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Nueva Caledonia dice no a la independencia de Francia

Nueva Caledonia dice no a la independencia de Francia
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Juan Pedro QuiñoneroJuan Pedro Quiñonero

A 16.740 kilómetros de París, la colectividad territorial de Nueva Caledonia, con un estatuto particular, en el Pacífico sur, ha vuelto a confirmar, por tercera vez, en treinta y tres abriles, su deseo de continuar siendo francesa, en un referéndum de autodeterminación, celebrado el fin de semana, en el que el 53,3 % de los electores votaron no a la independencia, apoyada por un 46,7 % de los canacos, el nombre con el que se conoce a los habitantes de la antigua colonia.

El presidente Emmanuel Macron se apresuró a propagar un comunicado solemne de «agradecimiento» al pueblo canaco, delante su confirmación de la voluntad mayoritaria de los 271.000 habitantes, de desigual origen étnico, de un archipiélago de pequeñas islas, últimos «confetis» del difunto imperio colonial francés.

Históricamente, algunas de las 28 minorías étnicas de Nueva Caledonia reclaman una «independencia doméstico», que plantearía insondables problemas para el archipiélago, que mal podría sobrevivir sin las perfusiones presupuestarias del Estado francés.

Sucesivos gobiernos franceses aceptaron la celebración de referendos de autodeterminación, en 1987 y 2018. El referendo de este fin de semana confirmó el mismo rechazo mayoritario de la independencia, con un retroceso relativo: el no a la independencia ha «caído» del 56,57 % (2018) al 53,3 %.

Los enfrentamientos históricos entre minorías étnicas partidarias de la independencia y mayoría pro francesa/europea, precipitaron varios baños de familia durante los abriles 80 del siglo pasado, que culminaron con unos acuerdos según los cuales las autoridades locales podían demandar, a partir de 1998, hasta tres nuevos referendos de autodeterminación. Se han celebrado dos referendos, desde entonces. Y Emmanuel Macron se dice dispuesto a cumplir los compromisos de Estado, «si así lo reclaman las autoridades locales».

Nuevas rondas de negociaciones

Jean Castex, primer ministro del Gobierno francés, reaccionó al no canaco a la independencia anunciando nuevas rondas de negociaciones «próximamente». Negociaciones que pueden resumirse de modo muy simple: qué ayudas presupuestarias puede ofrecer el Estado francés a un pequeños archipiélago donde cohabitan hombres y mujeres que hablan una veintena de lenguas distintas, sin entender qué calidad de «independencia» puede tener un pequeño archipiélago de 18.575,5 kilómetros cuadrados (Francia tiene 675.417 kilómetros cuadrados) con una población de 271.000 habitantes, equivalentes a muy poco más de la población del distrito XV de París.

Confirmado un nuevo no mayoritario a la independencia de Nueva Caledonia, la fragmentación de las fuerzas políticas locales complica durablemente una alternativa «definitiva».

El FLNCS (Frente de Escape Doméstico Canaco Socialista) parece abjurar el habla rupturista, limitándose a traer a la memoria la «negociación de nuevos lazos» entre Nueva Caledonia y el Estado francés, «sin renunciar a la plena soberanía». Tras ese habla «a geometría variable», el FLNCS aspira a controlar de modo más directa los 1.500 millones de euros que aporta a fondo perdido el Estado francés a la hacienda almacén. «Detalle» presupuestario que sucesivos gobiernos franceses utilizan como «zanahoria» de control, sin acudir a la «estaca» del enfrentamiento «a cara de perro».

El FLNCS es una coalición de fuerzas políticas locales, unidas en su demanda de viejo «soberanía», coqueteando con China, ocasionalmente, ofreciendo «acuerdos preferenciales» en materia de capital mineros locales, comenzando por la explotación de las minas de nickel, la primera fuente de ingresos locales.

Sin retención, las más importantes minas de nickel y cobalto de Nueva Caledonia están explotadas por una empresa brasileña, deficitaria, desde hace abriles. Empresas australianas, chinas y coreanas estarían dispuestas comprar e cambiar en el nickel canaco. Pero esos acuerdos están hipotecados al entendimiento entre el gobierno almacén y el Estado francés.

Los equilibrios políticos locales y las relaciones con Francia hipotecan cualquier tipo de progreso financiero y negociación.

Estabilidad

En el Congreso almacén, independentistas y anti independentistas están «empatados» a 24 escaños. Y seis personalidades «no inscritas» pueden esconderse en un sentido o en otro, sin posible ruptura mundial. El resultado del referéndum del fin de semana confirma esa estabilidad dejando en suspenso el incierto futuro de Nueva Caledonia.

Cuando el presidente Macron dice «pagar» a la población canaca su rechazo del aventurerismo independentista confirma la determinación francesa clásica: flexible en la forma, férrea en el fondo.

Con sus empresas mineras en crisis permanente, con un turismo muy modesto, con una fragmentación étnica extra, Nueva Caledonia no podría sobrevivir durablemente sin el balón de oxígeno de las ayudas presupuestarias francesas. En tiempos de crisis mundial, Macron utiliza esa «zanahoria» presupuestaria para recapacitar los riesgos catastróficos del aventurerismo indepe.

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