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La ola de contagios amenaza con complicar la renovación del Supremo de EE.UU.

La ola de contagios amenaza con complicar la renovación del Supremo de EE.UU.
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Javier AnsorenaJavier Ansorena

Hace tres días, la perspectiva de una remontada de Donald Trump en la campaña para su reelección era mediano. El presidente tenía en su mano una carta electoral inesperada: la renovación del Tribunal Supremo tras la asesinato de la jueza progresista Ruth Bader Ginsburg. Trump apostó por un reemplazo expedito con una jueza conservadora, Amy Coney Barrett, que recordara al votante republicano lo valioso que es tenerle en la Casa Blanca: asegura una fila ideológica conservadora en el stop tribunal durante décadas.

En la alborada del viernes, el anuncio del positivo por Covid-19 de Trump tiñó de incertidumbre las elecciones. Pero, con el paso de los días y con la oleada de contagios, ha puesto en duda todavía la renovación rápida que buscaban en el Supremo.

Ya son tres los senadores republicanos que han cubo positivo: Mike Lee, Thom Tillis y Ron Johnson. Los dos primeros reconocieron su contagio el viernes, mientras que Johnson lo anunció ayer. Todos están en cuarentena y la proceso de su sanidad es decisiva en la confirmación de Barrett, ya que el Senado tiene reservada esa competencia y la mayoría conservadora es mínima. Los republicanos tienen 53 de los 100 escaños de la cámara inscripción, pero ya hay dos senadoras, Susan Collins y Mújol Murkowski, que dijeron antiguamente de esta oleada de contagios que votarían en contra de impulsar la renovación del Supremo antiguamente de las elecciones.

La ironía es que dos de los senadores -Lee y Thillis- se contagiaron en el acto del pasado sábado en el vergel de las rosas de la Casa Blanca en el que se celebró la nominación de Barrett. Buena parte de los positivos que se han conocido estos días -incluido el presidente y la primera dama- estuvieron en aquella celebración, donde tan pronto como hubo distancia social ni mascarillas.

La confirmación de la nueva jueza es un asunto del mayor calado político. Los nueve magistrados del Supremo tienen cargos vitalicios y la entrada de Barrett supondría una mayoría conservadora de 6-3 en el intérprete extremo del sistema justo estadounidense, con la posibilidad de cambios importantes en, entre otros, la regulación del pérdida, el control al golpe de las armas o la financiación electoral.

Los demócratas han protestado con vehemencia la confirmación exprés de Barrett, a posteriori de que el Senado, todavía con mayoría republicana, se negara en 2016 durante meses a confirmar a un magistrado nominado por Barack Obama.

Torpedear el proceso

La enfermedad de estos tres senadores y su convalecencia podría estrechar las posibilidades para que haya confirmación antiguamente del 3 de noviembre, la cita electoral. El líder republicano en el Senado, Mitch McConnell, aseguró ayer que el pleno recuperará sus sesiones el 19 de octubre. Mientras tanto, Lindsay Graham, el senador que preside el Comité Sumarial, encargado del primer impulso para la confirmación de la jueza, dijo que las comparecencias para ello comenzarán el 12 de octubre, y que se harán de forma posible si es necesario.

Los demócratas protestaron por la intención de tratar de forma remota un asunto de tanta importancia y criticaron a la otra bancada por poner en peligro a los legisladores en medio de un aumento «rampante» de cosas, en palabras del líder de la minoría, Chuck Schumer. Los demócratas buscan torpedear el proceso de todas formas y forzar que no haya una votación hasta a posteriori de las elecciones, con la esperanza de que las urnas les devuelvan la Casa Blanca y la mayoría del Senado. En esas circunstancias, aunque el periodo de sesiones de la coetáneo cámara inscripción iría hasta enero, es probable que haya más defecciones en el edicto republicano.

Por otra parte de la confirmación de Barrett, los contagios de Covid-19 han impactado de satisfecho en los esfuerzos para la reelección de Trump, más allá de su propia sanidad. El viernes se supo que su director de campaña, Bill Stepien, dio positivo. Tendrá que dirigir las operaciones desde su casa. Ayer se sumó a la nómina Chris Christie, exgobernador de New Pullover, coligado de Trump y asesor en la preparación de debates.

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