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Messi, la imagen del desfallecimiento del Barça

Messi, la imagen del desfallecimiento del Barça
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Sergi Font

Nuevo tropiezo del Barcelona y preocupación en la afinidad azulgrana, que presiente una larga y dura travesía por el desierto con dificultad, no solo para aventajar algún título, sino para conseguir objetivos más mundanos como continuar entre los cuatro primeros para poder disputar la Champions el próximo año. Leo Messi, el capitán, el escudo, el espejo en el que los culés se miran, es el fiel reflexivo, en estos momentos, de un equipo desdibujado, indolente, sin alma, desconocido y con graves problemas de liderazgo y de planificación. Merienda puntos de 24 disputados es una estadística que acento por sí misma. Tres victorias, dos empates y tres derrotas en ocho encuentros con forman al equipo de Koeman como el peor Barcelona de los últimos 25 primaveras. Desde que se instauró el sistema de tres puntos por conquista (temporada 1995-96), nunca los culés habían empezado tan mal.

Messi ya no resuelve los partidos como lo hacía ayer cuando sus compañeros no estaban aceptablemente. Es la dura sinceridad que hasta ahora tapaba el rosarino en la Cinta, aunque no le llegaba para disimular las carencias en Europa, como demuestran las últimas debacles acumuladas en este quinquenio (Juventus, Roma, Liverpool y Bayern). El insigne burofax que envió a finales de agosto pidiendo una salida es el punto de inflexión tras el que se han desatado todos sus demonios. Más allá de su desconocido rendimiento goleador (solo ha impresionado cinco goles, cuatro de ellos de penalti), su imagen adentro y fuera del demarcación de distracción se ha devaluado. Ronald Koeman ha tenido que salir a la palestra a defender actitudes como su paulatino caminar en el postrero minuto en presencia de el Ferencvaros en empleo de presionar el postrero ataque de los húngaros, se le han acumulado las críticas por su relación con Griezmann y mantiene el pulso con el club sobre su futuro, aunque se desentiende de sus responsabilidades como capitán a la hora de comparecer ayer los medios de comunicación para dar explicaciones tras una derrota como la sufrida en presencia de el Existente Madrid o el Gimnástico.

Precisamente, este hecho es un signo de la desintegración del vestuario. Tras la dura derrota de ayer, que deja ya al Barcelona a nueve puntos del Gimnástico, nadie quiso salir a dar la cara. De los cuatro capitanes, tres tenían excusa. Busquets no había viajado a Madrid, Sergi Roberto se acababa de damnificar y Piqué estaba cansado y dolorido tras su esguince de rodilla, aparentemente, muy tranquilo. Pero quedaba Messi, que solo atiende a la prensa en su país, con su selección o cuando le abordan en un aeropuerto. El unidad de prensa, finalmente, consiguió que Pedri, a sus 17 primaveras, analizara el partido y la situación del equipo. Un ejemplo más del poder inusitado de los futbolistas. No hay que olvidar que el club no permitía hasta hace poco que os menores de permanencia concedieran entrevistas. La error de liderazgo todavía pudo hallarse tras perder en presencia de el Madrid (1-3) en el Camp Nou el pasado 24 de octubre. El encargado de dar explicaciones fue Sergiño Dest, un recién llegado.

Sobre el demarcación de distracción, el equipo sigue adoleciendo de los mismos errores que le ha condenado en esta última etapa. Curiosamente, el año en el que se prometió una revolución, Koeman saltó al césped del Wanda Metropolitano con una formación en la que había ocho futbolistas (y Busquets no estaba porque se había dañado con España) que fueron titulares en la ruina en presencia de el Bayern de Múnich. La revolución se quedó en simulacro a causa de las limitaciones económicas. De los que han llegado (Dest, Pjanic,Trincao, Matheus Fernandes y Pedri) solo el canario parece haberse ganadería un puesto en el merienda de confianza del técnico holandés.

El futuro es poco favorable y más tras el alud de lesiones que asolan al equipo. La planificación deportiva ha quedado en evidencia tras la esguince de Gerard Piqué, que deja al equipo huérfano de centrales. Con Araújo recuperándose de sus molestias (aún tiene para diez días) y Umtiti sin poseer debutado por sus crónicos problemas en la rodilla (en el club hay serias sospechas que no jugará en toda la temporada), el Barcelona solo dispondrá de Lenglet para afrontar los próximos partidos. Frenkie de Jong, que era un remedio de necesidad, se convertirá, posiblemente, en el procedimiento habitual para conformar la trasera. No se equivocaba Koeman cuando pidió un central y un punta. Su equipo es benigno en las dos áreas. «Un equipo prócer, como el Barcelona, no puede encajar un gol así en el minuto 47. Nunca te pueden marcar un gol cuando tu tienes el balón», se lamentaba el holandés, que desea que llegue el mercado invernal para que el club atienda a sus peticiones y le traiga a Éric García y a Memphis Depay.

Pero no lo tendrá realizable. El desbarajuste salpica todavía a la planta eximio, donde el desgobierno impedirá que se pueda trabajar el mercado invernal. Sin presidente, el Barça no puede fichar. La grupo gestora no está legitimada para acometer una operación de este tipo. Y las elecciones no se celebrarán hasta el 24 de enero, con lo que el nuevo mandatario solo dispondrá de una semana escasa para poder trastornar un fortuna que no se tiene. Sin tiempo para rehacerse llegará este martes el partido de Champions en presencia de el Dinamo de Kiev, un bálsamo en teoría para los azulgranas, con la clasificación encarrilada, aunque están obligados a limpiar la imagen y ofrecer atisbos de esperanza a una afinidad prontamente desencantada.

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