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La verdadera historia de como el coronavirus llegó a la Casa Blanca y acabó llevando a Trump al hospital

La verdadera historia de como el coronavirus llegó a la Casa Blanca y acabó llevando a Trump al hospital
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David AlandeteDavid Alandete

Cuando el sábado 26 de septiembre minutos antiguamente de las cinco de la tarde la prensa cruzó los pasillos del Ala Oeste de la Casa Blanca y fue conducida por el Servicio Secreto hasta el rosal que hay delante el Despacho Oval, la campo parecía de otro tiempo. Concretamente, el tiempo en que no había una pandemia completo que ha matado a más de un millón de personas. La razón es que había 160 personas sentadas en una decena de filas de sillas blancas, apretadas unas contra otras, sin recoger distancia de seguridad ni aguantar mascarillas. En esta multitud había rico población de peligro, por su existencia descubierta. Eran senadores, ministros, empresarios, reverendos, rectores, la primera dama y hasta el vicepresidente, reunidos para escuchar de primera mano el anuncio de que Donald Trump había seleccionado como candidata al poderoso Tribunal Supremo de EE.UU. a la árbitro Amy Coney Barrett.

Lo que habría en el rosal de la Casa Blanca aquel cálido sábado de finales de septiembre era cualquiera con coronavirus, que se convirtió en un foco de contagio que ha dejado al presidente de la primera potencia mundial en el hospital, su mujer en cuarentena, tres senadores aislados y la campaña electoral en suspenso a menos de un mes del día de votación. La alcaldesa de Washington ya ha puesto el bramido en el Paraíso porque encima en la etapa dos de la reapertura, en la que está en este momento la haber federal, están estrictamente prohibidas las concentraciones de más de 50 personas en espacios al céfiro redimido. Todavía más inquietante fue, sin secuestro, que luego, fuera de las cámaras, Trump y la árbitro Barrett saludaran a los invitados adentro de la Casa Blanca, en la sala dedicada a los recibimientos diplomáticos. El virus asimismo se propagó allí, y hasta la data ha infectado a siete personas, incluido el presidente.

Al día futuro, domingo, Trump preparó el debate electoral que iba a tener punto el martes con dos de sus principales asesores: el exgobernador de Nueva Pullover Chris Christie, que padece sobrepeso y hoy está ingresado por coronavirus, y el exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani, que tiene 76 primaveras y está luego en liga de peligro. Por la tarde apareció con entreambos en la sala de prensa de la Casa Blanca, un diminuto espacio cerrado donde había una veintena de periodistas, la inmensa mayoría con mascarilla y guardando distancia de seguridad. No hubo preguntas sobre la pandemia, centrados como estaban los medios en la revelación del «New York Times» de que a Trump la enunciación de la renta le había saledizo a avalar solo 750 dólares (unos 650 euros) al año en 2016 y 2017.

La distancia salvó a Biden

El lunes, el presidente tomó parte en dos actos públicos al céfiro redimido en la Casa Blanca: la presentación de un nuevo maniquí de camioneta eléctrica hecha en Ohio y una modernización sobre los avances en el tratamiento y la vacuna del coronavirus. En ambas apariciones a Trump, en las que no lució máscara, se le vio admisiblemente de vigor, sin representación alguno del virus que ya comenzaba a incubar. El martes, el presidente viajó con su tribu a Cleveland, la ciudad de Ohio donde tuvo punto el debate presidencial. Su oponente, Joe Biden, estuvo 1,8 metros de él, y por primera vez desde hace décadas no hubo apretón de manos al principio para predisponer contagios, poco que admisiblemente pudo suceder rescatado al demócrata, que tiene 77 primaveras, de contraer el virus. Entre el sabido, la primera dama, que asimismo era portadora del virus, y todos los hijos del presidente tomaron asiento y se quitaron las mascarillas, desobedeciendo las peticiones de los organizadores.

Un momento del debate entre Trump y Biden
Un momento del debate entre Trump y Biden – REUTERS

En el debate, que fue duro y estuvo plagado de interrupciones e insultos, a Trump ya se le vio poco más acalorado que de costumbre, la tez con más transpiración de lo corriente. Por aquel entonces, según la tilde temporal que han ofrecido los médicos que le tratan, el presidente ya sentía poco de sofoco y presentaba una tos poco popular en él. Este es el momento de longevo confusión. El presidente mantuvo en su memorándum un mitin en Minnesota, al que acudió con su equipo de colaboradores más estrechos. Primero subieron al helicóptero Marine One, que les llevó de la Casa Blanca a la saco marcial de Andrews, donde embarcaron en el avión Air Force One. Yuxtapuesto al presidente iba su asesora exclusivo Hope Hicks, que estuvo en el acto de presentación de la árbitro Barrett y asimismo tenía el virus. Nadie lo sabía entonces, pero iba a ser el postrer mitin multitudinario de Trump en una buena temporada. Había 3.000 personas, fue al céfiro redimido, pero el presidente ya no estaba admisiblemente. Normalmente es entregado a musitar más de una hora, pero se limitó a 45 minutos, dando un discurso con una voz a veces ronca, claramente más pálido que de costumbre. En el planeo de regreso, Hope Hicks comenzó a presentar fiebre suscripción. La aislaron en el avión y dio positivo en la prueba.

Según lo que los médicos de la Casa Blanca han revelado ahora, a estas cielo, el presidente ya debía sospechar que podría suceder contraído el virus. Sin secuestro, la presidencia ocultó durante unas horas el positivo de Hope Hicks, que le fue notificado a Trump, según la lectura oficial, pasadas las 13.00 hora circunscrito, cuando subía al helicóptero de camino a su club de golf en Nueva Pullover. A pesar de tener todos los indicios de que tenía el virus, el presidente mantuvo la memorándum: un cóctel con unas 100 personas que pagaron 50.000 dólares por capital para tomarse fotos con él y una estrecha cena con 20 personas que soltaron 200.000 por coyunda para poder musitar cara a cara y tenerle cerca. Lo pagaron asimismo, parece ser, por permanecer expuestos al virus. Posteriormente. El presidente volvió vehemente a Washington y en unas seis horas anunció que había entregado positivo en la prueba de coronavirus y que comenzaba la cuarentena. El viernes fue ingresado.

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