromaquia. Señor ministro, no haga dejación de funciones, promueva y defienda la tauromaquia como es su obligación.

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