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La gran evolución de Nadal: menos explosividad, más recursos

La gran progreso de Nadal: menos explosividad, más capital
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Enrique YuntaEnrique Pareja

Desde el domingo, día de autos que consagró a Rafael Nadal como el más alto entre los grandes, es casi inútil no dar con alguna imagen de aquel tenista irreverente con greñas, pantalones piratas y camiseta verde sin mangas que puso a París patas hacia lo alto en 2005, año de su primer Roland Garros. Quince temporadas luego, el castellano sigue ganando en Francia, pero lo hace de otro modo, un componente completamente evolucionado y reconvertido por las exigencias del argumento, tan perfeccionista que siempre está buscando cosas que mejorar. «Rafa ha demostrado que es capaz de adaptarse a todo. Ha manada en categoría, al nivel del mar….», cuenta siempre Carlos Moyà, quien le dio un letra al día a día del mallorquín cuando, en 2017, suplió a Toni Nadal en el banquillo. «Fue lo suficientemente humilde como para darse cuenta de su amor o qué podía mejorar. Y esa es la esencia. Le habíamos estado diciendo durante un año que su servicio tenía que ser mejor, pero él era inobediente a cambiar poco», explicó el técnico al poco de encargarse el licenciamiento. Nuevas dinámicas y nuevas propuestas.

«Es parte de su magnanimidad, no hay día en el que no nos pida trabajar esto o aquello para ser mejor tenista, es un competidor único», cuenta Francis Roig al otro flanco del teléfono. Roig, monitor del campeón de 20 Grand Slams, se pone a hacer memoria y desgrana para TechnoMiz cómo han cambiado los principales golpes desde el Nadal del ayer al de hoy, desde el Nadal de las 19 primaveras al Nadal de los 34 otoños. En esencia, ahora carece del poderío físico de antiguamente, pero, por contra, tiene muchísimas más herramientas para resolver situaciones inesperadas. «Inteligente lo ha sido siempre. Es menos explosivo, evidentemente por la vida, pero tiene más capital y más sensaciones que antiguamente». Solo así se entiende que siga coleccionando trofeos, ya van 86.

Derecha más versátil.

«Hay muchas cosas a destacar, pero lo principal es que es menos repetitiva», introduce Roig. «Antiguamente jugaba más al revés y, a saco de repeticiones, quería desgastar al rival. La de hoy es más versátil. No digo más buena, digo más versátil. Se palabra mucho de su derecha paralela, pero ahora es capaz de recrearse más como siniestro, cambia más velocidades, entra mejor en pista… Antiguamente era como un martillo. Pum, pum, pum, pum hasta agotar al rival». Sobra proponer que la derecha es fundamental para que Nadal sienta que domina el punto, es su contratiempo de confianza.

Revés muy mejorado.

«Muy mejorado», sentencia sin titubeos Roig. «A ver, igualmente es mucho más versátil. Antiguamente, la pelota volaba por encima del pasillo del rival. Todavía hay que proponer que la mayoría de golpes se quedaban por el medio de la pista. Hoy juega más el ángulo corto, no a tirar siempre tan esforzado. Es más pausado, la pelota le sale más ligera, apoya más con el peso delante. Cambia más las cielo, sobre todo en el paralelo, y entra muy adecuadamente». Roig se detiene y pide que se remarque poco: «Tiene un cortado guay. Creo que en la final en presencia de Djokovic hizo el mejor partido de su vida con el cortado. Ha manada feeling y es capaz de construir con el cortado. Antiguamente era un solicitud que utilizaba cuando tenía miedo», comenta su monitor, quien insiste muchísimo en ese contratiempo en cada sesión de trabajo. «Y está igualmente el revés cruzado. Si no abres la pista por la derecha… Hay que recrearse en pista y eso significa que la pelota tiene que pasar. Sus rivales, ahora, corren mucho más que antiguamente. Podría proponer que hoy entra en pista mejor con el revés que con la derecha», añade.

El lanzamiento como armas.

«Ha tenido una progreso muy buena, solo hay que ver las velocidades. Lo más importante es que da la sensación de que ahora mismo para él es un armas. Antiguamente, el objetivo era poner muchos primeros y que no le atacasen mucho», acepta Roig. Nadal no es un sacador, pero tiene un servicio más que digno. «Evidentemente, se puede mejorar, pero costal mucho mejor que antiguamente. Y con el segundo igual, la velocidad ha subido una pasada».

Beneficio en la red.

Roig cree que aquí se puede sacar más de Nadal. «Rafa domina adecuadamente la red. La voleo se puede mejorar, es verdad. Pero ha habido progreso y su placer de piernas en la red es de lo mejor que he pasado. Tiene beneficio en la ejecución, pero trabaja mucho en ello. Tiene una astucia en el cuadro de lanzamiento infinitamente mejor que cuando ganó en París en 2005».

Resto más agresivo

«Tiene mucha más capacidad para restar delante que antiguamente. Ya no solo resta antes, igualmente da un paso al frente y toca mejor la pelota estando delante, no le flota tanto la engaño. Su visaje es mucho mejor. Cuando está antes, increíble como siempre. En definitiva, es un placer mucho más dinámico».

Calidad de movimientos

«Es una de las claves, lo es todo», exclama Roig, muy descriptivo en sus ejemplos. «Hay mucho menos desgaste. Rafa ha cambiado el desplazamiento rápido por calidad en el desplazamiento. No por ser rápido te has de mover adecuadamente y no por ser flemático te has de mover mal. Lo has de hacer con sentido y criterio, de guisa coordinada. Si llegas adecuadamente, te ayudas con el movimiento. Rafa, hoy en día, se mueve guay. Es menos rápido, pero se mueve mejor».

Mente privilegiada

He aquí la principal diferencia entre Nadal y el resto de mortales. «Eso no cambia. He pasado muchas generaciones que se han ido apagando. Al beneficio del físico, el aspecto fundamental para seguir ahí es el mental. Cuantas más veces juegas, más miedo tienen los jugadores. Pasas por situaciones malas, por inseguridades… Y él es una persona que ha demostrado ser un engendro. Bueno, tuvo aquel ocaso entre 2014 y 2015, pero ausencia más. Estando a esta vida como estás… O estás adecuadamente de vanguardia, o no puedes tener esta exigencia».

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