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Ni una sola señal inteligente en diez millones de estrellas

Ni una sola señal inteligente en diez millones de estrellas
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José Manuel NievesJosé Manuel Nieves

Ha sido uno de los mayores intentos llevados a límite hasta la momento. Más de diez millones de estrellas examinadas al mismo tiempo con uno de los mejores radiotelescopios disponibles, en sondeo de la más mínima señal que delate la presencia de seres inteligentes y capaces de utilizar ondas de radiodifusión para comunicarse. Pero no ha habido suerte. El examen detallado de los alrededores de la constelación de Vela, en el hemisferio sur, no ha sido capaz de encontrar ni un solo indicio de tecnología extraterrestre reconocible.

El estudio, llevado a límite con el telescopio Murchison Widefield Array (MWA), en Australia, formado por 4.096 antenas diferentes, ha sido el más amplio y profundo realizado hasta ahora, pero entre sus datos no se ha enemigo ni una sola de las «tecno firmas» que podrían esperarse interiormente del rango de frecuencias en las que opera. Los resultados se acaban de imprimir en « Publications of the Astronomical Society of Australia».

A pesar de ello, los astrónomos Chenoa Tremblay y Steven Tingay, del nodo de la Universidad Curtin en el Centro Internacional de Investigación en Radiodifusión Astronomía (ICRAR), aseguran que sus resultados no son, en tajante, decepcionantes. Muy al contrario, la investigación, cuyo principal objetivo era el estudio de los restos de la supernova Vela, demuestra lo sencilla que resulta la búsqueda de inteligencia extraterrestre al mismo tiempo que se llevan a límite otro tipo de observaciones astrofísicas.

A estas staff, ya nadie duda que encontrar vida inteligente «ahí fuera» no es poco manejable de conseguir. Lo cierto es que no sabemos qué tipo de tecnología podría favor desarrollado una civilización extraterrestre y nos vemos obligados a basarnos en la única tecnología que conocemos, la nuestra. Y en el caso del MWA, eso significa señales de radiodifusión en frecuencias bajas, similares a las de la radiodifusión FM.

En sondeo de ondas de radiodifusión

Aquí, en la Tierra, las ondas de radiodifusión de herido frecuencia pueden «filtrarse» a través de la ionosfera y salir al espacio. De hecho, han sido captadas en más de una ocasión por nuestras propias sondas espaciales, como puede escucharse en esta disco llevada a límite por uno de los satélites Polar, de la NASA, en 1996. Más recientemente, se descubrió que todas esas emisiones están creando una gigantesca «burbuja de radiodifusión» en torno a de nuestro planeta, que se expande en todas direcciones a la velocidad de la luz.

Por eso resulta sensato pensar que si los extraterrestres todavía están produciendo esta clase de señales, y si esas señales son lo suficientemente potentes, sería posible detectarlas con nuestros radiotelescopios, entre ellos el MWA.

«Se tráfico de un telescopio único -explica Tremblay-, con un campo de visión extraordinariamente amplio que nos permite observar incluso millones de estrellas simultáneamente. Lo apuntamos alrededor de el Paraíso en torno a de la constelación de Vela durante 17 horas seguidas. Un pedazo de Paraíso cien veces más pancho y a maduro profundidad que nunca. Pero no encontramos firmas tecnológicas, ni señales de vida inteligente».

Sagacidad desde la Tierra, la constelación de Vela al punto que ocupa una parte minúscula del Paraíso noctámbulo, pero está mucho más concurrida de lo que parece. De hecho, adicionalmente de incluir los restos de la supernova Vela, contiene por lo menos diez millones de estrellas, repartidas en un amplio rango de distancias. Un objetivo, pues, que resultaba ideal para «echar un vistazo» en sondeo de señales tecnológicas.

Una manecilla en un pajar

Con todo, diez millones de estrellas es al punto que una mínima parte de las entre cien mil y cuatrocientos mil millones que hay solo en nuestra galaxia, por lo que el hecho de no favor detectado mínimo no debería, según los científicos, desanimarnos.

En palabras de Tingay, en finalidad, «aunque este estudio ha sido en realidad egregio, la cantidad de espacio que observamos fue el equivalente a tratar de encontrar peces en los océanos de la Tierra buscando solo en el masa de agua equivalente a una piscina».

Lo cual se añade al hecho ya mencionado de que la supuesta tecnología extraterrestre podría no tener mínimo que ver con la que utilizamos en la Tierra, y demostrar en poco que ni siquiera imaginamos que existe. Pero es precisamente por eso, dicen los investigadores, que tenemos que averiguar con todas las herramientas que tenemos a nuestro envergadura.

«Hexaedro que en sinceridad no podemos retener cómo las posibles civilizaciones alienígenas utilizan la tecnología -prosigue Tinglay- nos vemos obligados a averiguar de muchas maneras diferentes». Y una de ellas es escrutar el Paraíso con radiotelescopios en sondeo de señales de radiodifusión. «Aunque queda un extenso camino por recorrer en la búsqueda de inteligencias extraterrestres, los telescopios como el MWA seguirán superando los límites, tenemos que seguir buscando».

Por supuesto, la error de evidencia no significa necesariamente que no haya nadie ahí fuera. Asimismo sería posible, en finalidad, que cualquier retransmisión electromagnética generada por una civilización lejana esté demasiado distante o sea demasiado débil para detectarla.

Ondas de radiodifusión desde 1895

En la Tierra, que es el único ejemplo que conocemos, llevamos generando ondas de radiodifusión, como mucho, desde la primera transmisión en 1895. Lo cual significa que nuestras transmisiones no han podido impresionar mucho más allá de unos 100 primaveras luz de distancia. Las ondas de radiodifusión, adicionalmente, se van volviendo más débiles a medida que se alejan, de forma que, al doble de distancia recorrida, la señal tiene una cuarta parte menos de intensidad de la que tenía en origen. Desde 100 primaveras luz de distancia, pues, las ondas de radiodifusión generadas en la Tierra serían prácticamente indistinguibles del ruido de fondo.

A pesar de todos los inconvenientes, los investigadores ponen ahora sus esperanzas en el nuevo radiotelescopio de bajas frecuencias SKA, que se está terminando de construir en Australia y cuya maduro sensibilidad le permitirá detectar señales de radiodifusión similares a las de la Tierra en sistemas planetarios relativamente próximos.

«Con SKA -asegura Tingay- podremos estudiar miles de millones de sistemas estelares y averiguar señales de tecnología en todo un océano de otros mundos».

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