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Mantener la distancia social no basta para no contagiarse de coronavirus

Apoyar la distancia social no hilván para no contagiarse de coronavirus
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Gonzalo López SánchezGonzalo López Sánchez

Al aparición de la pandemia la Estructura Mundial de la Lozanía (OMS) aseguraba que bastaba con lavarse las manos para no contagiarse de Covid-19. Pronto, los estudios científicos la llevaron a cambiar sus guías y a encargar a la población prolongar una distancia de seguridad. Ya en junio, pidió que toda la población usase mascarilla, no sin críticas por la duración con la que respondió delante la aparición de nuevas pruebas científicas.

Hoy, la OMS asegura que el coronavirus se transmite sobre todo a corta distancia. Sin requisa, cada vez hay más evidencias científicas que apuntan a que el virus se transmite a más de un metropolitano de separación, y de que, adicionalmente, puede quedarse flotando en el salero de un circunscripción cerrado. Por consiguiente, no hilván con evitar los contactos cercanos: incluso se hace necesario usar la mascarilla, incluso si se puede prolongar la distancia social, y ventilar estos lugares, ya sean escuelas, aviones, edificios o vagones de metropolitano.

Es cierto que, separadamente de destacar el contagio por contacto cercano, la OMS ya recomienda «evitar lugares y eventos abarrotados, espacios cerrados mal ventilados y el contacto prolongado con otras personas», pero desde hace meses decenas de expertos en aerosoles y en transmisión de enfermedades piden cambios en sus directrices.

«Evidencias abrumadoras»

En julio, 239 expertos publicaron una carta pidiendo a la OMS que reconsiderase sus guías. A principios de octubre, un comentario publicado en la revista « Science», encabezado por Kimberly Prather, investigadora de la Universidad de California en San Diego, defendía que «la atención debe dirigirse a proteger frente a la transmisión aérea» y que hay «evidencias abrumadoras de que la inhalación del virus es la ruta de transmisión principal».

Esquema que explica cómo la mascarilla frena la transmisión de la Covid-19, al frenar aerosoles (en rojo) y gotículas mayores (en verde)
Esquema que explica cómo la mascarilla frena la transmisión de la Covid-19, al frenar aerosoles (en rojo) y gotículas mayores (en verde)

Esta misma semana, un estudio demostraba que los hurones pueden contagiar a compañeros sanos por medio de una corriente de salero, a más de un metropolitano de distancia. En agosto, un estudio detectó coronavirus con capacidad de infectar a 4,8 metros de un paciente. Por otra parte, hay múltiples investigaciones que muestran casos de contagios a una distancia considerable, o en los que una persona pasó el virus a muchas otras. Ésto extremo, conocido como supercontagio, es un engendro que no puede ser explicado por la transmisión a corta distancia, según muchos expertos, y se ha observado varias veces en autobuses o discotecas.

La controversia: aerosoles o gotículas

El origen de esta quizás incomprensible polémica está en la física. En concreto, en la física de las pequeñas partículas en las que los virus viajan de una persona infectada a otra sana. Por una parte, la OMS se centra en la transmisión a corta distancia, a través de «gotas grandes» o gotículas. Son esferas de saliva y flema, cargadas de virus, que se expulsan al toser y estornudar como auténticos proyectiles y que pueden contagiar a otras personas al impactar contra su boca o sus fanales, o al contaminar una superficie, como el pomo de una puerta. Al ser «grandes», la pesantez impide que lleguen muy acullá o que estén suspendidas mucho tiempo.

Aspecto de un aerosol, en comparación con el tamaño de los virus
Aspecto de un pulverizador, en comparación con el tamaño de los virus – Milton, 2020

Sin requisa, los que destacan la transmisión aérea o a anciano distancia se centran en partículas más pequeñas: los aerosoles. Éstos no se lanzan como proyectiles, sino que quedan flotando en el entorno. Por eso, transmiten el virus al ser inhalados y no por impacto, lo que implica que gane peso la importancia de ventilar espacios cerrados, sobre todo porque los aerosoles pueden permanecer suspendidos entre 12 minutos y 10 horas, según las condiciones.

Por el momento, la OMS y los Centros de Control y Prevención de Enfermedades siguen considerando los aerosoles como ruta de transmisión secundaria. Un liga de diez expertos, impulsores de las cartas dirigidas a la OMS, proponen varias recomendaciones: cascar las ventanas, instalar filtros MERV en los sistemas de ventilación, usar aparatos portátiles de purificación de salero, equipados con filtros HEPA, y calibrar la concentración de CO2 con sensores para evaluar la ventilación. De hecho, se recomienda no exceder las 800 partes por millón de este gas, aunque en las aulas españolas se llegan a las 4.000, según un nuevo estudio de la Universidad de Burgos.

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