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¿Se podría revivir a los dinosaurios según la teoría científica de «Parque Jurásico»?

¿Se podría revivir a los dinosaurios según la teoría científica de «Parque Jurásico»?
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Patricia BioscaPatricia Biosca

Una de las escenas más icónicas de la película «Parque Jurásico» es el momento en el que los protagonistas, científicos escépticos delante el primer «parque de atracciones biológicas vivas» que se muestra delante sus fanales, ven un vídeo en el que se explica cómo ha sido posible traer de envés a la vida a los extintos dinosaurios. En el film se cuenta cómo a partir de un mosquito preservado en ambarino y que contiene en su vientre la matanza de estos animales prehistóricos, se puede reproducir su ADN y, «rellenando los huecos» con información genética de una rana, conseguir un huevo de dinosaurio totalmente viable. Pero, ¿esto es científicamente posible o solo ocurre en las películas? Un nuevo estudio en el que han participado investigadores españoles viene a arrojar un poco de luz sobre el asunto.

Lo primero es discernir entre qué fue primero, si el huevo o el dinosaurio. La ciencia de laboratorio o la ciencia ficción. La llamamiento «fiebre de los dinosaurios» se extendió como una plaga a posteriori de que el escritor Michael Crichton publicase en 1990 «Parque Jurásico», obra que tomaba (y retorcía) algunos estudios de la época que aseguraban, por ejemplo, tener extraído ADN de un escarabajo de unos 120 millones de primaveras. La acondicionamiento al cine tres primaveras a posteriori bajo las órdenes de Steven Spielberg supuso el empuje definitivo a la «dinomanía», que llegó incluso a los ámbitos científicos: durante esa época, se produjo una carrera descontrolada para ver quién podía sacar la información genética más antigua y hacer verdad la premisa de aquel relato.

No se pudieron replicar los experimentos de los 90 y el prospección del ambarino cayó en desgracia

«El problema llegó cuando unos primaveras más tarde se intentaron replicar aquellos experimentos. Fue impracticable porque no existían muestras similares, ya que en las pruebas tienes que destrozar al insecto», apunta David Peris, investigador de la Universidad de Bonn y autor del nuevo estudio que acaba de ser publicado en la revista « PLoS ONE». Así es como surgieron estudios que atribuyeron los hallazgos a contaminaciones ambientales accidentales, a la vez que otras investigaciones afirmaban que el ADN no se puede preservar más allá del millón de primaveras -los dinosaurios desaparecieron hace 65-. Estos prospección asimismo incluían insectos conservados en copal (estado intermedio de fosilización de la resina entre la resina natural y el momento en el que se fosiliza para convertirse en ambarino, engendro que ocurre en torno a los 40.000 primaveras) y no encontraron huella de material hereditario. Los repetidos prospección con resultados negativos y las dificultades metodológicas -junto con la venida del estudio del ADN neandertal- empezó a restar importancia al prospección del ambarino en genética.

El examen

Pero hace dos primaveras, un equipo liderado por Peris y la investigadora alemana Kathrin Janssen, en colaboración con investigadores de la Universidad de Bonn (Alemania), la Universidad de Barcelona, el Instituto Geológico y Minero de España, la Universidad de Bergen (Noruega) y el Museo Senckenberg (Alemania), se propuso rescatar el método y comprobar si positivamente la premisa de «Parque Jurásico» podría ser cierta. «Creíamos que el tema estaba mal planteado desde el principio: a pesar de que gracias a la resina podemos observar los rasgos físicos de los seres vivos atrapados, eso no quiere afirmar que este sea un material apto para preservar ADN», afirma Peris. Así que cambiaron la logística y comenzaron por el final: en vez de averiguar ADN en ambarino de 100 millones de primaveras de caducidad o más (y soñar con la resurrección de dinosaurios), intentaron detectar ADN en insectos atrapados hace poco tiempo en resina. Una vez conseguido eso, se procedería a investigar muestras cada vez más antiguas hasta encontrar cuál es su contorno de conservación en resina y por qué.

No eligieron mosquitos, sino escarabajos atrapados en resina hacía 2 y 6 primaveras en regiones remotas de Magadascar en otra expedición en la que participaban Xavier Delclòs (Universidad de Barcelona), Mónica Solórzano Kraemer (Museo Senckenberg) y Enrique Peñalver (Instituto Geológico y Minero de España), quienes sumaron esfuerzos internacionales al examen. La premisa era observar al menos dos organismos por cada muestra, para que se pudieran replicar las pruebas en el caso de que algún investigador quisiera hacerlo y no incurrir en el mismo error de los estudios de los noventa. De hecho, las piezas pueden ser consultadas en el Museo Senckenberg de Frankfurt.

Resina hallada en Magadascar con escarabajos incrustados analizados en el estudio
Resina hallada en Magadascar con escarabajos incrustados analizados en el estudio – Museo Geominero

Pruebas PCR para escarabajos

Una vez escogidas, las muestras fueron trasladadas hasta el laboratorio, donde se usó la técnica de la PCR clásica (la misma que se utiliza ahora para la detección del SARS-CoV-2) para averiguar si aún contenían ADN de esos insectos y eran capaces de detectarlo sin ningún clase de duda. Y lo consiguieron. «Además se realizaron experimentos control con escarabajos de este clase de colecciones entomológicas y, por consiguiente, sin estar cubiertos de resina, y los dos grupos dieron positivo», afirma Peris. Era la primera vez que un estudio encontraba restos inequívocos de ADN preservados en resina.

Pero la tarea no fue nadie hacedero: en los especímenes con 6 primaveras hubo muchas dificultades y se tuvo que refinar mucho la técnica, ya que la información genética se había degradado enormemente. «Esto puede hacernos pensar que muy probablemente sea muy complicado extraer ADN de restos más antiguos, pero tenemos que estudiar muchas variables porque no sabemos a ciencia cierta por qué ocurre esto», explica el investigador, cuya estancia en la Universidad de Bonn termina, sin secuestro, en al punto que unos meses. «Se necesitan medios para seguir explorando esta vía. Ya tenemos localizadas unas muestras de hace 300 primaveras, pero para su estudio y el de otros experimentos similares hace yerro financiación», explica Peris.

Entonces, ¿hay alguna posibilidad verdadero de revivir a los dinosaurios de la misma modo que nos mostró «Jurassic Park»? La ciencia ha probado que tal y como se explica en la película es del todo impracticable: es ya extremadamente complicado extraer ADN de los propios insectos, por lo que sacar «matanza fresca» de otro ser en su interior se antoja del todo impracticable. De momento, la ciencia ficción apetencia a la ciencia de laboratorio. Pero si poco nos han enseñado los dos ámbitos es que nadie se puede dar por sentado.

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