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repudiado por sus padres antes de desafiar a los Lakers en la final de la NBA

repudiado por sus padres antaño de desafiar a los Lakers en la final de la NBA
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Emilio V. EscuderoEmilio V. Paje

Las cosas nunca han sido fáciles para Jimmy Butler, y quizá por eso el escolta sacó a relucir su mejor traducción cuando nadie esperaba ya carencia de los Heat en las finales de la NBA. Con el equipo contra la cuerdas y sin dos de sus mejores jugadores –lesionados Dragic y Adebayo–, Butler emergió con un triple doble histórico (40 puntos, 13 rebotes y 11 asistencias) con el que dio la primera vencimiento a la franquicia de Miami, que hoy (3.00 horas, Movistar+) buscará igualar la lucha por el anillo frente a los todopoderosos Lakers de LeBron James.

«Nunca tuve carencia. Mi preliminares me hizo duro, me hizo entender cómo debo tratar a la familia». Así se refería hace primaveras Butler a su infancia, marcada por el temprano dejadez de su padre. Un mazazo para el bisoño Jimmy, que poco posteriormente veía cómo su causa le echaba de casa para siempre. «No me gusta tu aspecto, vete». Repudiado sin explicación, el adolescente pasó las semanas buscando refugio en las calles y en las casas de sus amigos. Un nómada doméstico que iba de cama en cama anhelando un hogar que tardó meses en datar.

El destino quiso que una tarde conociera a Jordan Leslie –que posteriormente llegó a divertirse en la NFL–, un bisoño con el que trabó una válido amistad tras un concurso de triples callejero. Leslie le invitó a su casa, donde terminó siendo uno más. El octavo «hijo» para Michelle Lambert, a la que Butler considera su causa. La que lloró el día que los Bulls le eligieron en el puesto 30 del draft de 2011. Aquella comicios tardía era una prueba más para el tahúr, que por entonces se había acostumbrado a advenir desapercibido para los grandes equipos.

De hecho, a pesar de sus números en el instituto, ninguna gran universidad le echó el ojo. Tuvo que advenir un año en la modesta Tyler Junior College, en Texas antaño de que que las grandes le ofrecieran una banda de estudios. Combatir contra todo y contra todos. Una filosofía de vida que aún mantiene.

En la NBA incluso le costó ganarse la confianza de los técnicos. De hecho, en Chicago no fue un titular fijo hasta su cuarta temporada, cuando explotó de guisa definitiva hasta ser favorito el tahúr más mejorado de la temporada. Aun así, su desliz de sintonía con la directiva hizo que los Bulls le traspasaran en 2017 a Minnesota. Otra vez nómada, con problemas internos en el vestuario tanto en los Timberwolves como en los Sixers hasta que aterrizó el pasado verano en Miami. Allí encontró un equipo hecho a su medida, al que ha sabido liderar hasta llevarlo a la final. Un hito impensable para un conjunto que el año pasado ni siquiera se clasificó para los playoffs.

En Orlando, los Heat han barredura a los Pacers, han eliminado a los Bucks del MVP Antetokounmpo y se han deshecho de los Celtics para triunfar la conferencia Este. Un periplo brillante que los Lakers habían sepultado tras triunfar los dos primeros partidos de la final. En medio del desconcierto, Butler asumió el mando el domingo para suplir las bajas de Dragic y Adebayo y avituallar la esperanza de la franquicia de Miami. El escolta lo hizo a lo ancho, logrando un triple doble con 40 puntos, poco que solo Jerry West y LeBron James habían conseguido antaño en una serie final. Función histórica que impulsa a unos Heat alicaídos que volverán a soñar con el anillo si igualan la eliminatoria hoy en el cuarto partido de la final.

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