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las indemnizaciones se han desplomado un 39% en siete años

las indemnizaciones se han desplomado un 39% en siete abriles
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Roberto PérezRoberto Pérez

La indemnización media por despido lleva bajando en España desde 2013. Y el descenso ha sido de órdago: un 39% en seis abriles y medio, según los cálculos del Instituto Franquista de Estadística (INE). Ese promedio se obtiene dividiendo todas las indemnizaciones abonadas entre todos los trabajadores despedidos. En 2013, esa media ascendió a 11.391 euros; en el primer semestre de este 2020, a 6.932 euros. Esta estadística del INE sobre indemnizaciones medias arranca en 2008. Es proponer, hay datos de los últimos 12 abriles, y el promedio del primer semestre de este 2020 es el más bajo de toda la serie.

Entre 2008 y 2011, en la primera etapa de la crisis y antaño de que entrara en vigor la reforma gremial -que abarató el despido-, la indemnización media rondaba los 10.000 euros. Desde 2012 hasta 2014, en el segundo tramo de aquella recesión y con la reforma gremial ya en vigor, la indemnización media rondó igualmente los 10.000 euros. Pero desde entonces no ha dejado de apearse de forma considerable. La caída se ha hecho especialmente acusada desde 2017, curiosamente cuando España se encontraba en plena etapa de crecimiento financiero y de despegue del empleo.

La nueva crisis del Covid que estalló en primavera ha llegado en un momento en el que el coste promedio de despedir es mucho más bajo que el que se daba abriles a espaldas. ¿Por qué? El experimentado en Posibles Humanos José Canseco explica que el coste permitido del despido en España está en la media de los países de nuestro entorno. No destaca ni por exceso ni por defecto. José Canseco, que es profesor de Logística de Personas en EAE Business School, afirma que la explicación de ese resistente descenso en la cuantía de las indemnizaciones hay que buscarla más en las características del mercado gremial gachupin que en el entorno regulatorio.

Poca decrepitud gremial y bajos sueldos

La reforma gremial tuvo su objeto, pero solo explica una porción de esa caída en la indemnización media por despido. El gordinflas radica en otros dos factores de gran peso: cada vez hay más trabajadores con poca decrepitud en la empresa para la que trabajan; y los sueldos de las nuevas generaciones de asalariados, las que se han incorporado al mercado desde la crisis de 2008, son más bajos que los que había antiguamente. Por eso, cuando en esos casos se producen despidos, el coste de la indemnización es escaso, ya que para calcularla se tiene en cuenta la decrepitud en la empresa y el salario bruto que se ha estado percibiendo.

Según la última Indagación de Población Activa (EPA), el 46% de todos los asalariados que hay en España llevan menos de seis abriles en el puesto. Más de un millón de trabajadores no llevan ni siquiera un año en su empleo presente. Y otro millón y medio de asalariados tienen una decrepitud de entre uno y dos abriles.

La reforma gremial de 2012

La reforma gremial de 2012 además alteró la fórmula de cálculo de las indemnizaciones. Ayer de su entrada en vigor, el despido improcedente se indemnizaba con el equivalente a 45 días de sueldo por año trabajado, y la cuantía no podía aventajar el equivalente a 42 mensualidades. Tras la reforma gremial se rebajó a 33 días por año trabajado, con un mayor de 24 mensualidades. Y se suavizaron los mecanismos exigidos para los despidos por causas objetivas -el caso tipo es el de las empresas en pérdidas-, supuestos para los que rige una indemnización de 20 días por año trabajado, con un mayor de 12 mensualidades. Es la misma que se aplica para los despidos procedentes individuales.

José Canseco explica que esas reformas, que allanaron el coste y ciertas condiciones administrativas de los despidos, se aplicaron en un momento en el que España estaba sumida en una profunda crisis. Había muchas empresas a las que les urgía adelgazar plantillas para sobrevivir, y esa reforma trató de brindarles mecanismos que fueran económicamente más viables para recortar sus efectivos.

Aquello, lógicamente, tuvo un objeto directo en las indemnizaciones. Pero las bajas cuantías medias que se dan ahora ya no se explican solo -ni mayoritariamente- por aquella reforma gremial, sino por el mercado gremial que dejó la recesión de 2008. Esa crisis acabó en 2014, pero el mercado gremial ya no ha vuelto a ser el mismo que había antaño de aquel descalabro financiero. Ni es igual en sueldos ni en estabilidad.

Mercado gremial poco dinámico

«Países con mercados laborales dinámicos se pueden permitir indemnizaciones bajas, porque es viejo la probabilidad de recolocarse en menos tiempo. Pero en España eso no ocurre -afirma Canseco- y, encima, tenemos techos de cristal, como el que sufren los trabajadores mayores de 45 abriles, con especiales problemas de recolocación y que a menudo sufren despidos porque las compañías, en vez de tener en cuenta el talento, solo aplican criterios económico-financieros» y prescinden de los salarios con más decrepitud.

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