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Las triquiñuelas del número 1

Las triquiñuelas del número 1
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Laura MartaLaura Marta

Nadie en la Philippe Chatrier, y pocos en el planeta tenis, entendieron el partido que enfrentó a Novak Djokovic y Pablo Carreño. El serbio, vendaje en el cuello, sufrió con su servicio, atenazado por molestias en la zona de la testuz que lo dejaron sin fuerza cuando trataba de impactar la pelota. Dos remates en la red los dejó caer al otro flanco de la pista sin velocidad ni intención. Pero de un minuto para el otro, se convirtió en el animal competitivo que insistente a sus víctimas cuando estas la dejan escapar. Magnífico su nivel, olvidadas las molestias, vencimiento y semifinales de Roland Garros.

«No me sentía correctamente al entrar en la pista, pasaron cosas durante el calentamiento [por la mañana fue atendido por su fisio en esa zona del cuello] y tuve que pugnar con esos problemas. A medida que avanzaba el partido, me sentí mejor. Positivamente no tenía mucha energía en mis piernas o en el movimiento o el maniobra en sí. Me tomó en torno a de set y medio para ponerme efectivamente cómodo y comenzar efectivamente a retar como debería», expuso Djokovic, sin querer entrar en más detalles sobre sus dolencias. «Tuve problemas en el cuello y en el hombro. Positivamente no quiero seguir hablando de esto. Estoy todavía en el torneo y no quiero revelar nadie más».

Acarrea estas dolencias desde agosto, cuando en las semifinales del Masters 1.000 de Cincinnati en presencia de Roberto Bautista incluso fue atendido en esa zona. Se levantó, despachó dos bolas de partido, alcanzó la final y el título. Lo cierto es que ayer no se entrenó en París, cancelada su hora de pista, a la dilación de enfrentarse hoy contra Stefanos Tsitsipas (no antaño de las 17.00).

«Y seguirá pasando»

Para Carreño, el parón para el frotación en el hombro no fue más que una logística, un truco del mago Djokovic para cortar el ritmo del partido. Una de esas triquiñuelas para despistar a las que dice estar acostumbrado el asturiano: «No me sorprendió. Y es poco bueno. Cada vez que está en apuros pide socorro, y eso significa que lo puse en aprietos, que no estaba cómodo, que he conseguido tener un nivel stop y le entraron las dudas. No sé si es poco crónico en el hombro o solo mental. Preguntadle a él. Pero no me ha descentrado, sabía que pasaría, pasó en el US Open y aquí. Y que seguirá pasando», advirtió con media sonrisa de resignación.

Deje el gachupin en futuro y incluso en pasado, pues hubo un tiempo en el que Novak Djokovic era más conocido en el circuito por este tipo de comportamientos que por sus triunfos. Juan Mónaco no se acabó de creer su angustia en el US Open 2007, de la que se olvidó cuando el señalador soplaba a patrocinio. Andy Roddick fue más drástico en Nueva York en 2008: «Puede tener hasta 16 lesiones en un momento, calambres, antrax o enfriamiento aviar y seguir y obtener». Frase que no sentó nadie correctamente al de Belgrado, que acabó diciendo a pie de pista: «Sé que no caigo correctamente, porque se creen que estoy fingiendo todo el rato». Andy Murray lo llegó a atraer «miserable» en 2015, a posteriori de que el serbio fuera atendido por unos calambres de los que se recuperó hasta obtener.

Hoy, Djokovic tiene 17 Grand Slams, 36 Masters 1.000, 289 semanas en lo más stop de la ATP. Podrá sentar mejor o peor, utilizarse para curar el cuerpo o frenar el buen momento del rival, pero la socorro médica entre juegos o entre sets es un derecho que pueden solicitar todos los tenistas. Dolores reales o plan o ambas cosas, todo entra en el maniobra de la logística. Y ahí Djokovic incluso es número 1.

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