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«Las niñas», el último «crush» del cine español

«Las niñas», el posterior «crush» del cine gachupin
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Fernando MuñozFernando Muñoz

Entre los personajes de «Las niñas» y las actrices que las interpretan hay un descolgadero de tiempo y hasta de espacio. Como si fuera una película del Oeste hecha por un forajido de Tokio. «Las niñas» son las debutantes actrices Andrea Fandós, Carlota Gurpegui y Zoe Arnao. Piensan en Tik Tok y deslizan pantallas a ritmo de Instagram. Pero cuando Pilar Palomero grita «energía» y se meten en la piel de Celia, Brisa y Vanessa, la falda del uniforme del colegio de monjas se alarga hasta cubrir las rodillas y la «Súper Pop» sustituye al iPhone.

Cuenta la directora que su película «tiene cierta parte nostálgica», aunque escogió fijarse más en el alucinación de una pupila a punto de entrar en la adolescencia que en recorrer la España de 1992 . «Quise huir intencionadamente de “Yo fui a EGB”, lo interesante es emocionarse con lo que vive Celia». Lo dice pocos días luego de superar la Bisnaga de oro del Festival de Málaga y a escasas horas de su primera vez en la cartelera.

De «Okey Mackey» a «crush»

«Las niñas» viaja a las extramuros de Zaragoza con unas protagonistas en la periferia de su adolescencia. Se hacen mayores al ritmo de Héroes del Silencio y Chimo Rojizo. Es la España de los 90, y mientras el país avanza alrededor de la modernidad, las jóvenes se adentran en la reflexión entre las toses de las primeras caladas a un cigarro: «En la película hay un retrato generacional porque tiene esa idea de memoria compartida», apunta Pilar Palomero, cuya idea para el banderín le llegó al encontrar un cuaderno de sexto de EGB en el que leyó una redacción -después la incluyó en la película- que ni ella misma recordaba. «Me llamó la atención lo anacrónica que era. A raíz de ahí empecé a tirar del hilo, a fisgar, a inquirir en mis saludos y en los de mis amigos y amigas. Cada uno estudió en un tipo de colegio diverso, de ciudad, de pueblos, concertado, manifiesto, de monjas… Pero vi que todos teníamos muchos medios comunes», apunta.

Delante ese «reminiscencia popular» de los hoy adultos, el brinco temporal de las actrices tiene más mérito al descubrir que no les dejaron estudiar el guion. «Les preparamos unas sesiones donde les enseñamos cómo era esa época. Por ejemplo, les dijimos que no podían usar expresiones como “crush” o “bullying”, y les hablábamos del “okey mackey”, del “guay del paraguay”… Ellas improvisaban sobre lo ensayado e integraron muy proporcionadamente las cosas de la época», apunta la zaragozana, que les contaba cosas difícilmente comprensibles para una adolescente de hoy, como una televisión que emitía en «prime time» a las «Mama Chicho», las leyendas urbanas más absurdas que el peor «fake», la controversia del «póntelo, pónselo», el existir sin móvil… «Terminaron por reparar el universo en el que viven sus personajes», se felicita.

Frente a ellas, adentro y fuera del set, Natalia de Molina, que da vida a la mamá de Celia. «Mi papel es un golpazo de verdad y de nostalgia», apunta la protagonista. «Es un homenaje a la carga que muchas madres y hermanas llevaron en silencio», reflexiona. Aunque cuando gritaban «corten», la emoción fue otra: «Las niñas reales flipaban con muchas cosas que se cuentan», sentencia divertida.

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