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¿Por qué ponerse a régimen es un error? La clave, comer bien día a día

¿Por qué ponerse a régimen es un error? La secreto, ingerir acertadamente día a día
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M.Gayo

El problema es que actualmente comemos peor, más alimentos hipercalóricos, grasas, azúcares libres, sal, y menos frutas, verduras, y fibra dietética, como por ejemplo cereales integrales, según denuncia el dietista-nutricionista de la Pelotón de la Mujer del Hospital Quirónsalud Zaragoza, Ignacio Lillo.

Este avezado destaca que especialmente en el caso de las mujeres, más si cerca de en determinadas épocas de su vida, una comida saludable es más que imprescindible: «La comida es un aspecto secreto para la lozanía y en el caso de las mujeres, dependiendo de la etapa de su vida en la que se encuentren, hay que tener exclusivo cuidado».

A su discernimiento, para sobrellevar una buena comida es más importante el ceñir el consumo de alimentos superfluos, como los refrescos azucarados o la confitería industrial, que el introducir alimentos sanos que están de moda en las redes sociales, como el aguacate, la chía o el brócoli. «El impacto positivo de estos alimentos no compensa lo placa de ingerir productos poco saludables», destaca Lillo.

Y es que, según destaca el entendido de Quirónsalud Zaragoza, hay que poner el foco en la comida durante las siguientes etapas fundamentales de la vida de la mujer: Adolescencia, el apocamiento, la etapa fértil, la menopausia y en la vida más adulta.

En concreto, cita el caso de la menopausia, etapa en la vida de la mujer que surge entre los 45 y 55 abriles y donde se produce una auténtica revolución hormonal, dando superficie en consecuencia una provecho excesiva de peso si la mujer mantiene los patrones alimentarios que practicaba anteriormente.«Hormonalmente, la mujer cambia y esto se traduce en una resistor a la insulina. El azúcar que ingiere se transforma más rápidamente en lípido y tienen en estas edades una provecho de peso que no tenían ayer de la menopausia, cuando hay formas de evitarlo, se puede enseñar», subraya.

En el caso de la vida más adulta, el dietista-nutricionista hace narración a la sarcopenia, una enfermedad que produce la reducción de masa muscular y el aumento del tejido gordo. «Esta pérdida de músculo conlleva el aventura de padecer otras enfermedades, siendo viejo a su vez el aventura de caídas y de roturas de cadera, y que, en definitiva, la persona sea menos independiente», remarca.

Hormonalmente, la mujer cambia y esto se traduce en una resistor a la insulina. El azúcar que ingiere se transforma más rápidamente en lípido y tienen en estas edades una provecho de peso

En este sentido, la Ordenamiento Mundial de la Sanidad recuerda que la dieta saludable ayuda a protegernos de la malnutrición en todas sus formas, así como de las enfermedades no transmisibles, entre ellas la diabetes, las cardiopatías, los accidentes cerebrovasculares y el cáncer. «En todo el mundo, las dietas insalubres y la desliz de actividad física están entre los principales factores de aventura para la lozanía», alerta la entidad sanitaria.

Presentarse a un entendido a tiempo

Por todo ello, Ignacio Lillo anima a que cualquier mujer que desee reconducir su dieta para perder peso no dude en pedir cita en un entendido, recalcando que los centros sanitarios son hoy día instalaciones que han diseñado circuitos diferenciados de coronavirus. En el caso del hospital en el que trabaja, el Hospital Quirónsalud Zaragoza, recuerda que el centro cuenta con la certificación Applus+ Protocolo Seguro frente a la COVID-19, que acredita que cumple con los estándares más exigentes de seguridad en esta pandemia.

«Es mejor no robar el susto en la balanza. Es mejor ir ayer al dietista-nutricionista y que nos enseñe a ingerir acertadamente. Es mejor siempre precaver que curar, aunque yendo luego además hay soluciones, que serán más a prolongado plazo y costarán un poco más, pero las hay», insiste el entendido en dietética y avituallamiento.

Así, reconoce que muchas mujeres acuden a la consulta «a ponerse a régimen», un concepto ya de por sí placa, y que en su opinión no funciona en el medio-largo plazo. «No me vale de nadie que las mujeres se pongan a dieta un mes y luego vuelvan a su comida susodicho. Lo que tratamos de hacer es dar soluciones a prolongado plazo, enseñarle a cambiar la modo de hacer la importación, atendiendo a los gustos de cada paciente y que aprendan a cocinar mejor, utilizando ingredientes más saludables», afirma el miembro de la Pelotón de la Mujer de Quirónsalud Zaragoza.

De hecho, remarca que uno de los objetivos es que la paciente mejore su comida, pero además que disfrute del día a día, incluso en una celebración. «El no poder comerse un postre en una ceremonia por estar a dieta es una tontería. Lo importante son sus hábitos en el día a día», remarca el avezado, al mismo tiempo que insiste en que «debemos cultivarse a ingerir acertadamente de forma habitual y no esperar a tener un problema para asistir al entendido».

Por ejemplo, dice que a la hora de realizar una prescripción de bollo siempre se puede hacer más saludable introduciendo una harina integral o acertadamente de almendra, así como rebajando el azúcar de la prescripción, o incluso sustituirlo por una hortaliza como una zanahoria, o acertadamente por un plátano, que además pueden hacer las veces de edulcorantes. «Debemos retornar a educar a nuestro paladar a unos umbrales de dulzor más moderados. Ayer la fruta nos parecía dulce, y la concurrencia se ha acostumbrado a la confitería y por eso no nos sabe prácticamente a nadie», advierte Ignacio Lillo.

Frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales deben formar la colchoneta de nuestra comida. Y es vivo ceñir la sal, y el azúcar.

Por eso, y de acuerdo con las recomendaciones de la OMS, el entendido de Quirónsalud incide en que los hábitos alimentarios sanos comienzan en los primeros abriles de vida, y se forjan en el día a día. «Frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales deben formar la colchoneta de nuestra comida. Y es vivo ceñir la sal, y el azúcar», añade.

Lillo defiende que es muy importante que la ingesta calórica esté equilibrada con el consumición calórico. «Para evitar un aumento malsano de peso, las grasas no deberían exceder el 35% de la ingesta calórica total, predominando las saludables», recalca, a la vez que aconseja condicionar el consumo de azúcar evadido a menos del 10% de la ingesta calórica total y permanecer el consumo de sal por debajo de 5 gramos diarios (una cucharadita o 5 pizcas).

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