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La sombra de la deflación aviva los aires de cambio en el BCE

La sombra de la deflación aviva los aires de cambio en el BCE
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Rosalía SánchezRosalía Sánchez

El BCE de Christine Lagarde ya anunció en febrero un proceso similar al que encabeza ahora la FED. Lo que los americanos presentan como una «revolución histórica» (una definición más flexible del dogma de surtir la inflación en el 2%) no toma por sorpresa en Fráncfort. El emisor europeo lleva meses trabajando en una reforma que libere a su consejo de las riendas de ese porcentaje, y el principal problema con el que se encuentra es que está trabajando a ciegas. Los datos con los que cuenta muestran tendencias erráticas adecuado a que la capital está intervenida, allí de un mercado sano en el que los precios los fija el despejado firmeza entre la proposición y la demanda.

«El BCE puede mirar alrededor de otro flanco este mes, pero no por mucho tiempo», admiten fuentes internas

Solo en esta última crisis, el BCE ha puesto en surtido un pantagruélico paquete de negocio de activos de 1,35 billones, sumados a la expansión cuantitativa de 20.000 mensuales y a los 120.000 millones adicionales aprobados al inicio de la pandemia. Esta inundación de plata impide ver los precios reales. Luis de Guindos ha obligado esta misma semana una «elevada incertidumbre con la inflación», que paciencia siga a la víctima en 2020 y repunte en 2021, pero cuyo perfil auténtico está desdibujado por la herencia de Draghi y las inéditas medidas para replicar a la pandemia. Estos datos, aunque para falta reflejan la sinceridad de la capital europea sin el respirador del BCE, muestran la inflación del euro por debajo del 2% desde 2013, omitido el episodio de 2018. El BCE buscaba ya un objetivo más flexible y se ve ahora presionado porque septiembre arranca con el euro a su nivel más parada frente al dólar en más de dos abriles y con las deudas soberanas y privadas disparadas.

Reacción inmediata

Los datos de la inflación europea de agosto, primera fruncimiento desde 2016, han sido aleccionadores para los mercados. La inflación anual ha caído un 0,2%, en empleo de la tímida subida que se esperaba. El reseña subyacente, que elimina el impacto de los precios del petróleo y los alimentos frescos, quedó corto a más de la centro, situándose en el 0,6%. Suenan tambores de deflación. La reacción de la divisa europea, en empleo de esperar a que el BCE tome posiciones en la reunión del consejo del próximo jueves, fue inmediata y superó el miércoles los 1,20 dólares (aunque finalmente cerró la semana en 1,18)

La deuda pública está disparada y lo postrero que la UEnecesita es una deflación que dispare los costes

La alemana Isabel Schnabel, miembro del consejo del BCE, ha tratado de restar importancia a este movimiento y a la subida del 4% del euro este año. «No me preocupa demasiado la cambio de los tipos de cambio», ha dicho, mencionando adicionalmente que los descensos del dólar suelen impulsar el comercio mundial y el crecimiento y sin apuntar a que la principal razón de esa caída del dólar es la atrevimiento de la Reserva Federal de cambiar su objetivo decisivo de política monetaria. La Fed considera ya su objetivo de inflación del 2% como un promedio a liberal plazo y los mercados interpretan que los tipos seguirán a cero durante más de cinco abriles, al menos, y que seguirá comprando bonos para contener los rendimientos a liberal plazo. El euro no podrá resistir esta presión sin subidas que resten competitividad a la capital europea, por lo que el campo de la batalla está pasando de la pelea de divisas a la carrera de los bancos centrales por construir un armadura decisivo que justifique el mantenimiento de los tipos de interés cero y las deudas estatales asequibles. Schnabel se apresura a rehusar comparaciones simplistas: «Lo que es mejor para la Reserva Federal no es necesariamente lo mejor para el BCE». Pero no nos engañemos, la deuda pública está disparada a entreambos lados del Atlántico y lo postrero que necesitan los países es una deflación que acabe aumentando el coste vivo de la deuda con el tiempo. «El BCE puede mirar alrededor de otro flanco este mes, pero no por mucho tiempo», apuntan fuentes internas.

Deutsche Bank paciencia que el BCE consuma la totalidad de su software PEPP de negocio de bonos pandémicos a mediados de 2021 y adopte un objetivo evidente de inflación simétrica del 2% en su propia revisión estratégica, a lo que seguirán nuevos programas de negocio de activos. El economista de Saxo Bank, Christopher Dembik, prevé que la dotación del PEPP se incremente de nuevo a finales de año y que la estimación de la subida del tipo del euro podría abatir la inflación de la zona euro unos 0,5 puntos porcentuales hasta finales de 2020. Daniela Ordóñez, economista de la eurozona en Oxford Economics, paciencia por su parte «que la inflación se mantenga débil y muy por debajo del objetivo del 2%, ya que el poder de fijación de precios de las empresas seguirá siendo menguado, la caída del mercado sindical seguirá siendo sobresaliente y los precios de la energía seguirán estando contenidos». Y «si la inflación básica continúa disminuyendo, la presión sobre el BCE para inflar el soporte monetario aumentará», explica. «La tendencia de la inflación apunta a la víctima. Eso ejerce presión sobre la reunión del consejo del 10 de septiembre», comenta Frederic Ducrozet, economista de la gestora de activos suiza Pictet, que advierte que los precios particularmente bajos de los servicios son especialmente preocupantes.

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