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La explicación de por qué nos gusta ver las traiciones e infidelidades de «La isla de las tentaciones»

La explicación de por qué nos gusta ver las traiciones e infidelidades de «La isla de las tentaciones»
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Lorena LópezLorena López

«La isla de las tentaciones 2» es un éxito. El postrer pecado del espectador medio (para reincidentes y para novatos) ha agarrado a buena parte de la audiencia española en menos de dos semanas de puesta en circulación. Si usted abre cualquier red social o acude a un bar cualquiera con los amigos, no es de pasmar que estén comentando alguna de las novedades del reality show: desde la posible calcinación del osito de peluche Rosito a las infidelidades de algunos de sus participantes. Lo han conseguido. «Es un éxito porque aporta un contenido novedoso, que por otra parte permite que cualquiera pueda ponerse en la piel de sus protagonistas y piense qué haría en su extensión», explicó Juan Ramón Gonzalo, director genérico de Cuarzo Tv, a este informe.

Su dinámica es sencilla. «La isla de las tentaciones» muestra cómo cinco parejas se resisten (o no) a la tentación. Estas diez personas viajan hasta una paradisíaca estancia de República Dominicana donde estarán acompañados por sus tentadores/tentaciones: exuberantes solteros y solteras que han cruzado el charco para disfrutar de unas reposo de súper-lujo pagadas. «Aborda un tema universal y que todos entendemos. Es un software de emociones, sentimientos y relaciones de pareja, poco históricamente muy atractivo para el notorio. Por otra parte, es un formato muy cuidado en todos procesos: casting, cinta, postproducción…», añade Gonzalo.

Ni el fútbol de La Roja, ni la ficción internacional y franquista de estreno. Telecinco firmó con la chale entrega del reality su mejor miércoles de los últimos cuatro abriles sin eventos deportivos: «La Isla de las Tentaciones» obtuvo un 22,6% de cuota de pantalla y casi 2,7 millones de espectadores. Pero, ¿por qué nos hemos agarrado?

«Sencillamente nos entretienen, nos evaden y disocian de la ingenuidad. Es poco sencillo y sencillo de ver, no necesita de conocimientos, ni de procesos complejos de compresión ni atención, por lo tanto lo más sencillo es lo más probable», apunta Vicente Calamardo Martín, terapeuta de Centrum psicólogos. Esta es la respuesta más sencilla, la que cualquiera de los espectadores entiende y exploración cuando coge el mando a esas horas del día. Como siempre repite Pablo Motos a eso de las 22.00: «Ya ha fracasado el día. ¡Relájate!».

Emociones reales sin riesgos

Pero el secreto del éxito de «La isla de las tentaciones» va más allá. El reality show presentó a cinco parejas con cinco situaciones distintas. Hubo quien llegó a la isla dispuestos a demostrar que su acto sexual podía con todo (como Querube e Inma), a demostrar que estaban en un buen momento (¿Alessandro y Patry?), a aclarar sus dudas (como Marta y Lester) o a cumplir lo prometido para retomar su relación (Tom Brusse, el desgraciado, y Melyssa).

«Las percibimos como historias reales, posibles y probables pero sin implicación personal en nuestra vida o entorno. Tenemos una experiencia personal con vinculación emocional pero sin coste en nuestra propia vida ni aventura. Por lo cual, nos proyectamos en los personajes por identificación o por contra-identificación. Nos posicionamos emocional, ética y/o moralmente en una posición. Tomamos parte del causa y de las opciones desde el salón de nuestra casa», añade.

Es asegurar, consciente o insconcientemente el espectador elige un banco (del pequeño o de la chica), un protegido o favorita (Melodie) y un menos protegido (el «desgraciado»). «Nos generan gran expectativa e incertidumbre al sentirnos vinculados e identificados en cierta forma y graduación, y nace la penuria de enterarse qué ha pasado a continuación, cómo se resuelve el conflicto o cuáles son los siguientes estadios», expone Calamardo.

Sin incautación, lo que vivieron los protagonistas de «La isla de las tentaciones» no se parece tanto como se puede pensar a lo que se puede ver en pantalla. «A veces perdemos la perspectiva de la certeza o reflexivo de la ingenuidad de los acontecimientos que vemos pues olvidamos que todos los programas de este tipo están editados, guionizados o planificados. Solo percibimos poca parte de la ingenuidad que allí acontece», concluye. Sea como sea, habrá más imágenes.

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