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Pence se impone a Harris por los puntos en un debate sosegado

Pence se impone a Harris por los puntos en un debate sosegado
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Javier AnsorenaJavier Ansorena

El debate entre Mike Pence y Kamala Harris, los dos candidatos a la vicepresidencia de EE.UU., y el que protagonizaron Donald Trump y Joe Biden la semana fueron el día y la sombra. Si este final fue una bronca continua, con interrupciones constantes de Trump y ataques personales en los que asimismo participó Biden, el armonía entre los «segundos de» fue una balsa de óleo.

Lo exigió la moderadora, Susan Page, periodista de «USA Today», desde el principio: «Queremos un debate animado. Pero los estadounidenses merecen una discusión que sea cívica», advirtió antaño de que comenzaran las intervenciones. El debate no solo no resultó animado, fue incluso soso. E inexistente. Porque Pence y Harris no se dedicaron a forcejear, ni la moderadora les invitó a ello. Se limitaron a colocar sus mensajes.

En ese formato, ganó Pence por los puntos. No porque fuera más brillante o convincente que Harris, sino porque venía en desventaja en medio de la oleada de Covid y del positivo de Trump y consiguió repetir mensajes que el votante conservador quiere escuchar y que se pierden en el ruido que rodea a Trump.

La rigidez del debate le favoreció. Hubo mucho espacio para cuchichear de los temas que convencen al votante conservador y moderado: posesiones, recortaduras de impuestos, Tribunal Supremo, policía. Cuando la preguntaba no le interesaba, Pence, sin mover una ceja, respondía otra cosa. La indiferencia de la moderadora y de su rival, que estuvo contenida, le beneficiaron.

Harris sacó partido de los primeros bloques del debate, dedicados a la oleada. Calificó la diligencia de la Sucursal Trump -con Pence al frente del liga de trabajo de la Casa Blanca- como «el viejo fracaso de todas las administraciones en la historia del país» y recordó su relación: los más de 210.000 muertos, los 7 millones de contagios, los millones de empleos perdidos, las empresas que han cerrado… Acusó a Trump y a Pence de memorizar desde finales de enero la pesantez de la oleada y no proceder al respecto. «Lo sabían y lo encubrieron. El presidente dijo que era una pantomima», dijo.

Como respuesta, Pence repitió la defensa habitual de Trump: la suspensión de los viajes desde China logró obtener tiempo y salvó «cientos de miles de vidas» (el presidente prefiere opinar «millones»). No respondió a la pregunta de por qué EE.UU. tenía muchos más muertos per capita que muchos países y dijo, con pomposidad e insistencia, que el presidente «puso las vidas de los estadounidenses primero». Con inteligencia, convirtió los ataques de Harris a su Gobierno en un ataque «a los sacrificios que han hecho los estadounidenses».

«Tener respeto a los estadounidenses es opinar la verdad», contestó Harris. «La ineptitud de esta Sucursal es que no quiso opinar la verdad. Y por eso los estadounidenses tuvieron que hacer grandes sacrificios».

Como era de esperar, la parte dedicada a la oleada es a la que más provecho sacó Harris. En el resto del debate, estuvo contenida y sin ganas de enzarzarse con Pence en ninguna discusión. La senadora demócrata, que fue fiscal universal de California, tiene auge de interrogadora feroz. Pero se dejó las garras en casa. Quizá por yerro de tablas. Quizá porque la campaña de Biden quiso desafiar seguro: las encuestas dan preeminencia a Biden y un traspiés, un ataque exagerado hubiera sido perjudicial. Y uno de sus grandes objetivos es convencer al votante moderado y convencerle de que Biden y Harris no son la izquierda radical que retrata Trump. Una mujer agresiva tiene el aventura de asustar al votante moderado. En el debate, Harris fue todo -o casi todo- sonrisas.

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