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Rafa Nadal, a por el 12+1

Rafa Nadal, a por el 12+1
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París, tan soleado y brillante cuando llega cada año Roland Garros, acogerá este año el Grand Slam con colores de otoño. Atípico el panorama por el coronavirus y por su situación en el calendario. Ya comenzado en su escalón previa y con finalización el 11 de octubre, días más cortos y temperaturas más bajas. Pero seguirá la constante que lo ilumina cada primavera: un Rafael Nadal luchando por alcanzar otro inalcanzable. En esta ocasión, su decimotercer título en la Philippe Chatrier.

El balear, como todos, se adapta a las condiciones obligadas en este 2020 raro en el que ausencia es como primaveras anteriores. Desde el torneo de Acapulco, donde logró el título, no pisó ni una pista de tenis en un torneo hasta el pasado 16 de septiembre en el Masters 1.000 de Roma. Y a posteriori de 200 días de desaparición el rodaje costó. Fueron dos buenos partidos en presencia de Pablo Carreño y Dusan Lajovic y una derrota en presencia de un magnífico Diego Schwartzman que lo dejan falto de preparación, tanto en el aspecto competitivo como en el de vencedor, en comparación con otros primaveras en los que ya a estas jefatura de la temporada de tierra sus piernas y sus enseres volaban sobre el albero y sacaba oropel a trofeos en Barcelona, Montecarlo, Mutua Madrid Open o el propio Foro Itálico.

Sin bloqueo, Nadal siempre será Nadal en Roland Garros. Privilegiado en cualquier circunstancia porque parte de su ADN se queda cada curso impregnado en sus paredes desde que lograra la primera Copa de los Mosqueteros en 2005. Y han pasado 16 primaveras sin que se haya producido más nerviosismo que la del número de su mordisco. Tendrá varios retos en este curso, es cierto, y no solo los rivales. «En los primaveras que he jugado en Roland Garros esta es la vez que las condiciones son más negativas: de articulación, de círculo, de clima, de bolas», aseguró en la previa. Porque son nueve grados, abundancia día sí día todavía, y una pelota nueva que complica todo mucho más.

«Me entrené con ella en Mallorca en verano y era lenta, aquí con frío es como una piedra. Los partidos pueden ser casi más largos que antaño. Cuesta mucho vencer puntos. Se hace pesada, cuesta que coja los enseres. Es la primera vez que esta marca [Wilson, en sustitución de Babolat] hace una fábula para Roland Garros y creo que hay muchas cosas que mejorar. El torneo tendrá que revisar a posteriori porque supongo que la sanidad de los jugadores está por encima de todo y esta fábula es un poquito peligrosa para hombros y codos», expuso el balear en presencia de los medios.

Echará de menos, sobre todo, un clima mejor. Y todavía el de círculo y colorido que llenaba las gradas. «Para competir un torneo al garbo suelto, estamos en una situación término. A 9 grados, al cuerpo le cuesta un poquito; lloviendo casi cada día, con frío, con derrota… Echaré de menos unas condiciones de articulación un poquito más razonables para un torneo de tierra, fábula y demás», reiteró el 2 del mundo.

Sin bloqueo, lo dará todo por adaptarse a las circunstancias y trabajarse opciones de éxito. «Lo que no puede resolver es mi ilusión, mi conducta y mi predisposición de aceptar todos los retos que se presenten e ir superándolos cada día con conocimiento de que las condiciones no son las ideales». Los entrenamientos, explicó, han ido aceptablemente, pero todo se verá a partir del lunes, cuando se enfrente con el bielorruso Egor Gerasimov (83 del mundo en la clasificación ATP).

Será el primer paso para calibrar su puesta a punto en un Roland Garros sombrío y bajo techo, que ya ha estrenado el mallorquín en los entrenamientos, con el fin de adecuarse lo antaño posible al eco de sus pelotazos.

Capacidad de amoldamiento
«Estas condiciones son mas favorables para unos jugadores que para otros. El que tenga más capacidad de amoldamiento tendrá más opciones de éxito. Yo estoy haciendo lo que puedo por tener esas opciones», prosiguió Nadal. Porque el decimotercer mordisco en París todavía será una número con la que alcanzará a Roger Federer, y sus 20 Grand Slams, en la carrera por ser el mejor de la historia. Y con primaveras y ganas de superarlo.

Pero, encima de estos condicionantes adversos, los rivales. Que no tendrán ningún problema en derruir al rey de la tierra en cuanto se despiste un poco. Novak Djokovic asoma el diente a posteriori de un frustrado US Open en el que fue descalificado por un pelotazo a una mediador de estría y con el título en Roma. Encima, nunca lo ha escondido, no quiere perder más oportunidades de sumar Grand Slams y alcanzar al balear y al suizo. A dos del primero, a tres del segundo.

Pero todavía ha cedido un paso al frente, por fin, la nueva engendramiento. Líder tajante, un Dominic Thiem que ya es alto entre los grandes, pues se coronó en el US Open, en presencia de un Alexander Zverev al que le faltó muy poco para dar el moradura definitivo en un torneo de dos semanas y muestra que tiene todo en su sitio para triunfar. Entreambos circulan por el flanco del castellano, con un posible choque en cuartos con el ario, y en unas hipotéticas semifinales con el austriaco, finalista en París en 2018 y en 2019. En ambas ocasiones cayó contra el número 2 del mundo, pero de una a otra dio un brinco de calidad y confianza rubricado en Nueva York.

No le preocupa el clima a Garbiñe Muguruza, contenta con su proceder en Roma, donde perdió en tres sets en semifinales con Simona Halep, y con ganas de emprender en París. «Cuanta más experiencia tienes, sabes manejarte mejor. Este año es mejor que primaveras anteriores. Solo aprendo de lo que no funcionó, lo que funciona ahora. Creo que estoy en un buen sitio para estirar todo lo que pueda el buen tenis». Debuta contra Tamara Zidansek.
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