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Pedro Rodríguez: «First Trump»

Pedro Rodríguez: «First Trump»
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Pedro Rodríguez

«Pesadilla en la Casa Blanca»; «Gran valeverguista: VIP»; «Nadie es inmune»; «La isla de los contagios»; «Washington Shore»; «Operación Pandemia»; «Hotel Covid»; «Master contagiador»; «El virus infiltrado»; «Supervivientes»; «Donald y Melania»; «Sálvame Twitter»; «Mira qué pandemia»; «Cuarentena Express»; «Queer mascarilla»; «Adivina quién da positivo esta indeterminación»; «Mujeres y hombres y carga vírica»…

Como no podía ser de otra forma con Donald Trump –que ya utilizó las catorce temporadas de su popular software «El aprendiz» en la dependencia NBC como precampaña para su brinco a la Casa Blanca– su enfermedad ha terminado por convertirse en un patético reality show. Desde la tardía confirmación de su diagnosis, el presidente ha contraprogramado su tratamiento por el Covid-19 produciendo su propio culebrón televisivo tan sorprendente como mentiroso.

En su electoralista intento de controlar la sinceridad a través de imágenes, el grímpola de Trump se ha basado en su convicción de que enfermedad es igual de pasión. Y para no desentonar con su personaje hiperbólico cuajado de vigoroso y casposo machismo, el episodio culminante hasta la época ha sido su paseíto de 14 minutos por los alrededores del hospital marcial de Washington donde fue ingresado al presentar irónicas dificultades respiratorias (I can’t breath). Una corona-cabalgata a lado de un transporte no solo chapado sino herméticamente sellado contra posibles ataques químicos.

Internamente de la valeverguista tele-realidad de «First Trump», los escoltas del Servicio Secreto son poco más que atrezzo desechable. Y el protocolo que exige el total aislamiento de un contagiado por Covid-19 se convierte en poco opcional. Como opcional ha sido para Donald Trump la mascarilla, la cuarentena, la distancia social y tomarse en serio el perjudicial virus que ya ha costado la vida a más de 210.000 de sus compatriotas.

En cualquier caso, Estados Unidos (y un poco incluso el resto del mundo) necesitan una pronta recuperación de Trump. Ni el impeachment ni el Covid son soluciones aceptables para el gravísimo problema político y la decadencia democrática que este país solamente puede solucionar en las urnas.

Pedro RodríguezPedro RodríguezColaboradorPedro Rodríguez

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