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Los únicos bisontes expresionistas de la Península Ibérica

Los únicos bisontes expresionistas de la Península Ibérica
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Judith de JorgeJudith de Jorge

Tres cuevas situadas en la colina de Aitzbitarte (Rentería), a unos 20 minutos en coche de San Sebastián, esconden un riquezas rupestre. Más de una treintena de animales, en su mayoría bisontes, algunos caballos y un pájaro, perviven en las paredes. Humanos exactamente iguales a nosotros, Homo sapiens, los grabaron hace 27.000 abriles incidiendo sobre las rocas con una utensilio de sílex. Se tomaron muchas molestias para hacerlo, deslizándose por gateras y estrechos recovecos que incluso hoy ponen en aprietos a los investigadores equipados con material de espeleología. Allí dejaron un arte único, nunca antiguamente pasado en la península ibérica, en el que los animales no son un fiel refleja de la ingenuidad como en Altamira, sino que carecen de perspectiva y parecen expresionistas, con el cuerpo de perfil y las extremidades de frente. Un estilo de iconografía que sus autores eligieron premeditadamente y que anteriormente se creía circunscrito al otro costado de los Pirineos.

«Hace 27.000 abriles, esos artistas conocían la perspectiva, eran capaces de utilizarla, pero tenían unas convenciones autoimpuestas», explica a este boletín Diego Garate, del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria. Así, en los grabados de bisontes, con sus característicos cuernos y jorobas, los cuernos y las patas de los animales aparecen generalmente sin la perspectiva adecuada. Los pares de miembros se representan como una «doble Y» con ambas piernas visibles, y los cuernos se dibujan de modo similar uno al costado del otro con una serie de líneas en el medio.

Dos cabezas de bisonte, fotografía y calco. En la imagen inferior se aprecia un zarpazo de oso de las cavernas
Dos cabezas de bisonte, fotografía y calco. En la imagen inferior se aprecia un zarpazo de oso de las cavernas – Olivia Rivero y Diego Garate

El investigador lo asemeja al arte de los templos egipcios, donde las figuras se muestran a la inversa, con el tronco de perfil y las extremidades de costado. «Sabían representarlas de otra forma, pero la norma era hacerlo así», subraya. Si a algún le viene a la mente las pinturas de Picasso, no va mal dirigido. «De hecho, Picasso se inspiró mucho en el arte paleolítico», subraya.

Las representaciones de Aitzbitarte fueron descubiertas en 2015, pero no es hasta ahora que los investigadores las han sito en la civilización gravetiense, caracterizada por una serie de costumbres específicas en el arte, herramientas de hueso como la punta de tipo Isturitz o de piedra como el graneador de Noailles (los dos yacimientos franceses), y prácticas funerarias de entre 34.000 y 24.000 abriles de decrepitud. Esta corriente artística característica de la presente Francia no se conocía en la Península Ibérica, por lo que los científicos concluyen en la revista PLOS ONE, donde han publicado un artículo con los nuevos hallazgos, que estaba aún más extendida y era más variada de lo que se pensaba anteriormente.

Fotografía y calco de un caballo grabado en la pared derecha de la Cueva de Aitzbitarte III
Fotografía y calco de un heroína litografía en la horma derecha de la Cueva de Aitzbitarte III – O. Rivero y D. Garate

Arte colectivo

«Tienes que tener una gran destreza para controlar el semblante y hacer las líneas curvas de las siluetas de los animales al tiempo que profundizas en la roca», reconoce Garate sobre los autores de estas obras rupestres. Según explica, se trataba de un arte colectivo: «El comediante tenía su inspiración limitada, estaba sujeto a unas normas. Estos grabados pueden ponerse a los Pirineos centrales o a Burdeos y encajan perfectamente». Estos humanos no eran nómadas, cada especie estaba seguro en su distrito, pero compartían una tecnología y una iconografía idénticas. «Esto indica la complejidad de su sociedad, con redes de contacto muy amplias», explica.

En la civilización gravetiense, los grabados se limitan casi exclusivamente a animales, nunca aparecen paisajes ni plantas y rara vez alguna figura humana femenina. En el caso de Aitzbitarte, resulta mono que para las creaciones no se eligieran zonas al gracia expedito ni las entradas de las cuevas, donde todo el mundo pasaba y hacía vida, sino recovecos de difícil camino. «Era un arte restringido. Los autores se jugaban el tipo como paleoespeleólogos, se subían a cornisas de 5 metros de categoría y se metían por sitios que aún hoy nos dan miedo», se asombra el investigador.

Los investigadores acceden al interior de las cuevas donde están las pinturas rupestres
Los investigadores acceden al interior de las cuevas donde están las pinturas rupestres – Sergio Laburu

Vandalismo

Pero, ¿con qué intención se hacían estos grabados? «Esa es la pregunta del millón», admite Garate. A su pleito, puede tener muchas explicaciones y que el arte rupestre fuera tan variado y complicado como el presente, «en el que conviven por ejemplo, el arte oficial de las pinacotecas, los grafitis que desafían la autoridad o los grandes logos controlados por el poder financiero y político».

Precisamente, estas maravillas de las cuevas de Aitzbitarte, desde 2015 cerradas al manifiesto, han sufrido el vandalismo durante abriles. La decano parte de los bisontes están mancillados por grafitis de excursionistas que han querido dejar su nombre y otros asuntos importantes para la posteridad. Hace 30.000 abriles fue una piedra de sílex, hoy una cortaplumas. Quizás el comportamiento humano no cambie tanto a lo desprendido del tiempo, pero el de nuestros contemporáneos parece mucho más prehistórico.

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