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¿Qué importancia tienen los aerosoles en las transmisión del coronavirus?

¿Qué importancia tienen los aerosoles en las transmisión del coronavirus?
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Salvador Peiró

El 18 de septiembre los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EE. UU. actualizaban sus guías para inspeccionar que el SARS-CoV-2 puede transmitirse por aerosoles. Este cambio fue retirado el 23, cinco días a posteriori, y hoy ya no se menciona este tipo de transmisión.

La controversia sobre la transmisión por aerosoles no es nueva. En julio, 239 científicos de 32 países, encabezados por la australiana Capea Morawska, firmaban una carta abierta en la que urgían a inspeccionar la importancia de la transmisión por aerosoles. Desde entonces, tanto la Ordenamiento Mundial de la Vigor (OMS) como los gobiernos lo han ido aceptando, aun minimizando su potencial impacto.

El tamaño de las gotas importa, pero no es lo único

Dejemos de flanco el exagerado aventura de transmisión por fómites (objetos y superficies). Igualmente otras vías inciertas o con beocio potencial de difusión (óptico, fecal-oral, derecho y por calostro materna, sexual y por casta).

El modo de transmisión predominante de la Covid-19 es respiratorio. El problema es que la inscripción «respiratorio» tiene a su en torno a una extraordinario controversia.

Algunos científicos defienden el papel casi exclusivo de la transmisión por gotas pequeñas (droplets). Estas serían exhaladas por las personas infectadas y caerían al suelo en minutos. Por ello, solo alcanzarían distancias cortas (de ahí la recomendación de los 2 metros de distancia).

Otros postulan que en la transmisión del SARS-CoV-2 serían determinantes unas gotículas mucho más pequeñas (micro-droplets) en forma de aerosoles (airborne transmission). Estos se mantendrían durante horas en el elegancia y alcanzarían distancias mucho mayores que dos metros.

Parte de este debate se debe a que, por razones históricas y de simplificación conceptual, los epidemiólogos trabajamos con un desfasado entorno dicotómico para las vías de transmisión respiratoria que opone las gotitas (5-10 µm) a los aerosoles (

Sin secuestro, las gotas existen en un rango continuo de tamaños y su capacidad de recorrer distancias y su capacidad infectiva depende de muchas otras variables separado de su talla. Por ejemplo, de la fuerza de radiodifusión, ventilación, tiempo de exposición, temperatura y humedad del bullicio. Incluso se apunta que las características fonéticas de algunos sonidos podrían tener una maduro capacidad de transmisión que otros.

Evidencias que apoyan la transmisión por gotitas

La transmisión por gotitas y en distancias cortas, probablemente con menos evidencia empírico que la transmisión por aerosoles, viene sobre todo avalada por datos empíricos.

Por un flanco, numerosos estudios muestran que buena parte de los casos de Covid-19 están vinculados a contagios directos (persona-persona) con cualquiera cercano; adecuadamente con síntomas, adecuadamente en periodo de incubación. Por eso el seguimiento de los contactos estrechos es la almohadilla de todas las estrategias de trazado de contactos.

Por otro flanco, la dinámica de la transmisión del SARS-CoV-2 es, en universal, mucho más parecida a la de las enfermedades de transmisión por gotitas (como la resfriado, con índices de reproducción R₀ en torno a 2-3), que a las de transmisión por aerosoles (como el sarampión y la varicela, que alcanzan R₀ superiores a 15).

Igualmente, la tasa de ataque secundaria (la proporción de contactos que desarrollan la enfermedad) es demasiado pequeña en los contactos ocasionales para hacer pensar en transmisión por aerosoles. El contagio por SARS-CoV-2 parece requerir cercanía, tiempo de exposición y abandono de protección. Por eso, la definición de contacto angosto para el trazado requiere menos de dos metros de distancia durante más de 15 minutos.

Igualmente, la similar protección ofrecida por mascarillas con muy diferente capacidad de filtrado de aerosoles, apunta con destino a la maduro importancia de la transmisión respiratoria directa.

Evidencias que apoyan la transmisión por aerosoles

Pero igualmente hay numerosas (numerosísimas) evidencias experimentales y datos empíricos que sugieren la importancia de la transmisión por aerosoles, al menos bajo determinadas condiciones.

Docenas de estudios han mostrado que –más allá de los procedimientos generadores de aerosoles como la intubación–, balbucir –sobre todo en voz suscripción–, toser y estornudar producen aerosoles en los que el SARS-CoV-2 puede recorrer distancias mayores de dos metros y permanecer viable en el elegancia durante horas.

Aunque esto no demuestra la infectividad de los aerosoles, que depende de otros muchos factores, si deja muy abierta la posibilidad de transmisión por esta vía.

Del mismo modo, el estudio de algunos brotes en coros, restaurantes, autobuses, residencias y algunos otros lugares, sugiere la importancia de la transmisión por aerosoles en espacios interiores, sobre todo cuando no están adecuadamente ventilados.

Igualmente, el explosivo comportamiento del SARS-CoV-2 en algunos espacios cerrados, como las empresas (cárnicas), centros colectivos (residencias, hospitales, prisiones y otros), discotecas, transporte de larga duración, aun sin descartar la posibilidad de transmisión por gotitas, igualmente sugiere fuertemente la transmisión por aerosoles.

En la hogaño ningún familia verificado niega la transmisión por aerosoles que, por lo demás, es ampliamente reconocida en espacios interiores mal ventilados. Las diferencias estriban en cuánta importancia se le otorga en el conjunto de la transmisión.

La transmisión por aerosoles puede tener implicaciones complejas

Aceptar que los aerosoles tienen un papel generalizado en la transmisión del SARS-CoV-2 tendría un enorme impacto social y crematístico.

Primero, tendríamos que dar el brinco a las mucho mas caras y menos disponibles mascarillas con elevada capacidad de filtración de aerosoles (FFP2 o FFP3 en los estándares de la UE, N95 en los estándares de EE. UU., KN95 en los estándares chinos). Esto sería difícil en los países desarrollados y casi impracticable en el resto del mundo. Quizás sembraría el pánico sin buenas alternativas de protección.

Más difícil todavía: igualmente deberíamos revisar los sistemas de elegancia acondicionado. No solo los del transporte de personas (autobuses, trenes, metros, aviones), sino igualmente los de centros comerciales y empresas. Estos sistemas no siempre serían adaptables al uso de filtros de suscripción eficiencia, dispositivos germicidas u otras tecnologías de control del bullicio. Probablemente igualmente deberíamos emprender reformas estructurales en muchos edificios de uso notorio para respaldar una ventilación suficiente.

En estas circunstancias, y con el presente nivel de incertidumbre sobre la importancia entero de cada vía de transmisión, parece regular que la OMS y las agencias gubernamentales de protección de la vitalidad requieran más evidencias a la transmisión por aerosoles que a la transmisión por gotas –abordable con medidas sencillas: distancia y mascarillas convencionales– o por fómites.

En esta última, más allá del lavado de manos, nadie tiene muy clara la utilidad del «teatro de la higiene», mientras preocupa el impacto ambiental de tanto desinfectante, el consumición que podría ser más útil en otras medidas y la falsa sensación de seguridad.

Ventila y vencerás

Requerir pruebas suficientes a algunos aspectos concretos de la transmisión por aerosoles no debería estar reñido con encarar otros, sencillos y potencialmente muy beneficiosos. Estos requieren menos evidencia para su ampliación y, sobre todo, dificultarían tanto la transmisión por gotas como por aerosoles.

Un ejemplo sería minimizar el número de personas que comparten espacios interiores y el uso generalizado de mascarillas y distancia en estos espacios.

Los espacios interiores, con más o menos aglomeración de personas (bares, restaurantes, metros, autobuses, trenes), incrementan el aventura. Hasta 20 veces más. Una ventilación suficiente lo reduce ostensiblemente. En los centros colectivos, surtir ventilados los espacios asiduamente más cerrados, como habitaciones y baños, igualmente ayuda. Sujetar, en lo posible, la recirculación del elegancia es igualmente buena idea.

Mientras muchas administraciones conservan la curiosa manía de cerrar los parques e imponer duras restricciones en playas, montes y calles solitarias, mantienen abiertos espacios interiores, a veces escasamente ventilados, con aforos importantes y en los que en muchos casos se obvia el uso de mascarillas.

Quizás va siendo hora de acotar menos las actividades al elegancia librado –evitando aglomeraciones y espacios muy tabicados–, que tienen mucho menos aventura de transmisión que los espacios cerrados y, sobre todo, incorporar la ventilación como organización esencial en estos últimos.

Como en otros tiempos decían quienes vigilaban a los jóvenes en los bailes: «¡Que corra el elegancia!».

Salvador Peiró. Investigador, Ámbito de Investigación en Servicios de Vigor, FISABIO SALUD PÚBLICA, Fisabio.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation.

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