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Los test de antígenos para Covid-19: ¿son fiables?

Los test de antígenos para Covid-19: ¿son fiables?
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Ignacio López-Goñi

No hay un test valentísimo. Todos tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Ya hemos explicado en qué consistían los tres tipos de test: PCR, anticuerpos y antígenos. Estos últimos se han puesto de moda luego de que la Comunidad de Madrid anunciara su uso masivo.

Los test que permiten diagnosticar la infección son los basados en la PCR y en antígenos porque detectan directamente el virus (el genoma o sus proteínas). Que den positivo no implica siempre que el virus esté activo y sea infectivo: podemos detectar su genoma o sus proteínas, pero que el virus no esté completo, solo sean restos.

@microbioblog
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Por otra parte, los test de anticuerpos detectan moléculas producidas por nuestro cuerpo cuando estamos infectados, por lo que sirven para evaluar la enfermedad. Dar positivo en estos no significa siempre que seamos infecciosos o que tengamos la enfermedad activa.

El dictamen de una enfermedad no se cimiento solo en un test microbiológico. Estos ayudan, pero el médico todavía tiene en cuenta otros aspectos clínicos, los síntomas y otras analíticas.

Cómo funciona un test de antígenos

Los test de antígenos confirman la presencia del virus al detectar sus proteínas (antígenos). Con alguna diferencia, más o menos todos tienen el mismo fundamento.

Sobre un soporte se fijan anticuerpos específicos que reaccionarán contra alguna proteína del virus. Se suele consumir la proteína de la superficie de la revestimiento (la proteína S), que se proyecta con destino a el extranjero. Si en la muestra hay partículas virales, quedarán fijadas al anticuerpo. Es como si el virus o sus proteínas hubieran sido capturados por el anticuerpo.

A continuación, se añade un segundo anticuerpo contra el virus de modo que se forme un emparedado o sándwich: anticuerpo-virus-anticuerpo. Este segundo anticuerpo estará impresionado o señalado de alguna modo para poner de manifiesto la reacción. Si la reacción es positiva, demuestra que había proteínas del virus. Es asegurar, que la persona estaba infectada.

Las ventajas de este test son su presteza y sencillez. No requiere reactivos caros, ni máquinas, ni personal técnico cualificado. Son mucho más baratos que la PCR. Suelen estar manufacturados como un test de contrariedad: se toma una muestra de la hocico con un palito o de la saliva, se añaden unas gotas de un reactivo que extrae los antígenos del virus, se coloca en el dispositivo y se esperan menos de 30 minutos a que aparezcan las bandas reactivas correspondientes.

Su especificidad (la probabilidad de que una persona sana dé resultado cenizo) es similar a la de la PCR. Esto quiere asegurar que el número de falsos positivos es bajo. Pero su sensibilidad (la probabilidad de que un infectado de resultado positivo) es beocio que la de la PCR.

Esto significa que pueden dar más falsos negativos que la PCR. La PCR es mucho más sensible que la detección de antígenos: mientras que con la técnica PCR podemos durar a detectar una molécula de ARN vírico por microlitro, con los test de antígenos necesitamos miles o decenas de miles de proteínas del virus por microlitro para que el resultado sea positivo.

Entonces, ¿por qué decimos que este tipo de test pueden ser una buena aparejo para el dictamen?

Al tener una sensibilidad beocio que la PCR, los test de antígenos son positivos a concentraciones más altas del virus y eso puede tener su superioridad. Aunque no sabemos qué carga vírico implica que una persona sea o no infecciosa, podemos aceptar que cuanto veterano sea la carga vírico, veterano probabilidad hay de que uno sea contagioso.

Los test de antígenos pueden resultar muy enseres al principio de la infección, cuando la carga vírico es más entrada: unos días ayer de aparecer los síntomas y una semana luego. El problema de la PCR es que es tan sensible que puede seguir siendo positiva varias semanas luego de la aparición de los síntomas porque detecta incluso restos del genoma vírico no activo, no infeccioso.

Los test de antígenos podemos hacerlos con mucha veterano frecuencia: es mejor un test (de poco valor y sencillo) que podemos hacer dos veces a la semana semana, por ejemplo, que otro (más caro y complicado como la PCR) que hacemos cada dos semanas.

El estado de la infección se debe siempre correlacionar con el historial clínico y con otra información diagnóstica. La interpretación de un test siempre hay que hacerla en el interior de un contexto clínico.

Por ejemplo, si el test de antígenos sale cenizo pero la persona tiene algún indicio, se podría combinar con la PCR, mucho más sensible. Los test de antígenos pueden ser una aparejo muy útil en atención primaria. Como pueden repetirse con mucha más facilidad que las PCR, pueden ser una buena alternativa para monitorizar y hacer un seguimiento en determinados grupos o colectivos: residencia de ancianos, centros sanitarios, colegios.

Lo que no tengo tan claro es si estos test son enseres para un cribado masivo de asintomáticos.

Otro tema a tener en cuenta es que existen varias empresas que comercializan test de antígenos. Aunque el fundamento sea similar, los resultados no tienen por qué ser iguales. Los test pueden variar en el tipo de anticuerpos que empleen, la proteína del virus que detectan o el modo de revelar la reacción. La sensibilidad y especificidad pueden ser diferente entre ellos y deberían ayer evaluarse. Recordemos el fiasco de los famosos test rápidos chinos.

Ignacio López-Goñi. Catedrático de Microbiología, Universidad de Navarra.

Este artículo fue publicado en The Conversation.

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