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por qué sus ojos podrían estar diciendo mucho más de lo que cree

por qué sus fanales podrían estar diciendo mucho más de lo que cree
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Nigel Holt/The Conversation

Hay muchas posibilidades de que hoy, cuando salga de casa, se ponga una mascarilla que oculte su boca. Esta mascarilla pueda afectar a su capacidad para comunicarse y supone un pelea especialmente difícil para aquellas personas que necesitan ver los labios para entender la conversación.

¿Pero qué pasa con los fanales, que sí que quedan al descubierto? Shakespeare fue el primero que se refirió a los fanales como las ventanas del alma. Y aunque no sé mucho sobre «almas», lo que sí tengo muy claro es que los fanales pueden aportarnos un gran flujo de información.

Por este motivo los jugadores de póker a veces llevan lentes de sol, por miedo a revelar tics, gestos minúsculos, casi imperceptibles, que puedan indicar a los otros jugadores si sus contendientes tienen una mano buena o van de fanfarrón. Todo esto podría reducirse a puro sentido popular, pero lo cierto es que además está respaldado por evidencias científicas.

Nuestras emociones determinan cómo entendemos a otras personas y cómo ellas nos entienden a nosotros. En este sentido, existen investigaciones que han demostrado que es posible interpretar las emociones de las personas a través del investigación de sus fanales. En 2017 investigadores de la Universidad de Cornell mostraron a los voluntarios del tentativa imágenes de fanales que expresaban emociones tales como tristeza, asco, ira, alegría, sorpresa o miedo.

Los participantes lograron un porcentaje de éxito sobrado elevado a la hora de relacionar las palabras que describían los estados mentales con la «expresión de los fanales». Así, los investigadores concluyeron que los fanales proporcionan una información interpersonal básica, y que sus características físicas (cómo están de abiertos o hasta qué punto está fruncida la ceja) revelan datos sobre los diversos estados mentales de la persona.

La neurociencia además tiene cosas que aseverar a este respecto. Sabemos que las personas somos extraordinariamente sensibles a los pequeñísimos cambios que se producen en la dirección de la vistazo. Cuando estamos tratando de determinar en qué dirección mira cualquiera, esto aumenta de forma trascendente la actividad de nuestra amigdalitis, una parte del cerebro que desde hace mucho tiempo se sabe está relacionada con las emociones. Esto demuestra que, además a un nivel neurológico, existe un vínculo entre los fanales y las emociones.

Sabemos, por consiguiente, que la amigdalitis resulta relevante en todo lo que tiene que ver con las emociones. Y interiormente de ello, lo que mejor conocemos es el papel que desempeña en el sentimiento del miedo, así como su mediación en el mecanismo de reacción de «lucha o huida». Investigaciones posteriores han demostrado que la amigdalitis además se activa cuando escrutamos el entorno en escudriñamiento de situaciones en las que una persona podría estar mirando en nuestra dirección, o cambiando la dirección de su vistazo.

Esto podría ser indicativo de la importancia de los fanales a la hora de encontrar a un compañero, expresar interés por otras personas o, a la inversa, identificar amenazas que provengan de otros. En pocas palabras: estamos programados para extraer información de los fanales de los otros; una información que puede ayudarnos a analizar las emociones de los que nos rodean y que por consiguiente nos permite empatizar de forma más efectiva con ellos.

Repertorio de varias emociones
Repertorio de varias emociones

La neuroquímica nos aporta evidencias científicas adicionales sobre la importancia de los fanales. Sabemos que la oxitocina, una hormona producida de forma natural, es importante en nuestras interacciones sociales y que del mismo modo puede tener un papel relevante en el modo en que percibimos las caras de los que nos rodean.

Los investigadores han descubierto que, al mostrarles imágenes de caras, las personas a las que se les había suministrado oxitocina pasaban más tiempo mirando a los fanales que aquellas a las que se les había cubo un placebo. En la medida en que la oxitocina tiene un papel relevante en las interacciones sociales, este hallazgo apunta a que los fanales poseen una gran importancia en el modo en que desplegamos nuestra empatía alrededor de los que nos rodean. Las personas que poseen mayores niveles de oxitocina parece que tienen veterano tendencia a apañarse los fanales de los otros, para empatizar mejor con ellos.

Para los amantes de los perros existen además investigaciones que sugieren que, cuando el perro y el dueño se miran a los fanales, los niveles de oxitocina se incrementan en los dos, lo que podría robustecer su vínculo mutuo. Se proxenetismo de poco que en principio solo ocurre con perros domesticados, en situaciones en las que este tipo de vínculo es importante tanto para la persona como para el animal. Así, en los lobos no se ha detectado este sorpresa.

El ojo no lo cree

Existen, sin confiscación, ciertas cosas que los fanales no nos pueden aseverar. Hay un mito persistente que proviene de la denominada «programación neurolingüística» (NLP, en sus siglas en inglés), un enfoque que a menudo adoptan aquellos que sostienen que puedes valerte de la psicología para obtener delantera sobre otros.

Esta teoría defiende que si cuando cualquiera está hablando mira alrededor de hacia lo alto y alrededor de la derecha, esto, de alguna forma, es indicativo de que miente. Pero cuando los investigadores grabaron a un conjunto de personas contando historias verdaderas y falsas, y luego le pidieron a otro conjunto que intentara detectar las mentiras tan solo mirando los fanales de los que hablaban, no encontraron pruebas de que existiera ningún tipo de vínculo entre el hecho de mentir y el movimiento de los fanales.

Si quiere conocer los sentimientos de cualquiera en un momento en que se imponen las mascarillas, es muy probable que los fanales le ofrezcan las respuestas que está buscando. No hay duda de que podemos retener si una persona está sonriendo mirándola a los fanales, y las sonrisas son muy importantes. Ahora más que nunca.

Nigel Holt es Profesor de Psicología en la Universidad Aberystwyth, Reino Unido.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.

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