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«La influencia de las televisiones ha empobrecido el cine»

«La influencia de las televisiones ha empobrecido el cine»
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Fernando MuñozFernando Muñoz

«Vengo a echar el suspensión», confiesa relajado Fernando Trueba desde el interior del hotel María Cristina, donde encuentra refugio a posteriori de los dos días de tormenta que han empapado San Sebastián. Su película, «El olvido que seremos», clausuró la 68 publicación del festival, la del Covid y los cines al 40 por ciento de espacio, un certamen que quebranto el telón pero cuyo triunfo está en suceder hexaedro poco de luz a una industria que se marchita con las salas medio vacías.

Regresa Trueba a San Sebastián con la luminosa, amable y hagiográfica «El olvido que seremos», su primera producción fuera de España, en la que adapta la novelística homónima de Héctor Rector Faciolince: la historia de un padre y un hijo, o mejor dicho, la historia de inclinación de un hijo por un padre al que asesinan en el Medellín de los 80. Es la historia del médico Héctor Rector Gómez, padre del escritor, un líder social y destacado provocador por los derechos humanos que molestaba a los dirigentes de uno y otro banda del panorama político.

El canto a la vida y a la tribu que hace Héctor Rector en «El olvido que seremos» parece que lo ha asimilado como propio…

Es que esta tribu, la tribu Rector, que fue una tribu de mujeres, era el película de la mía: éramos todo hermanos menos una pupila. Es atípico ese contraste, pero de alguna modo poco de eso lo has vivido. El que es hijo único no sabe qué son esas casas llenas de gritos de la mañana a la confusión, de risas, de peleas, de gritos, abrazos… Todo eso tan atún de entretener en el cine y de darlo vida. Para mí, esas escenas son muy bonitas.

Héctor Rector Faciolince dice que «era escritor antiguamente de aprender escribir». Usted, ¿era cineasta antiguamente de coger una cámara?

A lo mejor. Quizá ya hacía películas en mi comienzo. Lo que más adecuado me hace es cuando Cecilia, que tiene 95 primaveras, y que es singular, la adoro, me dijo que quería ver la película 25 veces más porque las escenas de todos los niños en casa las recordaba así, y me dijo que quería revivir aquellos momentos. Eso es lo mayor que te pueden sostener cuando haces una película de este tipo.

Se ha tenido que ir a Colombia a rodar. ¿Cómo fue?

La producen ellos, yo soy el invitado. Siempre vas con un poco de miedo o precaución cuando vas al región que no es el tuyo, con un equipo que no es el tuyo habitual. Pero eran tan profesionales y tan buenos humanamente que me han hecho disfrutar muchísimo. E iba con cierta precaución de ver qué iba a sobrevenir. Ha sido una maravilla.

¿Cómo prórroga la admisión allí?

La primera sensación es muy buena. Estoy majareta porque la vean allí porque esta historia es parte de su historia, y el manual es probablemente el más importante desde “Cien primaveras primaveras de soledad”.

En España, ¿sigue existiendo el cine de autor?

El cine de autor no ha desaparecido, lo que ha desaparecido, y que me perdonen las excepciones, es la figura del productor independiente que fue tan importante en la renovación del cine gachupin en la transición.

Y ahora, ¿vendrá otra «renovación»?

Siempre va a suceder gentío que se va a desmentir a que le dicten el cine que hay que hacer. Y esa es la gentío que salva el cine, que hace que el cine avance. Igualmente gentío que tiene la capacidad de adaptarse y hacer poco bueno en el interior del sistema, como lo había en Hollywood, que lo dominaban media docena de estudios con unas reglas comerciales muy fuertes, y en el interior de ese esquema hubo gentío que conseguía hacer joyas artísticas.

El dominio de las televisiones como productoras, ¿puede hacer que haya menos voces, que el cine se estandarice?

La influencia de las televisiones ha empobrecido mucho el cine. La televisión es un amigo natural del cine, pero no puede ser la que decide el cine que se hace, porque eso lleva a un ruina categórico.

Fotograma de El olvido que seremos
Fotograma de El olvido que seremos

Y la «civilización de la revocación», ¿cómo puede afectar a ese cine?

Eso está afectando a todo: a la civilización, a la vida, a la política… Eso afecta a la vida. Están sonando voces de emergencia de cosas que en principio podían ser fenomenales en cuanto a la autogobierno o la democracia y que sin bloqueo igualmente pueden ser su enemiga. El semanario de “Le Monde” decía: “Las redes sociales están minando la democracia”. El artículo ponía los pelos de punta. Estaba centrado en whatsapp, en cómo era una esperanza y en lo que se ha convertido . Esas reflexiones, que antiguamente no existían porque son muy nuevas, tendrán que hacerse.

¿Y por qué el cine no cuenta esas nuevas realidades, por qué se ha alejado de ese día a día?

El que conozca ese mundo de las redes que lo haga, yo no lo conozco mucho ni me interesa demasiado… No voy a hacer películas sobre cosas que no me interesan.

Y las series, ¿le interesan?

Sí, a veces veo series muy buenas, pero no soy de los que están viendo series todo el rato. Me gustaría probar ese delirio: tuve un plan pero vi que no suscitaba entusiasmo, creo que sería una serie cojonuda, pero ellos se lo pierden.

Ha cumplido los 65 pero veo que no piensa jubilarse…

Cuanto más veterano soy, más ideas tengo, no pierdo las ganas. ¿Te imaginas a Picasso retirado a los sesenta? Me gusta todo Picasso, soy un fanático, pero el Picasso envejecido me encanta porque es un salvaje, una especie de fiera. Normalmente se le descuida esa etapa: la gentío acento del cubismo, de la epoca azur… y su última etapa se olvida, es como que son cosas de envejecido, pero ese envejecido es tremendo.

Y usted, ¿se ha pacificado o asalvajado?

He madurado. Y a la vez he conservado, en el interior de lo posible, mi personalidad, mi relación con el cine. Mantengo mi inclinación por el cine y sigo viendo las películas que me gustan y yendo al cine a ver nuevas.

¿Cómo va «They Shot the Piano Player», la película que prepara con Mariscal?

Llevamos mucho trabajando, no la hemos terminado del todo de valer y seguimos trabajando en ella, pero se ve muy perfectamente.

¿Le duele no suceder podido estar en Cannes? [«El olvido que seremos» estaba en la selección del certamen francés, cancelado por el coronavirus]

Bueno, hemos formado parte de la selección, y eso es un honor. Este año las cosas son así, como que estemos hoy tu y yo con mascarilla y no nos veamos la medio de nuestras caras.

¿Aprovechó la pandemia para trabajar?

No pude anticipar mucho. Seguí trabajando por Skype en el plan de animación, pero sobre todo lo que he hecho ha sido adivinar como hacía primaveras que no leía y ver todos los días una película. Pero sobre todo adivinar.

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