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La Liga empieza en el Camp Nou

La Federación empieza en el Camp Nou
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Hughes .Hughes .

La Federación comienza ahora para el Madrid. Es como si se hubiera resintonizado en el Camp Nou. El impresión fue como la instalación progresiva de una app. Primero se vio lo de juntarse, luego los neurotransmisores de la pelota, a posteriori el perspicacia de Ramos… así hasta retornar a ser el equipo campeón de Federación.

Salió «juntito» (prescripción de Zidane) y con fluidez de selección. Era un clásico alegre, poco por fin contra la oscuridad. Por eso el 0-1 fue un gol rápido y vistoso: desmarque de Asensio, pase de Benzema y presentación de Valverde. Se vio cómo el popular «espacio» es siempre una tríada: uno lo despeja, otro lo ve, un tercero lo ocupa.

Empató Ansu Fati (Ozú Fati es Isco) y dio muchos problemas al combinar con Messi. El Madrid, como casi siempre en el Camp Nou, sufrió lo suyo con Alba, pero no falló su ley de hierro: paradón de Courtois, en este caso a Messi, con el partido descubierto.

Cero queda del Barça que fue, solo detalles como trabajarse a conciencia al árbitro en el alivio. Ahí el Madrid todavía parecía indefinido: 4-3-3, serio pero no seguro, y no del todo «posesivo» con la pelota. No se adivinaba un cambio táctico, solo un pico moral explicable por el atmósfera o el retorno de Ramos. Fue en la segunda parte cuando en el Madrid floreció poco. Salió cejijunto, rígido. Cero de presión modernísima. «Perfectamente cerrao», se le oía a Ramos. Cerrao, pero no alocao… El Madrid se había comprimido, se había juntado por fin esta temporada, y en ese momento aún se limitaba a esperar. Tendría espacios, aunque Vinicius era Finicius y Benzema tuvo dos y una se la dio al guardameta y otra al anfiteatro, pero sería una vulgaridad enjuiciar a Karim por los goles, pudiendo juzgarle por los espacios. Aunque ¿cómo se crean espacios cuando se va tan despacio? Para eso está Valverde. Su impresión es como si un Gran Hotel con dos ascensores tuviera uno estropeado y lo recuperara. De repente por esa lado las cosas suben y bajan, fluyen, que dirían en La isla de las tentaciones. Defendió por Asensio y por el vecino y adicionalmente pisó ámbito. Común que acabase con la audiencia nublada.

El Madrid estaba allí del gol pero sin la ansiedad del gol y es así como mejor jugó el curso pasado. Así surge la ocasión, que no la aporta un punta, sino Ramos. Se fabricó un penalti de VAR, una tecnología que parece creada para hacerle neutralidad. Fue un penalti actual, tecnológico, de esos que hacen sostener la antifutbolística frase «hay que verlo». Al Madrid le habían pitado dos penaltis en el Camp Nou en treinta primaveras, que se dice pronto, y Ramos, con esa pinta de hacerse sus propios cuchillos, lleva veinticinco seguidos sin resolución.

La gran columna

El Madrid ya había reencontrado otra cosa: el juntarse, la unión cooperativa, y ahora la ocultismo de Ramos, pues ocultismo es salir siempre de pie, como Houdini, en el barullo de los saques de arista.

A partir de ahí se vio otra cosa reconocible: el mejor conservadurismo del Madrid, la decadencia italiana de un cerrojo hecho con la aleación de Zidane y Ramos. Bloquearon el partido y el Barça no chutó, y es una recuperación porque el año pasado supieron dejar su puerta a cero en los Clásicos. Al Madrid le error poco hacia lo alto, definición (que lo definan y que haya quien defina), pero se vio la dimensión existente de su columna vertebral: Courtois (mínimo igual desde Illgner), Ramos y Casemiro (V de Brasil, I de Madrid). Son los restos de poco, pero qué restos. Son como una pirámide, como una catedral bombardeada, como un Partenón descascarillado. No son del todo un equipo completo, pero son las ruinas de poco colosal, y por sí mismas forman poco estimable, un monumento que hay que fotografiar.

Faltaba el final ingrediente, y fue recuperar la pelota, el mando, el fútbol control. Con un Lucas culebreante pudo marcar más, pero Neto hizo paradas increíbles. Lo de Lucas es importante porque es un deportista simbólico, un talismán zidanesco, un termómetro de vestuario. Como Neto lo paraba todo, Modric tuvo que marcar regateándolo.

El Madrid se reencontró y nos recordó (y se recordó) cuáles son sus méritos y capacidades, reduciendo al Barça a un tesina lozano ahíto de rostros que parecen sin identidad.

Al final del partido, la ojeada prisionera de Messi gritaba auxilio y Zidane volvía a parecernos Gary Cooper. Al entrar en el Camp Nou, ayer del coincidencia, Florentino le dio su saludo habitual (qué pasa, crack) y luego dejó con cariño su mano sobre el intestinal superior. No se destituye a determinado a quien le acaricias el oblicuo interno.

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