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«Richard Jewell», el homenaje definitivo de Clint Eastwood al americano común

«Richard Jewell», el homenaje definitivo de Clint Eastwood al yanqui popular
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Fernando MuñozFernando Muñoz

Asegura el siempre certero Andrés Amorós que la hechicería del fogueado Clint Eastwood está en que sus protagonistas «no son superhombres, ni héroes de cómics, ni extraterrestres, sino hombres que intentan amparar su dignidad». Uno de esos nombres es Richard Jewell, el protagonista existente de la (pen)última película del perito californiano, que ya trabaja en un nuevo esquema, «Cry Pilar». «El mundo que presenta Clint Eastwood no está a punto de desaparecer, excepto por la estupidez, el egoísmo y la deshumanización», termina por descifrar el escritor sobre la figura de director.

Este viernes se ha estrenado en Movistar «Richard Jewell», el zaguero de los héroes americanos a los que Clint Eastwood se ha dedicado a homenajear en la etapa final de su filmografía. Porque a sus noventa abriles, y sin atisbo de pensión en el horizonte, el cineasta sigue empeñado en aclarar las gestas de los hombres corrientes que hicieron del mundo un motivo mejor. De «Sully», el piloto que amerizó en el río Hudson y salvó la vida a cientos de personas, a los tres chavales de «15:17 Tren a París», que detuvieron un ataque terrorista en un furgón. Sin olvidar «El francotirador» de los SEAL interpretado por Bradley Cooper, o Richard Jewell, un escolta de seguridad que evitó una catástrofe. Y, sobre todos ellos, el rancio de «Mula», un ejemplo de dignidad al que el propio Eastwood dio vida.

El zaguero clásico sin el remate del Oscar

«Richard Jewell»
«Richard Jewell»

Al zaguero director clásico, como a John Ford, la crítica elevada tardó una vida en rastrear su talento. «Es mucho mejor que las premisas repelentes en las que se cimiento», se vanaglorió el crítico sino de «The New Yorker» al descubrir, 35 abriles a posteriori, que «Impacto súbito» no era la película fascista que creyó ver tres décadas antes.

Desde aquel Harry Callahan malencarado y reprobable de «Impacto súbito», la única de las cinco películas de Harry el desaseado que Clint Eastwood dirigió, hasta el torpón héroe de «Richard Jewell» cerca de todo el catálogo de personajes filmados por él. Un director que siempre ha demostrado una mano en la construcción de personajes que evidencia que su ojeada al interior es más penetrante incluso que aquella suya de «El bueno, el feo y el malo».

Clint Eastwood es Harry Callahan en «Impacto súbito»
Clint Eastwood es Harry Callahan en «Impacto súbito»

A Hollywood, los únicos viejos símbolos que le gustan son los retirados. Pero incombustible e inagotable, Eastwood no se resiste a la pensión, y prefiere la arnés de director en el set que la de los homenajes. Con esa rebeldía, con las historias que cuenta y con los protagonistas que elige da la reverso a Hollywood como a un calcetín. Y con eso, y seguro que por eso, los Oscar le ignoran desde que se fijó en lo que se ha regalado a acentuar como «los héroes normales de Clint». Ni el Oscar honorífico que a otros veteranos sí les han entregado ha caído en sus manos. No toca el dorado del galardón desde el 2004, con «Million Dollar Baby».

Sus pequeñas victorias

«No he tomado la osadía consciente de rodar películas sobre héroes, lo que quiero es mostrar a las personas que tienen la fortaleza de hacer cosas extraordinarias», dijo en TechnoMiz con el estreno de su «Tren a París» (2017), en la que filmó a los mismos tres americanos que redujeron a un terrorista en un delirio por Francia. Antaño había escogido la hazañas del SEAL Chris Kyle en «El Francotirador» (2014) para mostrar el indestructible sentido del honor de los marines; igualmente retrató a Chesley Sullenberger en «Sully» (2016), en la que un abnegado y entendido piloto fogueado tiene que combatir contra la burocracia de las grandes corporaciones y el gobierno que quieren culparle pese a rescatar a todo el pasaje de una asesinato segura. En «Mula» (2018) volvió a ponerse delante de las cámaras con un nuevo gran torino, otro fogueado que tiene que seguir trabajando en lo que puede para sobrevivir. El zaguero ha sido «Richard Jewell» (2019), otro tipo que debe enfrentarse como un orondo David al Goliat encarnado por el estado profundo (el FBI, los abogados sin escrúpulos, la mala prensa…).

A todos estos héroes de la calle, tipos corrientes con biografías extraordinarias, se ha acercado Clint Eastwood con un prisma sencillo, a medio camino del homenaje a la persona como de la crítica al sistema. O mejor, del homenaje a lo bueno del sistema (encarnado por sus personajes) y crítica a los vicios del mismo «establishment». Las dos caras de un país que tanto Eastwood como sus protagonistas aman y que nadie como él ha sabido reflectar con tanta mala cara como buen corazón.

Clint Eastwood en El bueno, el feo y el malo (1966)
Clint Eastwood en El bueno, el feo y el malo (1966)

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