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«Nadie sabe cómo lo ha pasado Rafa»

«Nadie sabe cómo lo ha pasado Rafa»
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Enrique YuntaEnrique Pareja

El tono de la frase, que docto no se percibe, esconde muchas cosas, pero las da a entender: «Es que… Nadie sabe cómo lo ha pasado estos meses». Quien deje para TechnoMiz es Carlos Moyà, antiguamente amigo que monitor, puede que la persona más cercana a Rafael Nadal en este terrible año para olvidar. La foto de hoy, la foto de ese Nadal emocionado en París, es el resultado de un alucinación en torno a lo desconocido que tuvo al ya campeón de 20 grandes en ascuas, pues la crisis de la pandemia le afectó muchísimo anímicamente y hasta tuvo dudas. Como siempre, como otras tantas veces, se levantó, se puso a trabajar y el resultado es el que ya se sabe: campeón por decimotercera vez de Roland Garros.

«Obviamente, ha sido un año muy atípico, pero para todos. Entran muchos factores: mentales, de acondicionamiento, de sobrellevarlo de la mejor forma posible, de aventajar los malos momentos… Los ha habido en estos meses, pero teníamos clara cuál era la meta e intentábamos poner eso por encima de todo», relata Moyà, orgulloso de su pequeño. «Y se ha conseguido, la meta era retornar al Rafa de antiguamente, a un Rafa competitivo, disfrutando del tenis…».

Aunque está prohibido dudar de Nadal, algún murmullo hubo porque las cosas no iban aceptablemente. De guantazo, mientras estaba a punto de estrenarse en Indian Wells, se echó el clausura y el planeta quedó paralizado mientras los informativos bombardeaban con noticiario increíbles sobre un virus demoledor. «Ha costado. La parentela que no ve el día a día no ha sido consciente de lo que han sido estos meses. No han sido fáciles, pero bueno. Al final, ha tenido una posición increíble. Se ha podido conseguir con mucho trabajo, el día a día no era ligera. Encima de su comienzo y lo que él podía pensar, estaba la situación que ha afectado a todo el mundo», reconoce Moyà.

Ha sido, pues, un proceso en donde el tenis era casi lo de menos para el clan Nadal, más necesario que nunca un semblante o una buena palabra. El tenista, encima, es una persona sumamente sensible y lo pasó desdichado en los primeros compases de la pandemia, tanto que tuvo que dejar de ver las noticiario y de percibir los periódicos. «Nos ha tocado hacer de psicólogos a todo el equipo. Los que hemos estado el día a día con él no hemos sido trabajadores, hemos tenido que ser muy amigos. Han sido momentos de incertidumbre, momentos difíciles. No había una rutina, sobre todo al principio del confinamiento. No sabíamos cuándo íbamos a retornar, qué torneos se jugaban, cuándo estar preparado… Para un deportista de elite, eso es matador».

Prioridad a la comienzo

Tanto que Nadal, metódico hasta sostener pespunte, perdió alguna costumbre, pero por vitalidad mental. «Dimos total prioridad a la comienzo mientras no tuviéramos el objetivo claro de cuándo íbamos a retornar. Eso suponía que si un día no queríamos entrenar no se entrenaba, si un día quería hacerlo 15 minutos se hacían 15 minutos, si había que entrenar dos días a la semana se hacía dos días a la semana… Dosificando, y dándole tiempo para que pudiera hacer todo lo que se pudiera hacer teniendo en cuenta las fechas, pues luego llegó el desconfinamiento por fases. Una vez que supimos el calendario, ya nos adaptamos para estar preparados», confiesa el monitor.

Y ahí, otro dilema. ¿Se prepara el US Open para luego presentarse a Roland Garros ajustado de gasolina? ¿Aguantará un cuerpo de 34 abriles y tan castigado parecido paliza? «A ver, es arriesgado jugártelo a un solo torneo en tierra rastreo y al instante tener luego Roland Garros. En ese momento creímos que la comienzo de Rafa dictaba eso, que era la mejor opción, y seguimos ese instinto», desvela Moyà para razonar la renuncia a desafiar en Nueva York.

Doscientos días a posteriori, de Acapulco a Roma, Nadal volvió a las pistas y la ilusión fue máxima. «Siempre hay dudas, en los malos momentos especialmente. Pero te abstraes un poco del día a día y desde fuera ves que es Rafa, confías ciegamente en él, en el coraje que tiene, en su valentía, en el que de una forma u otra lo sacara delante. La verdad es que así ha sido. Esto no viene de un día para otro, vas sumando poco a poco hasta que llega un par de semanas antiguamente del torneo y te dices: “Creo que está por el buen camino, está preparado más allá de que gane o pierda, vuelve a tener el escasez y la ilusión”».

Y llegó París, siempre París, pero tan difícil esta vez. «El más dispar, sin ninguna duda», dice Moyà. «Ves el camino a la final y no lo ha parecido tanto, en pista no ha sido el que más ha sufrido, ni mucho menos. Pero el camino al torneo sí que ha sido el más atípico, irrepetible. Una preparación en donde no había un tomo de instrucciones ni una recorrido, hemos ido un poco a ciegas. Pero para todo el mundo. Con Rafa siempre confías en que va a sacar un conejo de la chistera, aunque en verdad no lo costal: si ves el día a día y todo lo que trabaja, te das cuenta de que todo lo que ha conseguido es debido». Hay incluso un tono de emoción en estas palabras. «Ya cuando he trillado tantas cosas… Damos por hecho muchas cosas, y eso puede ser un problema, pero no las hemos tenido todas en estos meses, todo hay que decirlo».

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