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La nueva normalidad dispara el interés por las viviendas con «todo incluido»

La nueva normalidad dispara el interés por las viviendas con «todo incluido»
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CHARO BARROSO

Si las historias que discurrían entorno a la piscina de una colonia de boato dieron argumento para siete temporadas de la serie Melrose Place, ni imaginar lo que podría dar de sí en los espacios comunitarios de muchas de las nuevas urbanizaciones que se levantan en España: salón de belleza, sala gastrónomo, bar, estadio, sala de fisioterapia, campo de golf, sala de juegos zona de running, huerto urbano y hasta sala de cine.

La demanda de viviendas con estos espacios se ha acentuado tras el confinamiento. «Los usuarios han comenzado a valorar más el tiempo que pasan en casa y reflexionan sobre los principios de los que quieren disponer, incluyendo las zonas comunes. Y, por otro flanco, el auge del teletrabajo, y la consiguiente reducción de los desplazamientos a la oficina ha provocado que gran parte de la demanda se traslade del centro de los núcleos urbanos a la periferia en indagación de una casa más amplia, con más zonas verdes y más servicios interiormente de la colonia», señala Cristina Ontoso, directora comercial de Vía Célere.

La salas de cine son un nuevo valor en alza en nuevas urbanizaciones
La salas de cine son un nuevo valía en elevación en nuevas urbanizaciones

Una tendencia cada vez más clara, como refrenda Jesús Duque, vicepresidente de Alfa Inmobiliaria, quien reconoce que tras la Covid «cada día son más las peticiones de clientes interesados en encontrar viviendas con servicios comunitarios más sofisticados. Hasta hace unos primaveras, se valoraba tener carmen, piscina o pista de pádel. Hoy se piden viviendas con piscina de invierno, zona de bodega, cafetería, zona social o incluso huerto urbano».

Cristina Ontoso explica que «las zonas comunes son una característica muy valorada. Se proxenetismo de un medio muy útil para compaginar la vida profesional y profesional, especialmente en un día a día que cada vez más está repleto de actividades y estrés. El hecho de contar con un estadio en tu colonia, una sala de estudio o de trabajo, una piscina, una peluquería o una sala de cine, permite evitar desplazamientos y optimizar el tiempo de ocio». Por ello, desde hace tiempo en muchas de sus promociones han ido incorporando casi de todo: sala social «gastrónomo», zonas infantiles tematizadas, tirolina… Sus últimas incorporaciones: un espacio de lozanía equipado con reanimación cardiovascular, toma de tensión o dispositivo para evitar atragantamientos;y una «guest house», un piso que los propietarios pueden reservar para percibir a sus invitados.

Los espacios comunitarios pueden suponer un economía de hasta 10.000 euros al primaveras

«El concepto de vivienda ha cambiado. Si correctamente hace unos primaveras se perdió esa sensación de comunidad que tenían nuestros abuelos, en la hogaño la sociedad tiende a protestar nuevos espacios y puntos de lucha con sus vecinos. No se proxenetismo solo de mejorar la calidad de vida de los propietarios, sino dotarles de herramientas para solucionar y potenciar además su vida social en un entorno distendido, controlado y cómodo», señala.

Y aunque estos espacios pueden suponer un incremento en el precio de adquisición de la vivienda, a la larga representan un economía. Así lo señala un estudio realizado por Vía Célere, que concluye que suponen un economía financiero para los usuarios de entre 580 y 830 euros, es proponer de hasta 10.000 euros al año. «Estas cifras se basan en el pago medio que implica para una grupo, entre otras actividades, ir al estadio, resistir a los niños a la jardín de infancia, salir a yantar o ir al cine en España, cuestiones que podrían realizar de forma gratuita en las zonas comunes», aclara Ontoso.

Salas para los más pequeños no pueden faltar en los nuevos proyectos
Salas para los más pequeños no pueden eludir en los nuevos proyectos

Desde AEDAS Homes, Pablo Rodríguez-Losada, director comercial y de marketing, explica que «la promoción residencial de obra nueva ha democratizado un tipo de vivienda con equipamientos que hace unos primaveras solo se encontraban en promociones más exclusivas. En los primaveras 70, contar con una piscina en casa era incluso un símbolo de clase social suscripción. Hoy en día, es un dotación cardinal presente en prácticamente todas las promociones de obra nueva».

Ocio asegurado

Rodríguez-Losada coincide en que «uno de los principales cambios de la sociedad española en los últimos primaveras es el ritmo de vida de las familias, con largas jornadas laborales y viviendas alejadas del motivo de trabajo, por lo que el tiempo de ocio es condicionado. Esto hace que sea una de las principales razones por las que valoran tener cerca espacios de ocio que les eviten tener que desplazarse y disfrutar al mayor el tiempo del que disponen sin salir de casa». Y precisa que, aunque estos servicios puedan parecer premium, el precio no tiene por qué serlo: «En una de nuestras promociones en Sevilla, se han vendido viviendas cerca de de 130.000 euros y cuentan con más de 37.000 m² de zonas comunes, con una piscina principal de 1.000 m² de viruta de agua, seis pistas de pádel, circuito de running de más de un kilómetro o un club social».

Respecto al tipo de comprador reconoce que «en los últimos tiempos, el cliente que llega viene con los deberes hechos y tiene muy claro qué es lo que necesita. Unido a la sostenibilidad del edificio, las zonas comunes se han convertido, ya antaño de la pandemia, en uno de los principios diferenciadores a la hora de comprar una vivienda y un creador de peso en la toma de valor final. Ahora, tras el confinamiento esta tendencia se ha acentuado. El cliente aprecia esas zonas comunes como una parte más de su vivienda, a la que sin duda le otorga un valía anciano», sentencia.

Uno de esos clientes que sabe correctamente lo que quiere y que, adicionalmente, sabe correctamente lo que ha de construirse para cubrir estas nuevas deyección es Haryán Rodríguez, CEO de iKasa. Él vive desde hace cuatro primaveras en una de sus promociones en Somosaguas. «Cuando aúnas las bondades de un chalet con las facilidades de una vivienda en consideración, las virtudes son exponenciales», señala. Su colonia cuenta con 26.000 m², de los que solo 10.000 corresponde a edificación. En ellos hay zona de «pich and putt,» piscina semiolímpica, zona comunitaria con cocina industrial o sala polifacético donde organizan desde proyecciones hasta conciertos de piano. En la zona perimetral hay un circuito de running con estaciones de gimnasia al meteorismo vacancia, cuentan con una charca japonesa con peces y ranas y un huerto ecológico. Y de todo ello disfrutan los 75 propietarios.

Rodríguez señala que otro de los aspectos que los compradores tienen en cuenta son los criterios de sostenibilidad: «Las aguas pluviales se recogen y se reutilizan para riego, y biomasa y geotermia, como fuentes de energía limpias», explica. Y además reconoce que tras el confinamiento «ha habido un repunte de solicitudes de chalets o urbanizaciones con estos servicios». Y no es de apartar porque reconoce que durante esos duros meses «poder disfrutar de espacios al meteorismo vacancia y de las zonas de la colonia supuso todo un privilegio».

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