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más que una adaptación a los nuevos tiempos

más que una acondicionamiento a los nuevos tiempos
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Manuel P. VillatoroManuel P. Villatoro

Quince abriles dan para mucho. Para mejorar texturas, para renovar el completo visual y (lo más importante) para ofrecer una segunda oportunidad a un clásico que, aunque no que no pudo pasar a su antecesor, vendió la friolera de dos millones de copias en tres veranos. Casi ausencia… Con «Age of Empires III: Definitive Edition», los estudios Tantalus Media y Forgotten Empires pueden presumir de tener transmitido un lavado de cara a la dinastía, pero asimismo de tener implementado cambios que mejoran la experiencia de pasatiempo y de tener incluido jugosas novedades capaces de completar un título ya en su momento profundo y extenso.

El «Age of Empires III: Definitive Edition» puede fulgurar con orgullo la ceremonial de «remake». La primera superioridad que ofrece a los fans de la dinastía (y a aquellos que todavía quisiesen hacerse con el pasatiempo de 2005) es la económica. A nivel de contenido, presenta todas las campañas del título flamante y sus dos expansiones («The WarChiefs» y «The Asian Dynasties») por un precio que ronda los 20 euros. Una sigla irrisoria si consideramos, encima, la ingente cantidad de mapas que, ya hace más de una decenio, incluía un título orientado en esencia a los enfrentamientos en diámetro y al modo multijugador.

Pero el peculio no es lo único en lo que destaca. «Age of Empires III: Definitive Edition» incluye dos nuevos modos de pasatiempo. El primero, llamado «El arte de la combate», es una suerte de tutorial que nos permite mejorar como jugadores a través de diferentes retos; poco idóneo para evitar que los novatos en la dinastía se abrumen al tener que enfrentarse a los infinitos menús, opciones, mejoras y barajas de cartas del título. Por otro flanco, ahora es posible sumergirse en contiendas determinantes para el devenir de Europa y América a través de las «Batallas históricas» (una verdadera delicia para los amantes de la historia marcial).

A todo ello se suman dos civilizaciones exclusivas: los incas y los suecos. Mención a parte requiere la reinterpretación que ha hecho de los nativos americanos. Introducidos de harto como estamos en la era de la corrección política, «Age of Empires III: Definitive Edition» se ha propuesto retratar a las tribus que habitaban el Nuevo Mundo con precisión histórica. Para ello, los desarrolladores se han alejado de clichés típicos de películas del «Far West» (hechiceros que hablan con espíritus a través de cabezas humanas atadas en postes, por ejemplo) y han trabajado en estrecha colaboración con expertos en la época.

Con todo, estas novedades no dejan de ser un añadido a los cambios básicos que suelen articular las adaptaciones: los realizados en el apartado croquis. Aunque estos son menos reseñables que los de las anteriores remasterizaciones («Age of empires» y «Age of Empires II», congruo más antiguos), no se puede desmentir que «Age of Empires III: Definitive Edition» luce mucho mejor que hace quince abriles gracias a la resolución 4K y a los nuevos diseños en 3D. Las cinemáticas asimismo han sido reelaboradas, pero, al sustentarse sobre un título con solera, no dejan de ser poco artificiales y, a veces, repetitivas. Los tiempos de carga entre ellas se hacen a veces tediosos.

Por postrero, la costado sonora ha sido asimismo actualizada para la ocasión. No pasa desapercibido para el tahúr de la dinastía que el tema principal guardaspaldas la esencia de los títulos clásicos. Y eso es un punto a crédito. Sin incautación, el doblaje al gachupin peca de fallos más que recurrentes en los videojuegos de nuestra era. A entender: voces que se repiten o tonos que, en ocasiones, se hace difícil asociar con un personaje en concreto. Aunque estas pequeñas taras no evitan que el título se convierta en un principal para los amantes de Age of Empires y una reto segura para los seguidores de la historia y de la táctica.

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