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«Necesitamos una estrategia industrial para liderar la descarbonización»

«Necesitamos una táctica industrial para liderar la descarbonización»
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BELÉN RODRIGO

Secretario genérico de Energía durante el postrero mandato de Felipe González y presidente de Red Eléctrica de España durante ocho primaveras, Luis Atienza es uno de los grandes expertos en energía de nuestro país, con un perfil que aúna la experiencia institucional y la visión empresarial. El que asimismo fuera ministro de Agricultura, compagina ahora la consultoría en asuntos energéticos con la presidencia de Argo Hacienda. Esta gestora impulsa un fondo de haber de aventura especializado en modificar en pymes de la sujeción de valencia de la transición energética. Atienza se muestra convencido de la gran oportunidad que representa para España la descarbonización. Y aunque reconoce que hay una hoja de ruta y una táctica definida para conquistar los objetivos marcados en el horizonte 2030 y 2050, señala algunos aspectos que se deben todavía mejorar, como una táctica industrial que permita liderar este cambio. Esta gran oportunidad debe traducirse asimismo en un fortalecimiento del tejido empresarial.

—Llevamos muchos primaveras hablando de la transición energética. ¿En qué momento está España en dicha transición?

—Está marcando su rumbo con los dos horizontes que se establecieron a nivel europeo: el horizonte 2030, tareas para esta decenio, y el del 2050, con el objetivo de alcanzar la plena descarbonización. Estamos con una trayectoria suficiente definida y con la carencia de fijar una táctica de más dilatado plazo porque los cambios en el maniquí energético precisan mucho tiempo de maduración y de ejecución. El sistema eléctrico tiene una gran inercia, tiene muchas inversiones en activos existentes que marcan la forma de producir y de consumir la energía para las próximas décadas. Es necesario trabajar con mucha anticipación para renovar nuestra forma de producir energía y para ir cambiando nuestra forma de consumir.

—¿Es un lucha para España?

—Es un lucha pero sobre todo una gran oportunidad. Somos un país sin combustibles fósiles, sin petróleo y gas, y hemos tenido que construir todo nuestro avance importando esos combustibles fósiles, destinando todos los primaveras una parte de nuestra renta a acreditar a los países productores de esos combustibles. En los bienes renovables que se están revelando como los ganadores en la competitividad para las próximas tres décadas, estamos mejor situados que la media, que todos nuestros socios. No tenemos bienes fósiles pero sí mucho sol, más que la mayoría de nuestros competidores, y estamos muy acertadamente dotados de singladura, por nuestras condiciones geoclimáticas.

Tenemos esa gran oportunidad. Si nuestros costes de la energía descarbonizada van a ser menores, si hacemos las cosas acertadamente, mejor que nuestros competidores, nuestros productos van a estar en mejores condiciones de competir y tendremos más facilidad para exportar y originar empleo y renta en nuestro país.

«Nuestra energía fotovoltaica y la eólica son nuestra nuclear francesa, o van a serlo»

—Pero asimismo habrá dificultades…

—Sí, hay retos muy importantes. Descarbonizar todo el sector eléctrico es enredado, cambiar el maniquí de movilidad para uno nuevo más descarbonizado asimismo, así como mejorar o renovar nuestros edificios… y hay que hacerlo acertadamente para rendir este potencial extraordinario. Pero debemos ser conscientes de la oportunidad que representa para nuestro país.

—¿Han cambiado las prioridades de la memorándum política de los países por la pandemia?

—Hay utensilios que juegan a patrocinio de reanimar la transición energética y la sostenibilidad y hay asimismo frenos. Juega a patrocinio, desde el punto de perspectiva sociopolítico, que hay una conciencia longevo social sobre los beneficios públicos y sobre los riesgos asociados, que pueden ser riesgos extraordinarios para nuestra vida. Nos hace más sensibles a los riesgos asociados por no prestar mucha atención a crisis que percibíamos como muy remotas, como el cambio climático. La pandemia contribuye para que sea más importante ahora la calidad de vida, del vendaval, la protección de la naturaleza… Encima la pandemia acelera los cambios tecnológicos que pueden ir a patrocinio de la descarbonización, el teletrabajo, el avance de la digitalización… Son utensilios que juegan a patrocinio.

—¿Será un sector básico para salir de la flagrante crisis?

—Las inversiones en descarbonización son muy aperos para reactivar la patrimonio, implican inversión ahora para sujetar el pago futuro. Y, por otro banda, aprovecha los bajos tipos de interés actuales para financiar los proyectos y potenciar esa inversión en haber productivo. Es proponer, contribuye a relanzar la actividad económica en un sentido sano, aumentando nuestro potencial productivo en inversión, que crea renta en el futuro aprovechando la solvencia. Es una gran oportunidad pero se debe traducir en fortalecimiento de nuestro tejido empresarial, que aprovechen la oportunidad. De antemano estamos en condiciones de hacerlo. Es importante que nuestra industria del automóvil pueda rendir esa transformación, que esta industria sea capaz de participar activamente. Necesitamos una táctica industrial para liderar la descarbonización.

—¿Los objetivos para el 2030 y el 2050 son realistas?

—En el horizonte 2030 hay algunos objetivos con anterioridad más fáciles de conseguir y otros más complejos. En el ámbito de la descarbonización del sistema eléctrico, el objetivo es angurriento, que el 74% de nuestra electricidad sea renovable en 2030, las 3/4 partes, a colchoneta de energía fotovoltaica y eólica, dos tecnologías y bienes donde somos muy competitivos. Pero eso tiene dificultades técnicas porque supone avanzar en sistemas de almacenamiento de ciclo diario como las baterías, pero asimismo en sistemas de almacenamiento de ciclo más dilatado como los sistemas hidroeléctricos regulables, los bombeos, aumentar las interconexiones para compensar la variabilidad de la producción renovable en unas zonas de Europa respecto de otras… Con la regulación y las señales económicas adecuadas, las inversiones en renovables se van a hacer porque son una gran inversión para nuestro país. Nuestro sistema eléctrico basado en fotovoltaica y eólica en el horizonte 2030 va a ser mucho más despreciado que el sistema eléctrico europeo, del centro de Europa, porque somos más competitivos. Nuestra energía fotovoltaica y en cierto modo la eólica son nuestra nuclear francesa, o van a serlo. Las tecnologías van a hacer que el coste medio de nuestro parque de vivientes eléctrica sea más bajo que el coste medio de nuestros competidores europeos. Es una oportunidad, un cambio extraordinario.

«Mi impresión es que la pandemia va a acelerar algunas tendencias de fondo más que frenarlas»

—¿Dónde están las dificultades?

—Hay áreas más complejas, las inversiones en eficiencia energética, en renovación del parque de edificios existente para ser más efectivo, es más difícil de movilizar, pues la visibilidad económica sobre su rentabilidad es más difícil o no se percibe igual, y los actores que deben tomar las decisiones tienen información insuficiente. Es más ligera para los nuevos edificios que modificar el parque existente pero hay que hacerlo. Una de las tareas es aumentar la electrificación de nuestros consumos energéticos porque si estamos en condiciones de conseguir una descarbonización muy importante, no conseguimos avanzar en la descarbonización total si la electricidad sigue representando el 25% de nuestro consumo de energía. Si no conseguimos que la electricidad gane peso en el transporte, tenga más peso en la actividad industrial o en nuestros sistemas de calor y frío en los edificios, difícilmente conseguiremos descarbonizar estos sectores en los que los combustibles fósiles están fuertemente instalados. Se debe cambiar la movilidad para que entre en longevo medida la electrificación porque de lo contrario será difícil conseguir los objetivos. Y a pesar de todos los avances, hay algunos campos en los que el progreso tecnológico todavía no nos ha cubo una respuesta efectivo, competitiva.

—¿Veremos un aumento del autoconsumo?

—El autoconsumo va a aumentar por un autor tecnológico y otro sociológico. La vivientes fotovoltaica es la gran ganadora desde el punto de perspectiva tecnológico en estos momentos, la que más se ha abaratado en los diez últimos primaveras. Y tiene economías de escalera. El expediente solar es muy distribuido y favorece una vivientes muy dispersa y se combina con el hecho de que hay mucha multitud que quiere ser protagonista de su propio acopio energético. Eso va a conceder las inversiones en autoconsumo. Vamos a ver un sistema de mandato de energía más descentralizado y mucho más cercano al consumidor de lo que era el sistema de vivientes de energía de combustibles fósiles, con mucha patrimonio de escalera y con bienes muy concentrados que llevaban a un sistema muy centralizado. El sistema de vivientes de energía basado en las renovables es un sistema que impulsa la descentralización.

—¿Las personas están concienciadas de la carencia de esta transformación energética?

—Todavía estamos metidos en plena pandemia que acapara nuestra atención y nos crea incertidumbre. Estamos en cierto modo paralizados pero mi impresión es que la pandemia va a acelerar algunas tendencias de fondo más que frenarlas. La preocupación por la sostenibilidad y el cambio climático se recuperará con una gran intensidad. La pandemia nos ha devuelto la importancia de lo global. La modificación de la escalera de títulos de nuestras prioridades nos va a dejar un poso a patrocinio del compromiso en la lucha contra el cambio climático. Y las decisiones gubernamentales en materia de descarbonización tienen que mirar muy acertadamente cómo conseguir el mayor resultado con la beocio empapamiento de bienes públicos que van a ser muy escasos. Debemos reflexionar sobre cuáles son las señales económicas o regulatorias que reduzcan la incertidumbre e incentiven las decisiones que hay que tomar. Ser más imaginativos.

«Se debe cambiar la movilidad para que entre en longevo medida la electrificación»

—¿Hay una alternativa al coche eléctrico?

—No hay una alternativa en el horizonte de descarbonización del transporte de viajeros por superficie que no sea la electrificación. Quizás a dilatado plazo el hidrógeno verde, obtenido por electrólisis a partir de la vivientes eléctrica renovable, puede ser un vector importante para la descarbonización en sectores muy difíciles de electrificar. Porque las baterías no tienen la densidad energética para acumular grandes cantidades de energía para el transporte volátil o oceánico. Pero desde el punto de perspectiva de los coches, es la decenio de la movilidad eléctrica. Veremos millones de vehículos, espero que lleguemos a los cinco millones en el 2030, que será el 20% de nuestro parque y tendrá una gran importancia de nuestras ventas. No tengo dudas de que el nivel de progreso de las baterías, que ha escaso un origen y tiene todavía reconvención, se va a acelerar en los próximo 3 o 4 primaveras.

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