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Nadal, listo para otra tarde de gloria en París

Nadal, despierto para otra tarde de salvación en París
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Enrique YuntaEnrique Casal

La celebración, esta vez, es pura exaltación y viene a explicar muchísimas cosas. Es el visaje tan representativo de Rafael Nadal, puños hasta el infinito, ojeada al Paraíso, un lamento de exención que contagia a su parentela. Porque el triunfo, que viene a ser el 99 en este ambiente, implica durar a otra final en París, y dadas las circunstancias solo se puede estar acertado, qué menos. Pero lo que positivamente festeja Nadal es que ha regalado el brinco de calidad necesario para aspirar al decimotercer mordisco en la Philippe Chatrier, iluminado por el sol de mediatarde, lo más parecido al París primaveral de cada año. Posteriormente de poco más de tres horas de un tenis sobresaliente, el castellano, en su mejor día, frena el ímpetu de Diego Schwartzman y queda a un pasito, solo a uno, de abrazar otro monumento en Roland Garros. Novak Djokovic, el longevo de los enemigos, le separa de la cielo (mañana, 15 horas, DMAX y Eurosport).

Pensándolo adecuadamente, puede que ya esté instalado en ella, pero lo que implica vencer mañana es cosa seria. El triunfo centenario en el Bois de Boulogne supondría su vigésimo Grand Slam, y solo Roger Federer ha llegado a una cota tan inscripción. En su día, cuando nació la rivalidad más bonita del tenis, costaba imaginar que habría igualdad en ese aspecto, pues el suizo siempre tuvo beneficio de sobra, pero la progreso de Nadal a lo espacioso de su carrera ha sido asombrosa, tanto que, con 34 abriles, sigue mandando en el circuito con el mismo entusiasmo que cuando empezó. Pespunte percibir sus estadísticas en París y confirmar que llega otra vez a la final sin dejarse ni un solo set por el camino, como en 2007, 2008, 2010, 2012 y 2017. Sus números dan miedo, la verdad.

Soluciones y orden

«Estar en otra final significa mucho para mí y más tras un año tan difícil, posteriormente de todo lo que estamos pasando. Es mi segundo torneo y es una alegría estar en la final de Roland Garros», expone Nadal en caliente, todavía sin tiempo para analizar su partido contra Schwartzman. En verdad no hace yerro porque tiene todos los puntos en la inicio y sabe que, esta vez sí, su cruce ha sido valentísimo desde el principio, puede que con la única pega de no resolver antaño en el tercer set cuando dispone de una rotura a su valía. En cualquier caso, encuentra soluciones en la adversidad y entierra la reacción de Schwartzman –impetuoso por su resistor– en un tie break abrumador, una cuestión de galones, orgullo y orden.

Nadal ha ido de menos a más y ha regalado un paso al frente calibrado cuando era necesario, alegre su tenis ahora que huele a champán. No hubo falta que destacar de sus cuatros primeros partidos y solo el de cuartos, frente a Jannik Sinner, exigió poco más de sudor, igualmente finiquitado por la vía rápida sin que el inicio fuera excesivamente bueno. Schwartzman, quien le tumbó en Roma tres semanas a espaldas, entiende rápido que lo de la Chatrier no será lo del Foro Itálico y se ve siempre en desventaja pese a ofrecer resistor desde el primer diversión, que se prolonga durante 14 minutos. En cualquier caso, en las distancias largas no hay nadie como Nadal, quien acepta grato el debate.

Funcionó por fin el revés cruzado, que escasamente había exprimido, y la derecha parece tener la velocidad de antaño, todo son buenas parte. Por otra parte, no ha consumido demasiada gasolina y llegará con más horas de alivio a la final, tiene su relevancia el cantidad cuando ya sumas 34 abriles. «Estoy en una final y no he perdido un set. Claro que ha habido otros abriles que me sentía más seguro o tenía mejores sensaciones de diversión, pero estar donde estoy tiene más valencia porque las condiciones no son las mejores para mí. La semifinal ha sido mi mejor partido, sin ninguna duda», aporta.

Efectivamente, el curso ha sido tan raro que, por primera vez, Nadal se ha plantado en Roland Garros sin un título previo en la tierra europea, si adecuadamente es cierto que solamente jugó en Roma. Todavía hay mil aspectos que no le benefician en este París (bolas, clima, luz fabricado, techo si hay calabobos…), pero su capacidad para sobreponerse es lo que le hace holgado. «Es muy difícil ganarle aquí, siempre encuentra soluciones», reflexiona en voz inscripción Schwartzman con un tono casi de resignación, incrédulo porque por un momento se vio con opciones de estirar la velada y sin entender cómo estaba recogiendo los enseres. «Hay momentos en los que uno siente que está ahí, que le puedes arrostrar al cuarto, que le vas a aventajar un set, que el partido se está poniendo peleado, que quizás estás dominando los puntos y, de repente, terminó el partido. A muchos otros les ganas los sets y jugadores como él tienen un control muy holgado de casi todo. Lo de Rafa es impresionante. Yo estoy contento por mi semifinal y él va por su torneo número 13 acá, imagínate». Pues eso, una disparate.

En la última periodo aguarda Djokovic, un Djokovic que da miedo. Lleva 37 victorias en este 2020 y solo perdió el partido del pelotazo en Nueva York al terminar descalificado. Desde 2015 que no juegan en Roland Garros (venció el serbio con un Nadal escaso de confianza) y han disputado aquí dos finales, sobra sostener quién se las llevó. «Tengo que mejorar para aventajar la final», advierte el izquierdo, pues sabe que el batalla es mayúsculo. No puede acaecer un postrer combate mejor que éste.

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