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La UE exhibe unidad ante Johnson y sostiene que el acuerdo para el Brexit aún es posible

La UE exhibe dispositivo delante Johnson y sostiene que el acuerdo para el Brexit aún es posible
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Enrique SerbetoEnrique Serbeto

La situación es tan delicada que el presidente del Consejo Europeo, el belga Charles Michel, pidió este jueves a los líderes de los Veintisiete que le entregasen móviles y tabletas, para impedir que saliese de la sala ninguna información de las deliberaciones sobre el Brexit. Los jefes de Estado o de Gobierno de los miembros de la UE discutieron durante la tarde el mensaje que querían dirigir a Londres y Michel quería evitar que alguno de los dirigentes presentes pudiera dirigir algún mensaje al exógeno que se utilizara por los británicos. Así que lo que salió de la reunión fue sobre todo un apoyo al negociador europeo Michel Barnier, que a su vez declaró que cree que el acuerdo «es posible» todavía, a pesar de la premura de la situación, y que piensa ir a Londres durante el fin de semana, para reanudar las negociaciones lo antiguamente posible.

El nudo de la cuestión está en que el primer ministro sajón, Boris Johnson, había amenazado con ceder cualquier intento de conmover a un acuerdo si la parte europea no movía su posición. En este sentido, el sajón David Frost recibió con «engaño» las parte de Bruselas, a pesar de lo cual nadie en la reunión del Consejo apostaba por que Johnson «rompería la baraja» este viernes y daría por difícil el pacto con sus antiguos socios. Los europeos dan por hecho que adoptará una posición pragmática, aunque sea en el extremo momento.

La plazo del 15 de octubre es muy simbólica, porque inicialmente la había señalado el propio Barnier como frontera mayor para conmover a un acuerdo, de guisa que quede tiempo suficiente para todo el proceso de ratificaciones antiguamente del 1 de enero, cuando está prevista la desconexión definitiva. Junto a memorar que en muchos países esa ratificación se hace vía parlamento y que en algunos casos como Bélgica, tienen que aprobarlo hasta los parlamentos regionales. Por no dialogar de lo que pasó en el propio Reino Unido con la peripecia política para ratificar el acuerdo de divorcio, que necesitó hasta de unas elecciones generales para renovar el Parlamento porque de otro modo no era posible la ratifiación.

Otra cosa es si los europeos acceden ya a acelerar el proceso tanto como para utilizar el «modo túnel» en las negociaciones, que presupòne que las dos partes se pueden reunir y arriesgarse sobre la marcha posibles puntos de convergencia, sin requisito de venir reiteradamente a cada paso a consultar con las partes, aunque manteniéndose en el interior de los márgenes del mandato negociador que habían recibido. Esto se utilizó en la recta final del proceso de elaboración del Tratado de Retirada, el del «divorcio» y algunos países como Francia no quedaron muy satisfechos de lo que se había quedado en el tintero durante las prisas. En todo caso, el mandato de Barnier y su equipo fue reafirmado por los líderes europeos. Fuentes españolas indicaron que luego de esta cumbre ya «no se descarta en inmutable entrar en el «modo túnel» en un momento «no muy remoto».

Seguramente será así, porque los países europeos parecen decididos a optar por preferir un acuerdo aunque sea malo a un no acuerdo, que sería un desastre total para todos. Y, al menos formalmente, se mantienen los requisitos esenciales para Europa que constituyen el principal foco de problemas, aunque en el caso de que los negociadores «entren en el túnel» todo podría ser objeto de una cierta flexibilidad creativa que acabaría en intercambios entre los asuntos fundamentales. El primero es llamado «level playing field», es afirmar las reglas de movilidad comunes para que pueda actuar una cierta fluidez en el intercambio comercial, de modo que las empresas británicas no tengan ventajas sobre las europeas porque se salten los reglamentos que las demás deben cumplir.

Asimismo sigue siendo problemático el tema del paso a las aguas británicas por parte de los pescadores europeos y el presidente francés, Emmanuel Macrón, entró a la sala advirtiendo de que no tolerará que eso no sea así. El problema es que en las regiones costeras del Reino Unido ganó el Brexit por goleada en el referéndum y es muy difícil que los británicos dejen este asunto en un punto en el que los votantes se vayan a advertir menospreciados. Sería un gran problema para el Partido Conservador. A Macron le pasa lo mismo con sus pescadores, con la diferencia de que hay muchos más países que o no tienen costa o están muy acullá del Mar del Ártico y prefieren poder seguir vendiendo coches o maquinaria industrial a los británicos sin aranceles. Una cosa por la otra es poco probable, pero sí es posible que se llegue a dividir el asunto para que las cosas encajen para todos, por ejemplo repartiendo las zonas de pesca.

La frontera irlandesa

Y, sobre todo, queda el tema de la frontera irlandesa, que representa en estos momentos el asunto más espinoso, porque Londres se empeña en aprobar una fuero sobre mercado interior que contradice lo que había firmado en el tratado de Retirada.

Este jueves en la sala estaban, adicionalmente de Michel, los líderes de 26 países, ya que el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, había poliedro positivo por Covid-19 y no ha podido venir a Bruselas.

Asimismo la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, dejó la reunión conveniente a que uno de los miembros de su ministerio ha resultado positivo en un investigación, aunque ella afirma que no está contagiada. Entre una cosa y otra, la cuestión de la discreción con la requisa de los móviles de los presidentes parecía obligada.

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