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La odisea de viajar a pie desde Múnich a París para perseguir la huella de Werner Herzog

La odisea de alucinar a pie desde Múnich a París para perseguir la huella de Werner Herzog
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Fernando MuñozFernando Muñoz

El cine tiene historias fuera de la pantalla tan fascinantes como las que se cuentan internamente. Una de ellas la protagonizó Werner Herzog, un cineasta que hizo del delirio una experiencia cinematográfica y que protagonizó una odisea de película en la vida positivo. Fue en 1974. Herzog caminó desde Múnich a París. 800 kilómetros que recorrió como un acto de fe con el que evitar la homicidio de su mentora, la crítica Lotte Eisner, que languidecía enferma.

El sueño idealista de una aventura romántica –que no amorosa– que el germano recogió a posteriori en «Del caminar sobre hielo», un volumen escrito como en un sueño alucinado saciado de poesía, de pensamientos vitales, de encuentros sorprendentes, de miedo a la soledad en centro del camino… Y de la homicidio temida que esperaba en la meta. Porque Herzog creía, quería creer, que mientras caminara su querida amiga seguiría respirando. Y, las cosas de la vida, cuando Herzog se encontró con ella la homicidio le había cubo una prórroga que no se cobraría hasta nueve primaveras a posteriori. «Bahía las ventanas, desde hace unos días puedo demoler», le dijo Herzog mínimo más verla.

Ahora, el cineasta Pablo Maqueda replica en el documental «Dear Werner» ese delirio entre Múnich y París. No hay tragedia esta vez, sino un homenaje a Herzog y al cine en forma de carta. «La idea de hacer esta película era un espectro que de pronto se hizo sinceridad», apunta Maqueda. «La película nace de la frustración que se genera en el cine cuando intentas alborotar una película. Por eso me refugié en un tesina así, uno que puedes afrontar sin las presiones del mercado», celebra un autor que todavía recuerda «fascinado» la primera vez que leyó «Del caminar sobre hielo». «La imagen del cineasta solo en la niebla es una metáfora perfecta del camino de la creación», señala, porque el cine es más el caminar en la niebla que en la esterilla roja.

Pablo se animó a «esta insensatez herzogiana», a este caminar en soledad, como un homenaje a los cineastas que se quedan por el camino: «Tendemos a pensar en imagen, pero los proyectos fracasados además nos definen». «El valencia de esta película está en lo vivido, no en su presupuesto. He aprendido que por muy mal que me vayan las cosas, siempre podré hacer cine con mis fanales solo por el placer de caminar», celebra un director que estrenará en unos meses «La desconocida», con los ganadores del Goya Eva Llorach y Manolo Solo.

La sombra del creador

Dice pablo Maqueda que nunca pensó que su carta de bienquerencia y inspección a Herzog, su «Dear Werner», llegara a su destinatario. «Era una forma de rezar a un Altísimo sin esperar respuesta», confiesa. Pero sí hubo respuesta.

«Herzog me dijo que le recordaba a él cuando rodó “Nosferatu” como homenaje a Murnau», recuerda emocionado Pablo Maqueda. La presencia del cineasta germano se descubre como una sombra que atraviesa la película pero que no se hace nunca corpórea. Solo a través de la voz. Herzog se animó a participar en la película leyendo pasajes de «Del caminar sobre hielo». «Le gustó que hablara de mí a través de él», apunta, y recuerda el consejo que el propio profesor le dio: «Me dijo que la película no hubiera funcionado si él aparecia porque él es un espectro que pasa por todas las escenas». Sin incautación, si no hubiera habido pandemia, el colofón hubiera sido muy diferente. Maqueda había cerrado una entrevista caminando con Herzog en Londres, a orillas del Támesis. Pero el coronavirus cambió los planes y, en este caso, ayudó a redondear la película. Aunque Maqueda tiene claro que, en cuanto pueda, irá a conocer al cienasta en persona.

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