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La noche nos confunde, pero ¿tanto?

La confusión nos confunde, pero ¿tanto?
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Oti Rodríguez MarchanteOti Rodríguez Marchante

Aunque el enganche de esta película es la presencia de Mario Casas, un actor de remolque (zarandeo) que suele tener la virtud de arriesgarse con papeles incómodos le sean o no propicios, las mejores cualidades de «No matarás» son su ritmo en ascensión y su potencia en caída dispensado. Empieza en sosiego, con la descripción de un novicio al pie de la cama de su padre enfermo terminal, al que le ha dedicado todo su tiempo. Dani, personaje que interpreta con todo lo que tiene Mario Casas, se revela como cualquiera ingenuo, compasivo y sensible…, y cuando comienza su infernal peripecia (absurda y fuera de toda razonamiento del personaje), Mario Casas le añade otro atributo a su personalidad: es un auténtico panoli.

El director, David Víctori, utiliza para revolucionar su historia y a su soso personaje un eficaz agente corrosivo, el ácido sulfúrico de una mujer de pesadilla que lo tiene todo, pubescencia, belleza, estupidez, erotismo y ni un gramo de credibilidad, papel que interpreta con la contundencia de una tuneladora Milena Smith, actriz desconocida pero tan poderosa que se come los planos y las secuencias como una manada de adolescentes su hamburguesa.

El ritmo en ascensión y la medio de nocturnidad y deslealtad mantienen el argumento siempre alrededor de hacia lo alto, acompañado de una música más dirigida a las tripas que al aurícula y que enerva la sensibilidad del espectador tanto o más que los retortijones del argumento, que no da un paso a espaldas frente al disparate. Hay algún secundario, como Fernando Valdivieso o Víctor Solé, que llenan de fauces la idea que propone David Victori en su relato, que no es otra que la de que hasta un panoli acorralado es un tipo peligroso.

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