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La turbulenta era que provocó un salto del comportamiento humano hace 320.000 años

La turbulenta era que provocó un brinco del comportamiento humano hace 320.000 abriles
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José Manuel NievesJosé Manuel Nieves

Durante cientos de miles de abriles, los primeros humanos del valle del Rift, en África Uruguayo, no experimentaron grandes cambios en su entorno. Los numerosos lagos de agua dulce de la región garantizaban el suministro de agua, y los grandes herbívoros vagaban a sus anchas por los amplios pastizales. Pero hace rodeando de 400.000 abriles las cosas cambiaron bruscamente. El paisaje, de pronto, se volvió impredecible y los antepasados de los humanos tuvieron que enfrentarse a situaciones nuevas y complejas, y a una inestabilidad que desafiaba su antigua forma de vida.

Ahora, un equipo interdisciplinar de investigadores liderado por Richard Potts, director del Human Origins Program en el Museo Smithsonian de Historia Natural, en Washington, ha descrito el holgado periodo de inestabilidad sufrido en esta parte de África, que ocurrió al mismo tiempo que los humanos de la región experimentaron profundos cambios en sus comportamientos y culturas. El estudio se acaba de propagar en Science Advances.

El disección del primer núcleo de excavación sedimentario que representa un millón de abriles completo de historia ambiental en el Valle del Rift muestra, en sorpresa, que al mismo tiempo que los humanos abandonaban sus antiguas herramientas en patrocinio de tecnologías más complejas y sofisticadas y ampliaban sus redes comerciales, el paisaje que les rodeaba experimentaba frecuentes fluctuaciones en la cubierta vegetal y el suministro de agua. En otras palabras, los posibles de estar siempre disponibles de forma fiable. Y los investigadores creen que fue precisamente esa inestabilidad en el clima, la tierra y el ecosistema lo que puso a prueba la adaptabilidad de los humanos, impulsando el exposición de nuevos comportamientos y tecnologías.

Potts y sus colegas ya documentaron en 2018 estos cambios culturales basándose en artefactos recuperados en el depósito de Olorgesailie. Décadas de estudio en ese sitio arqueológico permitieron a los científicos vigilar que los humanos de la región habían dependido del mismo tipo de herramientas, hachas de mano de piedra, durante 700.000 abriles. Un larguísimo periodo durante el que su vida fue notablemente estable, sin grandes cambios de comportamiento o estrategias de supervivencia.

Más tarde, sin retención, hace unos 320.000 abriles, los pobladores del Valle del Rift entraron en la llamamiento “Años de Piedra Media”, y empezaron a inventar armas más pequeñas y sofisticadas, incluso proyectiles. Casi al mismo tiempo, dio manifestación el intercambio de posibles con otros grupos distantes y el uso de pigmentos para colorear, lo que sugiere el surgimiento de una comunicación simbólica.

Todos estos cambios, pues, supusieron una significativa desviación de su estilo de vida precedente, poco que, según los investigadores, probablemente ayudó a los primeros humanos a hacer frente a su nuevo y variable entorno.

“La historia de la progreso humana -dice Potts- ha sido una historia de creciente adaptabilidad. Venimos de un árbol genealógico que es diverso, pero todas esas otras formas de ser humano ahora están extintas. Sólo queda una, nosotros, y es posible que seamos la especie más adaptable que haya existido sobre la faz de la Tierra.”

Enormemente adaptables

Si aceptablemente algunos científicos ya habían propuesto que las fluctuaciones climáticas podían, por sí solas, suceder llevado a los humanos a desarrollar esta trascendente capacidad de acomodo, el nuevo estudio indica que las cosas son, en efectividad, mucho más complicadas. Sus disección, en sorpresa, muestran que la variabilidad climática es solo uno de varios factores ambientales entrelazados que, juntos, impulsaron los cambios culturales descritos por Potts en 2018.

Ahora, el nuevo disección revela cómo un clima cambiante, cercano a alteraciones en la cubierta vegetal y la fauna, y además al surgimiento de nuevas fallas adecuado a la actividad tectónica, se unieron para impulsar cambios disruptivos que impulsaron la innovación tecnológica, el comercio y la comunicación simbólica, tres factores secreto de la adaptabilidad y que resultaron ser beneficiosos para los humanos de la región.

Una “brecha” de 180.000 abriles

Al tratar de comprender la importante transición evolutiva descubierta en Olorgesailie, Potts y su equipo se toparon, sin retención, con una gran brecha en la historia ambiental de la región. La deterioro allí, un campo de acción montañosa llena de afloramientos sedimentarios había eliminado, en sorpresa, las capas geológicas correspondientes a unos 180.000 abriles. Y lo había hecho exactamente en el periodo en que se produjo esa transición evolutiva en nuestros antepasados. Por lo tanto, para entrar a ese importante periodo “perdido”, los científicos tuvieron que despabilarse en otra parte.

Allá de desanimarse, Potts y su equipo se las arreglaron para que una empresa de Nairobi perforara la cercana cuenca de Koora, extrayendo sedimentos de tierra a la maduro profundidad posible. A solo 15 km de los lugares de excavación, Koora es una vasta llano cubierta de hierba, y los investigadores no tenían una idea clara de lo que podía suceder debajo. Gracias a la colaboración de los Museos Nacionales de Kenia y la comunidad lugar de Oldonyo Nyokie, se consiguió extraer un núcleo de 139 metros. Y ese cilindro de tierra, de al punto que cuatro cm de diámetro, resultó representar un millón impávido de abriles de la historia ambiental de la región.

Una actividad frenética

A partir de ahí la actividad científica se volvió frenética. Y cercano al equipo de Potts, decenas de investigadores de instituciones de todo el mundo empezaron a trabajar para analizar el registro ambiental que con tanto esfuerzo se había conseguido, y que ahora se ha convertido en el registro ambiental africano más preciso del postrer millón de abriles.

Al trazar las edades de los radioisótopos y los cambios en la composición química y los depósitos dejados por las plantas y los organismos microscópicos en las diferentes capas del núcleo, el equipo logró restablecer las principales características del clima y el paisaje a lo holgado del tiempo. Y descubrieron que tras un holgado periodo de estabilidad, el medio esfera de esta parte de África se volvió mucho más variable hace unos 400.000 abriles, adaptado cuando la actividad tectónica fragmentó el paisaje.

Posteriormente, al integrar la información obtenida del núcleo de excavación con lo aprendido en los fósiles y artefactos arqueológicos, los investigadores descubrieron que todo el ecosistema evolucionó a la vez en respuesta a esos cambios.

Los disección sugieren que a medida que partes de las llanuras cubiertas de hierba se fueron fragmentando a lo holgado de las nuevas fallas, se formaron pequeñas cuencas. Cuencas que eran más sensibles a los cambios en las precipitaciones que las cuencas lacustres, mucho mayores, que había ayer. El dominio elevado además permitió que la aliviadero de agua procedente de lugares más altos contribuyera a la formación y secado de los lagos. Todos esos cambios ocurrieron durante un periodo en el que las precipitaciones se habían vuelto más variables, poco que provocó dramáticas fluctuaciones en el suministro de agua.

Inmediato a los “cortes de agua”, además se produjo un conjunto más amplio de cambios ecológicos. Los investigadores, en sorpresa, descubrieron que la cubierta vegetal de la región además cambiaba repetidamente, alternando entre llanuras cubiertas de hierba y áreas boscosas. Mientras tanto, los grandes herbívoros ya no encontraban grandes extensiones de pasto para alimentarse, y comenzaron a extinguirse, siendo reemplazados por mamíferos más pequeños y con dietas más diversas.

“Se produjo un cambio masivo en la fauna animal precisamente durante el periodo de tiempo en que vemos cambios en el comportamiento humano temprano. Los animales además influyeron en el paisaje a través del tipo de plantas que comían. Y los propios humanos, con sus innovaciones como armas de proyectiles, además afectaron a la fauna. Es todo un ecosistema en pleno cambio, con los humanos como parte de él.”

Finalmente, Potts señala que si aceptablemente la adaptabilidad es un sello distintivo de la progreso humana, eso no significa que la especie esté necesariamente equipada para soportar el imprevisto cambio que la Tierra experimente en el presente adecuado al cambio climático provocado por el hombre. “Tenemos una capacidad asombrosa para adaptarnos -explica el científico- tanto biológicamente, en nuestros genes, como cultural y socialmente. La pregunta, sin retención, es: ¿Estamos creando ahora a través de nuestras propias actividades nuevas fuentes de trastorno ambiental que seguirán poniendo a prueba la adaptabilidad humana?”

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