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Pence fue el mejor, pero el debate de «segundones» beneficia a Biden

Pence fue el mejor, pero el debate de «segundones» beneficia a Biden
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Javier AnsorenaJavier Ansorena

La mosca que se posó en la cabellera blanca de Mike Pence fue lo más comentado del debate entre candidatos a la vicepresidencia. El estrellato del díptero, sensación en redes sociales toda la indeterminación del miércoles y protagonista de crónicas en los medios serios, es la mejor prueba de que Estados Unidos no está acostumbrado a un debate cívico y convencional, como el que protagonizaron Pence y la candidata demócrata a la vicepresidencia, Kamala Harris. El país está aprehendido a la bronca y al surtidor de escándalos que es Donald Trump, y el debate de ayer era como darle una aspirina al fanático a la heroína.

La indeterminación fue un regreso a la política pre-Trump. Una confrontación entre rivales ideológicos con decoro, aderezado con un par de dardos, alguna frase preparada, interrupciones escasas e intentos de murmurar más de lo que corresponde. Lo habitual hasta que Trump cambió las normas mofándose de la apariencia física de sus rivales en los debates de primarias de 2016.

Pence tenía malas cartas para competir esa indeterminación y salió airoso. El vicepresidente hizo equivaler su triunfo de político disciplinado y mostró tablas para colocar sus mensajes: toda la indeterminación, se centró en los temas populares para su electorado –declinación de impuestos, pertenencias, Tribunal Supremo, respeto a las fuerzas de seguridad, «fracking»– y en los que son impopulares y se vinculan a los demócratas –subida de impuestos, «pertenencias verde», radicalismo de la izquierda–.

Esquivando preguntas

Lo hizo con independencia de las preguntas que le formulaba la moderadora, Susan Page, de «USA Today». Sin mover una ceja, rehusó reponer por qué en EE.UU. hay una tasa de mortalidad por Covid longevo que en muchos países, por qué la Casa Blanca organizó actos como el del 26 de septiembre en el Parterre de las Rosas (donde se cree que se produjeron muchos de los contagioso en el círculo de Trump), si aceptará una transición pacífica si pierden las elecciones (Trump se ha obtuso) o si cree que el cambio climático es efectivo.

Pence se aprovechó del mal papel de la moderadora, que fue, por incomparecencia, lo peor del debate. Le permitió estirar sus respuestas como un chicle, por encima del tiempo establecido, o repetir turno. Nunca repreguntó a los candidatos cuando estos respondían lo que no tocaba.

De esto asimismo se aprovechó Harris, que eludió preguntas incómodas, como la posible ampliación del Tribunal Supremo, que defienden algunos demócratas pero esquiva la campaña de Joe Biden.

En un momento de fuertes turbulencias, incluso para los estándares de esta presidencia, Pence aportó la visión del republicano conservador clásico –un alivio para muchos de sus votantes– a la vez que defendió a Trump.

Harris, por su parte, dedicó sus esfuerzos a combatir al presidente. La demócrata brilló donde tenía más preeminencia: en los bloques dedicados a la oleada que ocuparon la primera parte del debate. «Es el longevo fracaso de cualquier Delegación en la historia de EE.UU.», sentenció sobre la mandato de Trump de la crisis sanitaria y económica. Acusó al multimillonario neoyorquino de «encubrir» la importancia de la oleada a comienzos de año: «La ineptitud de esta Delegación es que no quiso opinar la verdad».

En el resto del debate, Harris estuvo contenida. No mordió con la información fiscal que «The New York Times» publicó la semana pasada sobre Trump, que muestra que el presidente ha pagado muchos primaveras menos que el estadounidense medio. Siquiera utilizó la enfermedad del presidente, que hubiera sido un ataque mal percibido entre el votante moderado. Quizá fue una logística de la campaña de Biden, que postura por no cometer errores.

Contentos con el igualada

Así, el debate acabó como uno de esos partidos de fútbol en los que los dos equipos se van contentos con el igualada. Pence y la campaña de Trump, porque el desempeño efectivo del vicepresidente frena la sangría de malas noticiero y ofrece los mensajes conservadores clásicos que necesita parte de su electorado. Harris y la campaña de Proporcionadamente, porque salen de la cita igual que llegaron, con la creencia de que, si no hay resbalones, la trofeo electoral es suya. Lo hacen apoyados en las encuestas, que muestran que el candidato demócrata ha hendido preeminencia tras el debate desaforado de la semana pasada y el brote de positivos por Covid en el círculo de Trump.

La de Wall Street Journal-NBC le da 11 puntos de preeminencia a nivel doméstico; la de CNN, 16; la de Fox News, 10 puntos, el doble que hace un mes. En los estados decisivos –como Florida o Pensilvania–, la diferencia es mucho más ajustada, pero todavía a valía de Biden.

El debate del martes, que quedará disuelto en la lavadora de noticiero que acompaña al presidente, no cambiará la dinámica de la campaña, lo que beneficia a Biden. Todo se habrá olvidado del duelo entre vicepresidentes en un par de días. Excepto el planeo de una mosca.

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