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¿Quién está al volante y a dónde vamos?

¿Quién está al volante y a dónde vamos?
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«Si le parece excesivamente claro lo que he dicho, es que no lo ha entendido». Esta frase podía parecer de Groucho Marx, sin bloqueo, es de Alan Greenspan, antiguo presidente de la Reserva Federal en respuesta a un congresista.

Igualmente famosa fue su réplica de que «sé que usted cree que entiende lo que piensa que yo he dicho, pero no estoy seguro de que comprenda que lo que ha oreja no es lo que yo quería asegurar». La duda respecto a Greenspan era si decía lo que pensaba o sólo quería preservar la epígrafe en torno a de su jerigonza ambiguo.

Cuando Mervyng King se incorporó en 2003 al Lado de Inglaterra como representante, le pidió al Paul Volcker, por entonces presidente de la Reserva Federal, que le aconsejara sobre cómo encargar en su nuevo cometido, Volcker lo resumió con una palabra: «Ocultación».

King hizo todo lo contrario, transparencia. Las decisiones no se comunicaron como un hecho incontestable, sino que en internet se publicaba la discusión del consejo directivo, incluyendo en ella todos los argumentos a patrocinio y en contra del cálculo realizado, para permitir que todo el mundo pudiera alcanzar a los procesos de toma de decisiones.

¿Puede hacer esto un gobierno en España? Porque sería interesante comprobar hasta qué punto se conoce el funcionamiento de la caudal y si existe la conciencia de que, por otra parte de las encuestas de opinión, que por naturaleza van detrás de los acontecimientos, son muchas las personas que van por delante de estos para poner precio a los riesgos derivados de las decisiones políticas.

Son los mercados, que en palabras de Warren Buffet actúan a corto plazo como una trituradora, pero a grande se comportan como una máquina de sufragar, quienes califican a diario la hecho del gobierno, y cuanto menos transparente sea este, decano es la desconfianza de los mercados.

El intriga no les gusta carencia, por lo que el hecho de que no se conozca con claridad con destino a donde se dirige un gobierno de coalición, con ministros que se contradicen y ocultan información, bajo expresiones un tanto déspotas como «la atrevimiento la ha tomado quien la tenía que tomar», no resulta lo más apropiado para un país que tiene que financiar este año en los mercados 297.657 millones de euros, es asegurar, una carga compartida de 75.000 euros por hogar, o 2.220 euros al año por cada uno de esos hogares. Un cuerpo que obliga a financiarse fuera de España porque el hucha interno no da para tanto.

Se han financiado ya casi 200.000 millones y aún queda una cantidad apreciable hasta esos casi 300.000 millones, por lo que el país no está como para desplantes, o pactos que juegan a ver hasta dónde aguanta la Constitución.

Es costumbre en política ocultar la incertidumbre para proteger a los ciudadanos como si fueran menores de época, pero la concurrencia capta el serie y se vuelve incrédula. Ni en la caudal positivo, ni en la financiera se acepta.

La certeza es una ilusión y estar campechano a la incertidumbre ayuda a evitar crisis, porque puede alertar a los políticos sobre los problemas que vienen.

Quiera el gobierno o no, los tres grandes gestores de fondos indexados, BlackRock, Vanguard y State Street General Advisors, que suman un patrimonio de 15,1 billones de dólares, poseen una proporción significativa de las acciones de empresas estadounidenses y están muy presentes en España, mueven los mercados. A su vez, participan en el accionariado de las tres agencias de rating, que califican la capacidad de reembolso de la deuda de empresas y gobiernos.

Durante la última división, más del 80% de todos los activos que fluyen con destino a los fondos de inversión se han destinado a estos tres fondos.

Si la tenencia se mantiene, en la próxima división la proporción de votos que los «Tres Grandes» emitirían en las empresas del S&P 500 representarían el 34% del total y el 41% de los votos en dos décadas. Podrán dominar las votaciones en aquellas empresas estadounidenses en las que no hubiera un socio de control, y lo mismo puede suceder en España, donde poseen poco más del 6% del Ibex.

Ofrecen todo lo que quieren los ahorradores, igualmente fondos administrados, fondos de cobertura o fondos de renta privado. El plata de clientes en sus manos equivale aproximadamente a la fracción del mercado de títulos de EE. UU., o a todo el mercado europeo. Utilizando el estilo de Greenspan, de dobles negaciones, no parece difícil entender que con esas capacidades no puedan influir en no pocas decisiones que gobiernos y empresas deben adoptar.

Las políticas de intriga y certeza ilusoria dañan la confianza pública en las instituciones, y por otra parte no engañan a nadie. Cuando un apoderado se sienta en presencia de un inversor hay una pregunta que debe entender replicar: cómo se van a originar los ingresos para devolver el préstamo que pide. Si esta parece una cuestión demasiado directa existe otra, por qué merece la pena que invierta en tu país o en tu negocio. La próxima será: ¿Podría el conductor de este transporte compartir con todos nosotros su idea de a dónde vamos y decirnos quién conduce?

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