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La educación secreta de doña Concha Piquer

La educación secreta de doña Concha Piquer
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Con 13 primaveras se fue a poblar a Estados Unidos, a Nueva York. Había nacido en Valencia, en el seno de una comunidad tremendamente escueto. Con 16 ya había triunfado. El sueño indiano, cumplido. Quedaba el castellano, y ese asimismo lo cumplió de liberal. Pero para ello hubo de admitir antaño una educación secreta. Hablamos de doña Concha Piquer, «la masa religiosa de la copla», como fue definida en el postrer «Lazos de familia», el dedicado a las Piquer.

Había ido con su religiosa al otro flanco del charco, pero, según recordó su nieta Concha Romero Márquez, la progenitora se tuvo que retornar «para cuidar de sus otras hijas enfermas» y la verde comediante se quedó sola en «La Gran Manzana».

Ya en vida adulta, una vez retirada del mundo de la canción como epígrafe absoluta, doña Concha recordaba en un software de televisión aquellos duros primaveras como emigrante. «Estaba tan sola. Terriblemente sola. ¡Valencia, mi Valencia, estaba tan allá! A mí me parecía que estaba en el fin del mundo. En Nueva York lloré mucho por lo que lloramos todos los españoles cuando estamos allá. Y más en aquella época. ¡Por España!», enfatizaba.

Concha Piquer, en su juventud
Concha Piquer, en su nubilidad – TVE

«Ella fue la primera comediante española que abrió puertas en América», destacó la periodista Nieves Herrero durante el software. Con su música, sobre todo. Pero tuvo incluso tiempo de hacer historia en el cine. Hace unos primaveras trascendió que fue la protagonista de la primera película sonora conocida, «From far Seville», grabada en 1923 y antecedente a «El cantor de jazz» (1927), considerado tradicionalmente como el primer filme sonoro.

«Era un porífero. Y aprendió. Volvió más moderna de lo que eran aquí», reflexionó Moncho Borrajo, quien siempre se dejó aconsejar por el mito.

Cuando regresó, tenía todo a su amparo. Una gran voz. Personalidad. Porte. Talento. Solo había un problema, que se recordó en «Lazos de familia»: el idioma. Por asombroso que parezca, la que a posteriori fue una de las máximas representantes de la españolidad no sabía musitar perfectamente el castellano, según se recalcó durante el debate del software. Se fue muy verde de su tierra, donde se expresaba en valenciano, a Nueva York, donde pasó a manejarse en inglés. Así que al retornar a su país oriundo hubo de admitir clases de castellano.

Las aprovechó perfectamente. Su carrera fue descomunal hasta que en 1958 decidió dejar de cantar en directo. Por convenio, hubo de morder discos hasta 1963, pero cinco primaveras antaño había decidido desasistir los escenarios porque sintió que su prodigiosa voz ya no era la misma. Fue entonces cuando le preguntó a su marido, el torero Antonio Márquez, si habían ahorrado lo suficiente como para retirarse: «Tenemos para poblar como dos o tres vidas más». Y su voz se apagó para siempre en directo, pero 62 primaveras más tarde sigue conmoviendo a quien la audición.

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