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Los cinco síntomas que alertan de que estás sufriendo un ictus

Los cinco síntomas que alertan de que estás sufriendo un ictus
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Cristina GarridoCristina Lozano

Uno de cada cuatro adultos mayores de 25 primaveras sufrirá un ictus a lo dadivoso de su vida. En España, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), unas 110.000 personas sufren un ictus cada año, de las que al menos un 15% fallecerán y, entre los supervivientes, en torno a un 30% se quedará en situación de dependencia utilitario. El ictus es ya la segunda causa de asesinato en la población española (la primera en mujeres), la primera causa de discapacidad adquirida en el adulto y la segunda de demencia, por detrás del alzhéimer. A pesar de su inscripción prevalencia, todavía mucha multitud no sabe cuáles son las señales de susto del contratiempo cerebrovascular, una información cardinal ya que la crecimiento y pronóstico de esta enfermedad dependen del tiempo en que se tarde en revertir la situación.

Lo primero es entender qué pasa en nuestro cuerpo cuando sufrimos un ictus. «Es una enfermedad que se origina por un trastorno imprevisto de la circulación sanguínea en una zona del cerebro. Cuando la mortandad no llega, esa zona pierde su función. Hay cosas que el cuerpo no puede hacer y esos son los síntomas», explica a TechnoMiz la doctora María Alonso de Leciñana, neuróloga y coordinadora del Conjunto de Estudio de Enfermedades Cerbrovasculares de la Sociedad Española de Neurología. Existen dos tipos de ictus: el infarto cerebral o ictus isquémico que se produce porque un coágulo tapa una arteria y la mortandad no puede fluir; y la hemorragia cerebral o ictus hemorrágico que aparece cuando el vaso sanguínero se rompe y la mortandad se derrama en el cerebro. Uno y otro comparten los mismos síntomas. Solo con que aparezca uno de ellos, hay que avisar al 112:

Pérdida de fuerza o de sensibilidad repentina de la cara, ayuda y/o pierna de un flanco del cuerpo.

Altercado repentina del palabra con dificultad para expresarse o para entender lo que se nos dice.

-La pérdida súbita de visión parcial o total en uno o los dos fanales.

Dolor de capital súbito de intensidad inhabitual y sin causa resultón.

Dificultad para caminar, mareos, pérdida del estabilidad.

Aunque hay ictus muy graves en los que igualmente se ve alborotado el nivel de consciencia, en normal el paciente nota estas señales. A veces, igualmente puede sobrevenir que, aunque no llegue a perder la consciencia, se afecte una zona del cerebro que se encarga de la percepción y el paciente no se dé cuenta de lo que pasa. «Pero estas señales sí van a ser muy manifiestas para el que está enfrente. Por eso es muy importante que las personas que lo rodean sepan cuáles son los síntomas», apunta la doctora Alonso de Leciñana.

Una vez que hemos detectado que nosotros o alguno cercano puede estar sufriendo un ictus, hay que avisar al 112 sin perder tiempo, incluso si los síntomas han desaparecido. «Cuando el cerebro deja de acoger el aporte de mortandad, deja de funcionar y cada segundo que pasa muere tejido cerebral. Cuanto ayer solicitemos atención médica beocio será el daño y mayores las posibilidades de recuperarnos sin secuelas», asegura la neuróloga. Es importante avisar al 112 y no ir al hospital por nuestro propio pie porque el ictus «es difícil de diagnosticar y tratar y los servicios de necesidad saben a qué hospital hay que aceptar al paciente». «Activan el Código Ictus y les llega aviso a los neurólogos de ese centro para que pongan en marcha todo el mecanismo delante de que llegue el paciente», explica la doctora.

Prevención

La buena mensaje es que es una enfermedad que hasta en el 90% de los casos se puede predisponer. Controlar los factores de peligro está en nuestra mano: «No fumar, no escanciarse trinque, evitar el sobrepeso, seguir una dieta mediterránea suplementada con grasa de oliva y frutos secos, reduciendo al mayor el consumo de sal, azúcar, grasas y ultraprocesados; practicar entrenamiento moderado, como caminar 30 minutos al día, y evitar el estrés crónico nos ponen en una mejor situación de salubridad para someter el peligro», recomienda la neuróloga de la SEN.

Es importante someterse a chequeos periódicos para detectar y tratar otras enfermedades que pueden aumentar las probabilidades de tener un ictus, como la hipertensión, la diabetes, el colesterol y algunas enfermedades de corazón, como las arritmias cardiacas. Por otra parte, deber sufrido ya un contratiempo cerebrovascular es un negociador de peligro para tener otro, por lo que estos pacientes tienen que tomarse muy en serio los cambios en su estilo de vida.

La momento igualmente juega un papel secreto. Cuanto más anciano, viejo probabilidad de sufrir un ictus, aunque aproximadamente un tercio de los pacientes tienen menos de 65 primaveras y un 8% está por debajo de los 50 primaveras. «Hay que iniciar a cuidarse desde verde para predisponer la enfermedad, aunque nunca es tarde para mejorar hábitos», asegura la doctora Alonso de Leciñana. Esta experta afirma que las causas en multitud verde pueden tener que ver con una predisposición congénita o con malos hábitos de vida como el consumo de drogas. «Incluso cuando haya una predisposición congénita, aceptar hábitos de vida saludable va a disminuir el peligro», concluye la neuróloga.

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